Carla Maliandi “La idea no es ajena al cuerpo cuando escribo”

La escritora y dramaturga reflexiona acerca de su novela “La Estirpe”. Una historia en donde la amnesia y pérdida del lenguaje configuran formas de indagar sobre lo político, el territorio y la lengua. 
Cultura10/08/2026Myriam MohadedMyriam Mohaded

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La estirpe, la última novela de Carla Maliandi. "Partí de dos imágenes que me venían rondando: una mujer que perdía la capacidad de comunicarse, y un relato familiar sobre un ancestro que en el siglo XIX fue músico en las campañas del Chaco". Foto: gentileza Revista Muu+.
Ana es una académica que tras un accidente doméstico, un tanto disparatado, pierde la memoria. Su mundo se desconfigura hasta desconocer las cosas que le podrían importar. Se siente extraña. Pierde sociabilidad.
Casi todos intentan ayudarla a volver a su rutina de vida anterior, menos ella. Solo reconoce que quiere terminar con su novela que parte de una historia familiar. 
Carla Maliandi nació en Venezuela en 1976, circunstancialmente, por el exilio de su familia, luego del golpe del 76. Es dramaturga, directora teatral y docente. “La Estirpe” es la segunda novela. Cultura en la Aldea conversó con ella.
Maliandi cuenta que uno de sus últimos retoques a su libro (Penguin) lo escribió en una vacaciones de verano en Córdoba, en Valle Hermoso; y por estos días está revisando las pruebas de galera de su nueva novela. 
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"Creo que un vacío en la memoria puede estimular búsquedas que tal vez de otro modo no haríamos", cuenta Carla sobre su novela La estirpe. Foto: gentileza.
Una historia que atraviesa un siglo
-¿Qué te inspiró o movilizó a escribir “La estirpe”?
-Partí de dos imágenes que me venían rondando: una mujer que perdía la capacidad de comunicarse, de encontrarle sentido a las palabras y un relato familiar sobre un ancestro que en el siglo XIX fue músico en las campañas del Chaco. De alguna manera esas dos cosas se fueron entretejiendo en la ficción.  En el monte había orden de exterminar, de hecho el exterminio ocurrió, pero el músico volvió a La Plata con una nena toba escondida, María la China. Este episodio aparece en el relato familiar como una decisión muy arriesgada: un músico inmigrante que desacata las órdenes del Ejército Argentino. Es interesante pensar cómo esa historia cruzó un siglo entero. Y llega al presente sin poder negarse a una variedad de lecturas, opuestas entre sí por diferentes lógicas políticas, diferentes claves, desde la redención hasta la apropiación, de la conquista al genocidio, de la Lista de Schindler al Pozo de Banfield. Porque lo que resulta del exterminio es un desequilibrio en la base de lo que somos, la imposibilidad de dar nombre a un país construido sobre territorio arrasado. 
El personaje de “La Estirpe” no es el tatarabuelo músico, ni siquiera la india, sino la narradora, que sufre ese desequilibrio de la historia argentina y es atacada por las imágenes del exterminio. Son imágenes para las que no tiene palabras.
- En la historia que narrás, la existencia de un hecho azaroso que le puede suceder a cualquiera pareciera ser una amnesia que juega entre el olvido y la memoria….
-Creo que un vacío en la memoria puede estimular búsquedas que tal vez de otro modo no haríamos. Siempre es necesario decir algo sobre nosotros mismos. Es un requerimiento legal, hay que acreditarse. Si parto de una memoria vacía seguramente querré saber más sobre mí. El personaje de mi novela estaba en ese proceso antes de perder la memoria. Cuando esa cabeza queda en blanco, el personaje retrocede muchas posiciones en ese mismo juego de saber quién es, y qué derecho tiene a ser quien es.
- El relato se construye desde un cuerpo, una identidad en la que todo le resulta extraño, ¿cómo es ponerse en esa piel? 
-Mi trabajo es con el lenguaje, pero las imágenes, los espacios, los sonidos siempre pasan por el cuerpo. La idea no es ajena al cuerpo cuando escribo. Y hay algo en la novela: todo ese caos en el que ella está inmersa, esa imposibilidad de avanzar en la historia y al mismo tiempo la imposibilidad de hacer otras cosas, sentirse un poco una inútil para la vida exterior, bueno, es un poco lo que me pasa cuando escribo.

