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Lesa humanidad: el relato de las dos primeras testigos en el 13° juicio

En el que será el juicio de lesa humanidad más breve de los desarrollados en la provincia, abrieron las testimoniales Cristina Guillén y Stella Maris Palazzesi.

Córdoba 09/03/2023 Adrián Camerano Adrián Camerano
13 juicio lesa humanidad Barreiro TOF Córdoba (Marcos Stauber Mesa DDHH) 2
Foto: Marcos Stauber / Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Córdoba

Cuñadas, víctimas del terrorismo estatal, hermanas de vidas atravesadas por una tragedia inconmensurable, brindaron testimonio este miércoles en el juicio por delitos de lesa humanidad en Córdoba Cristina Guillén de Palazzesi y Stella Maris Palazzesi de Cavigliaso. En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, fueron importantes sus palabras, que resonaron en el recinto principal de los Tribunales Federales de Córdoba en la apertura de testimoniales del proceso más corto de los 13 desarrollados en la provincia hasta el momento.

Importantes porque echaron luz sobre los secuestros y la muerte que se juzgan, y sobre otras detenciones ilegales que quedaron fuera de este juicio. También porque ubicaron en el contexto a uno de los tres ex militares represores imputados, y también por la coincidencia en las testigas de señalar a un ex fallecido funcionario judicial como partícipe necesario del terrorismo estatal en Córdoba.

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“Es la primera vez que estoy ante jueces de la democracia”

Docente universitaria jubilada, 78 años de edad y entereza, testimonió en primer lugar Cristina Irma Guillén de Palazzesi. El detalle de su apellido de casada, una antigüedad, un anacronismo, cobra sentido en la crónica de un juicio que tiene como víctima directa a Rubén Palazzesi. Militante del Peronismo de Base-Fuerzas Armadas Peronistas, “Pocho” fue secuestrado el 12 de agosto de 1979 por una patota del Ejército que se conducía en dos autos operativos y que le sorprendió en barrio Parque Vélez Sársfield. Conducido al centro clandestino de detención, tortura y muerte que funcionó en la quinta de Guiñazú junto a su compañero Jaime García Vieyra, fue sometido a tormentos hasta la muerte, fraguado su deceso en un falso intento de fuga y entregado el cuerpo carbonizado y sin las extremidades a su padre y su cuñado, en el Hospital Militar de Campo de Mayo. En su asesinato intervino una patota de la Escuela de Mecánica de la Armada cuyos integrantes no están identificados, pero la viuda de “Pocho” deslizó ante el tribunal un apellido: Peyón.

“Nos enteramos por un conocido que los habían secuestrado; una vecina denunció, habrá pensado que era un secuestro común. Imagínense el estado nuestro al saber de esta situación, estábamos en plena dictadura, sabíamos que significaba desaparición o muerte” relató la testiga, quien señaló que su prioridad era poner a resguardo a sus hijos de 5, 3 y 1 años. “Pasan tres días y nos llevan a mí y a mi padre. Él se fue con cinco pesos en el bolsillo para el colectivo, todos pensamos que iba a volver, el tema es que lo tienen en prisión tres años y pico”, completó.

Guillén señaló que los delincuentes “estaban vestidos de militares” y que “sabían que teníamos el dinero de una camioneta que habíamos vendido con Rubén, ahí me di cuenta de que eran los mismos que lo tenían a él”.

Esa plata había sido dividida; su mitad quedó a resguardo, la de Palazzesi se la robó la patota, refirió. “Todo el procedimiento era ilegal, ninguna orden escrita ni explicación; nos vendan en los ojos, nos ponen las manos atrás, nos esposan y nos sacan en el vehículo a la D2. Allí nos torturan, nos amenazan con los chicos, le gatillan a mi papá en la cabeza”, detalló.

En ese pozo del terror sobre la calle Mariano Moreno le roban el reloj, y dos personas la torturaron física y psíquicamente. “Me preguntaban por un compañero que estaba muerto y Rubén lo había nombrado, Bruno Cambarieri. Por eso me di cuenta de que eran los mismos que lo tenían a Rubén. Me amenazaban que iban a traer a los chicos, me preguntaban por actividades nuestras; nada los satisfacía. Hicieron un acta y pusieron lo que quisieron, me hicieron firmar, no pude ver la declaración. También me dijeron que me iban a colgar de los pulgares, no pasó; luego tiraron un colchón en un baño y ahí dormí”.

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Ante una sala con nutrida presencia de militantes de Derechos Humanos, Cristina Palazzesi contó que “de ahí nos llevan a la Up1 de San Martín, permanecemos cuatro meses y medio incomunicadas en celdas individuales, en condiciones de higiene infrahumanas, junto a Stella Maris, mi cuñada”.

En diciembre de 1979 “me levantan la incomunicación luego de la visita de la CIDH, retomo contacto con mis hijos y el del medio me dijo: “¿qué le pasó al papá, le pegaron un tiro con una pistola? Yo siempre pensé que los chicos tenían que saber la verdad, él mismo me dio la respuesta”.

La viuda de Palazzesi señaló cómo oficialmente el director de la UP1 le leyó el radiograma del Tercer Cuerpo que oficializó la muerte de “Pocho”, aunque de una manera muy distinta a cómo fue. El dato es importante, habla de la burocracia estatal formalizando un crimen de lesa humanidad.

“Mi cuñado (Nilveo Cavigliaso, otra de las víctimas del juicio) llega al penal muy golpeado, todo morado, y lo que me cuenta es que a Rubén lo han matado. Jaime me cuenta que lo picaneaban, que le pedían nombres y que Rubén una y otra vez daba los nombres de los chicos. Ana, Luis, Marcos; con eso muere él, lo golpean entre varios, entre los de la ESMA, un tal Peyón entre ellos, y los de Córdoba”, dijo, y conmovió a a sala.

