
JxC: Cómo hacer para que la victoria legislativa no se diluya en dos años
César Martín Pucheta
Con los resultados del domingo 14 de noviembre, la representación cordobesa en la Cámara de Diputados quedará repartida entre 12 legisladores de Juntos por el Cambio, 3 de Hacemos por Córdoba y 3 del Frente de Todos. En las últimas dos elecciones legislativas, la coalición opositora se alzó con 6 bancas por tanda (2021 y 2019). En las dos anteriores había conseguido 5 y 5 (2015 y 2011). El espacio también resultó ser el más votado en las presidenciales 2015 y 2021. Sin embargo, el peronismo gobierna Córdoba desde 1999.
Aunque no de modo definitivo, es posible que en esos datos se explique la cautela opositora a la hora de arrojar enunciados que proyecten la victoria a futuro. Sin embargo, resulta muy difícil no hacerlo, tanto que las lecturas públicas que esquivan ese análisis parecen ser más forzadas que aquellas que lo asumen casi como un horizonte insoslayable.
Tal como se dijo desde este espacio después de las primarias de septiembre, las listas encabezadas por Luis Juez y Rodrigo De Loredo representan un cambio de aire en el espacio opositor en Córdoba. El lector podría cuestionar la afirmación teniendo en cuenta las sucesivas elecciones que tuvieron al líder del Frente Cívico como protagonista, pero vale señalar que nunca Juez había sido cabeza de un espacio en el que comparte su lugar con dos estructuras partidarias ampliamente más representativas que la suya; que al fin y al cabo sólo es un partido provincial.
Para preocupación del peronismo, la diferencia entre los votos obtenidos por Juez y los cosechados por De Loredo, son menos de mil. En el cierre de campaña, el ex intendente agradeció a los radicales haberle abierto las puertas de los comités a los que “durante cien años nunca había entrado un peronista”. El domingo, habló de “los peronistas” como algo lejano. Algo cambió. Las chicanas, que en ese sentido arrojaban sus contrincantes, se fueron quedando sin sentido. A Juez lo votaron más de un millón de personas, una gran parte de ellas, históricos electores de la Lista 3.
El tándem con De Loredo parece haber dado nacimiento a una cosechadora de votos que pudo contra el radicalismo oficial y Mauricio Macri, primero, y contra la administración nacional y provincial, después. El desafío es poder imaginar cómo se logra esta vez cumplir con el “compromiso moral y ético” de mantener el espacio unido para “cambiar la provincia”.
Había un acuerdo para que no haya lanzamiento durante los festejos en el bunker. Se cumplió. Pero lo que no se dice es que ese acuerdo fue necesario porque no todos piensan lo mismo respecto a cuál es la mejor forma de sortear las internas que, naturalmente, presenta el espacio. Si bien todos estaban eufóricos, cosa que resulta lógica a la luz del resultado más importante de la oposición en Córdoba desde el regreso democrático, las miradas cruzadas no se quedaron olvidadas en septiembre. Cada uno sabe lo que dijo del otro y todos saben lo que los demás han dicho (y piensan) de ellos mismos. Y el desafío de aquí en más no sólo es mantenerse unidos a pesar de esos cruces, sino ordenarse internamente al momento en que esas diferencias tengan que expresarse, una vez más, públicamente.
Desde hace tiempo, es Rodrigo De Loredo el que viene insistiendo con la idea de “superar el discurso del límite” para avanzar en la construcción de un proyecto capaz de conducir los destinos de la provincia. En el espacio todos comparten la idea, pero no hay consensos cerrados respecto a la manera de hacerlo, o no a todos se les ocurre el modo en que ese proceso debería empezar a tomar forma. Y ese, saben, es un horizonte necesario, sobre todo siendo una fuerza de oposición en la que la seducción se genera a través de las palabras y no de las acciones de Gobierno.
En un país que vivió un año y medio en una pandemia que agudizó una crisis económica de largo aliento, y en una provincia con casi la mitad de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza, Juntos por el Cambio logró ser un vehículo para canalizar un enojo generalizado que, si las aspiraciones son convertirse en Gobierno, en algún momento tendrá que transformarse en esperanza. O algo parecido.
Si los augurios oficiales comienzan a cumplimentarse y la reactivación empieza a sentirse en el día a día de los argentinos, los enojos colectivos se licuarán y Juntos por el Cambio volverá a enfrentarse al mismo dilema, cómo lograr presentarse como una fuerza dispuesta a pelear el poder político en la Provincia con chaces reales de gestionarlo de modo exitoso. Si la crisis se profundiza, el "basta" podrá seguir surtiendo su efecto, pero eso no debería trocar los planes propositivos de un espacio que se propone construir futuros.
Al fin y al cabo, el desafío será el mismo: las partes deberán tener la capacidad de empezar a demostrar que los une el amor y no el espanto.

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