Norma Morandini: “Me obsesiona limpiar la palabra que está cargada de odio”

El tono calmo y reflexivo de Norma Morandini nos lleva a un recorrido por la valorización de la identidad, el peso de la historia vivida por nuestra sociedad y la tarea por hacer.
Norma Morandini@Javier Imaz
Foto: Javier Imaz / LNM

Suple 10 - CILE 2019_Bnr

Norma Morandini asume que pasó del periodismo a la política manteniendo todos los prejuicios que tienen los periodistas de la política y la desconfianza que los políticos tienen de los periodistas. En el marco del Congreso de la Lengua tuvo participación en una mesa de discusión sobre el idioma español como lengua de culturas. En diálogo con La Nueva Mañana repasó los hechos que la llevaron a indagar e indagarse respecto al idioma que hablamos y cómo lo hablamos.

Morandini recordó las circunstancias del impacto que le produjo un libro que llegó a sus manos y que abrió en ella un profundo interés por la lengua del interior profundo del país. Se trató de “Ramón Cuánto”, una obra escrita por un productor rural de la zona de Cruz del Eje llamado Laureano Raschetti, editado hace tiempo con el apoyo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Alimentación y Pesca.

La periodista y escritora refirió que se trata de una obra poética realizada en perfectos octosílabos gauchescos que contrapone al gaucho bonaerense descripto sin inocencia por José Hernández en el “Martín Fierro”, con el criollo del interior, rescatando su forma de hablar.

Eso la invitó a preguntarse: “¿Por qué enseñar a hablar neutro y no valorizar nuestras tonadas?”. Sobre la obra de Raschetti apuntó que diseñó a un criollo que no tiene que ver con el gaucho arquetípico que Hernández construyó en una habitación de hotel y con una intencionalidad política.

Preguntas y respuestas

Para Morandini, ese libro conlleva una reivindicación de identidad y dignidad, sin caer en la pelea anacrónica con los porteños. Es allí donde hace una declaración de principios: “No me gusta gastar energía peleando contra nadie”.

“Con los ecos todavía del Congreso de Rosario, donde el escritor Carlos Fuentes decía: Ya no necesitamos los argentinos decir quiénes somos, los mexicanos decir quiénes somos. No hay un problema de identidad. Hay ya un tema de diversidad, de empezar a integrar las diversidades, de empezar a integrar las formas como hablamos”, rememoró, agregando que: “La palabra es lo que imprime nuestro alma, nuestra identidad, nuestra forma de ver el mundo, nuestra forma de ser”.

El “Ramón Cuánto” de Raschetti ayudó también a Morandini a encontrar una respuesta largamente buscaba. “¿Por qué solo hubo desaparecidos en nuestro país? ¿Por qué no hubo desaparecidos en Brasil, en Uruguay, en Chile, como plan sistemático de secuestrar y esconder para después decir que no hay delito?”, se cuestionó casi con obsesión.

“¿No será que porque entre nosotros hay una vieja e inveterada costumbre de naturalizar que un ser humano se puede entregar, la chica pobre que entrega su hijo en una falsa adopción, los que se apropian, los trafican, la chica de clase media alta que queda embarazada y por bochorno entrega a su hijo. Ese no tener nombre. Cómo la identidad nuestra también es una identidad sin nombre”, intentó responderse.

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“A mí no me interesa pelearme contra España, me interesa que tengamos una identidad fuerte, nuestra, integrando las formas de hablar, las tonadas, la forma de vivir, la diversidad en la Democracia”. (Foto: Javier Imaz / LNM)

Y aparece la palabra Democracia

El sistema de la palabra es la Democracia, porque es la que nos da libertad para decir. Nos garantiza la opinión sin que nos persigan. Y además habilita temas. Hablamos ahora de los pueblos aborígenes o de los afrodescendientes. Hablamos siempre con consignas políticas cuando en realidad no hacemos el trabajo que hay que hacer, de valorar”, sostuvo Morandini.

“A mí no me interesa pelearme contra España, me interesa que tengamos una identidad fuerte, nuestra, integrando las formas de hablar, las tonadas, la forma de vivir, la diversidad en la Democracia”, agregó.
Norma Morandini admite que algo le obsesiona: limpiar la palabra de la carga de odio que hoy tiene. Una carga negativa que dificulta todo intento de conversación.

“Las primeras palabras democráticas han sido palabras que cargan todavía con la atmósfera del miedo. Hemos tenido una forma de decir llena de eufemismos. En el periodismo hablábamos de nosocomio, de manto níveo, de precipitación pluvial cuando no hay nada más bonito que la palabra lluvia o la palabra nieve. Hablábamos de desaparecidos cuando en verdad teníamos presos que habían sido secuestrados. En la medida que hemos ido viviendo la Democracia, creo que tendríamos que haber hecho una evolución y limpiado las palabras de todo el dolor con el que cargaban”, expresó.

Construir puentes con la palabra

“Estamos todos perplejos. Yo creo que a todos nos pasa lo mismo. Qué nos ha pasado que la palabra no es puente al otro. El puente al otro y el puente a uno mismo. Si yo no tengo honestidad para decirle a usted lo que pienso, cómo puedo establecer una relación de confianza, de decirle a usted lo que pienso y usted cumplir con la función que tiene y después decir lo que sea que salga de esta conversación”, planteó.

Tras visitar una escuela secundaria de Córdoba, Norma Morandini admitió que el agrado que le produjo ver el grado de participación de los jóvenes se opacó cuando comprobó que a la vez están siendo contaminados por el discurso político agresivo.

El daño lo ha hecho una parte de la política, que yo la padecí en la época del kirchnerismo, que empezó a imponer una forma de decir muy agresiva. El que tuviéramos un programa como’6.7.8’ donde se nos mataba la reputación, se burlaban, fue creando un clima para algo que estaba. Porque si esto no estuviera dentro de nosotros, no hubiera salido así. A veces pienso, no será que todo lo que recibimos de la dictadura, la desconfianza, el miedo, la persecución, el dolor, es una cosa que la teníamos guardaditas y vino un tiempo propicio y sacamos afuera las cosas que teníamos guardadas”, reflexionó.

  

  

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