"Ana no recuerda el escenario anterior ni sueña con recuperarlo"

- La Estirpe hace disquisiciones sobre el orden de lo cotidiano. ¿Cómo sostener ese matrimonio en donde emerge cierta esperanza y preocupación por su recuperación?
-Creo que cada personaje trata de colaborar en la restauración del estado anterior de cosas, que aparece como ideal para todos. Menos, tal vez, para Ana. En el escenario anterior Ana era una académica, una madre de familia, una mujer que decoraba su casa, etc. Volver a esa normalidad es el buen deseo de todas y todos, menos de Ana, que no recuerda ese escenario ni sueña con recuperarlo. Quiere volver a su libro, y en esto no recibe ayuda de nadie. El malestar de Ana aparece cruzado por problemas de rol, derivados en buena parte de los condicionamientos de género.
- Por un lado, la protagonista pierde el lenguaje… y al mismo tiempo se plantea desde un lugar casi terapéutico “hablar para sanar”. ¿Qué hay detrás de esa obstinación, tenacidad en escribir esa historia?
-Las preocupaciones de la protagonista son dos: una historia y una forma. La historia es una cantidad de imágenes violentas sin conexión. La forma es el libro. Quiere escribir un libro con esas imágenes que están en su cabeza. No le preocupa la literatura porque no parece recordarla, sólo recuerda algo mucho más cercano: «yo escribía un libro». Al despertarse una mañana cualquiera le vienen a la cabeza unos versos, aparecen como cualquier otro fragmento de memoria rota. Entonces piensa con toda naturalidad que esos versos tal vez sean suyos, ya que antes ella era escritora. Bueno, no, alguien le explica que son versos de Echeverría, de Guido y Spano. Son parte de un mundo ajeno, la literatura. Ella nunca piensa en la literatura, piensa en qué era lo que quería decir con su libro.
- La maternidad y el vínculo con el hijo de Ana se hacen desde una lejanía o extrañeza particular que puede plantear cierta incomodidad….
- Sí. En principio no me interesa que los personajes tengan características elogiables, ningún buen sentimiento, ningún interés, culpa ni compasión que resulten ajenos a su carácter. Sobre todo cuando se trata de personajes narradores. Traté de construir una narradora que, con todas estas obstrucciones afectivas, conservara la capacidad de recibir simpatía. Se olvida el nombre de su hijo, pero hay otras marcas de sociabilidad perdida. Rechaza a los que quieren ayudarla, anda sucia, si se aburre se va y te deja hablando sola. En un momento, conversando con un hombre qom, nos demuestra que su buena conciencia es falsa, que la buena conciencia es imposible aquí.
- ¿Cuáles fueron las tensiones que usted siente tuvo que sortear para poder avanzar en su escritura? 
- Escribir el libro me llevó como cinco años, porque soy muy lenta y me costaba mucho encontrarle la forma al libro. Fueron años de búsqueda, de resignar algunas cosas que aparecían y eran tentadores pero no entraban en el programa que me iba proponiendo. Escribí esa voz que narra desde la obstrucción del personaje, y eso requirió un control sobre la frase. Una especie de huída de la "belleza literaria", de la frase citable o inteligente. No sé. Acabo de entregar a la editora una nueva novela, se llama Hotel Cosmos. Ahí esa obstrucción desapareció de mis planes, pero comparte con La estirpe seguramente muchísimas cosas.
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Carla Maliandi, autora de la novela La estirpe. Foto: gentileza.
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