“El que avisa de la muerte de Rubén es un militar de apellido Carrizo; mi suegra inmediatamente hace un cáncer de pecho. Un cáncer de pecho, hizo” relató, conmovida. Guillén contó cómo les ocuparon y saquearon una casa y una chacra chanchera, que recién recuperaron en noviembre de 1984.

También cómo debió afrontar un Consejo de Guerra, que la acusaba de asociación ilícita y subversiva. “El que divide la causa ahí es Rueda, él entraba por el Tercer Cuerpo como por su casa. Él fue el que organizó, les dijo a los milicos cómo tenían que hacer: ustedes tomen esta parte, la justicia federal toma la otra. Puga era mi juez, era un juez de la dictadura. Iban al penal, a la Up1 Becerra Ferrer, Molina; esta es la primera vez que estoy frente a jueces civiles de la democracia”.

La defensora oficial Natalia Bazán le preguntó por la patota de la ESMA que vino a Córdoba “a buscarlo” a Palazzesi, a lo que la testiga retrucó: “Vinieron de la ESMA para matarlo”.

-Vino a Córdoba, Pellón?

- Tenía la voz finita, era rengo; tengo entendido que así lo vieron en la quinta de los Viotti.

La sala se llenó de aplausos tras sus palabras de cierre ante el tribunal: “Gracias por tomar estas declaraciones, son fundamentales para el pueblo nuestro”.

La participación civil

También refirió el rol en la dictadura del fallecido ex camarista federal Luis Roberto Rueda la segunda testigo del día, Stella Maris Palazzesi de Cavigliaso. Otra vez, la mención de su apellido de casada no es vana: Nilveo Cavigliaso es otra de las tres víctimas, sobrevivió al terrorismo estatal pero falleció hace pocos años, no pudo ver justicia por los delitos de los que fue objeto.

“Yo escuché por la radio que habían secuestrado a dos personas cerca de Colinas de Vélez Sársfield; estábamos desesperados. Me enteré de que era su compañero del criadero de chanchos, me entero luego de que llevan detenida a mi cuñada y su papá, y el 22 de agosto llega una patota a nuestra casa” en Villa Revol relató la viuda de Cavigliaso, militante también del Peronismo de Base.

“Estábamos durmiendo, a mi marido lo golpean, se lo llevan y en la habitación contigua estaban mis tres hijas. La más chiquita no se dio cuenta, con las otras dos nos juntamos las tres a llorar y dijimos ¿qué hacemos ahora? De inmediato vinieron vecinos a querer ayudarnos”, refirió.

En esos días Stella Maris volvió un par de veces a la ciudad de Córdoba, buscando información sobre su compañero. Pero en su casa familiar de Oliva “el 29 de agosto tocan el timbre, por el vidrio veo que era una gorra militar, abro, pasa al living y me dice ´vengo a traer una noticia, se mató Rubén Palazzesi´. Nos quedamos todos duros. Lo agarro de la solapa y le digo ´cómo puede decir una muerte así, de esa manera´; ahí se retiró. A las 17 vuelve a sonar el timbre, pensé que se volvería por algo, abro la puerta y dicen somos policías y la venimos a detener”.

Stella pensó que se habían ensañado con la familia, y tenía razón. Su hermano asesinado, su esposo detenido-desaparecido, misma condición que su cuñada y el padre de ésta. “Mi hija mayor se desmaya, la más chica abrazada a mis padres y a mi, era todo trágico, un desastre. Fue todo un cuadro terrible, mi padre me abraza y me dice ´me voy a Campo de Mayo a buscarlo a Rubén´; era un nudo en la garganta pero no era momento de llorar, sino de estar fuerte y de ver que iban a hacer conmigo”, rememoró.

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La testigo relató sus días en la UP1, su paso por el Consejo de Guerra, cómo llegó Cavigliaso en el penal. “El 21 de septiembre viene una empleada y me dice ´apareció su marido y viene con un colchón sobre la espalda´. Ya fue un respiro, lo habían matado a mi hermano, por lo menos apareció él; estaba todo morado, golpeado, los ojos se veían verdes nomas”.

“En el Consejo de Guerra lo alcanzo a ver al doctor Rueda, que era secretario de Puga, y lo veo que se abraza con los militares. Él fue a la primera audiencia, pienso que él sabía dónde estaban mi marido, mi hermano y García Vieyra. Así funcionaba el poder judicial en ese momento”, dijo. La testigo en sala dijo que “me acusaban de fabricar sellos, yo estaba muy aturdida. Con el tiempo Rueda me lleva los sellos al penal de Devoto, le digo ´yo no sé fabricar sellos´, Rueda me dice ´a mi los militares me dijeron que usted los fabricaba, si ellos me dijeron es porque usted los hacía´”.

Liberada el 24 de diciembre de 1982 “por falta de mérito”, pudo reencontrarse con las hijas después de más de tres años, y en eso primeros tiempos posteriores al autodenominado Proceso acompañó a Cavigliaso en su intento de identificar dónde había estado cautivo.

“Cuando Teo sale en libertad su objetivo era buscar dónde habían estado. Era muy difícil; una tarde leyendo el diario de la Conadep me dice ´acá hay una cosa que yo relaciono´, empiezo a leer la causa Viotti, que relata cómo era su casa, habla de pisos de madera, una mesa, una estufa. Mi marido dice ´para mi esta es la casa´. Vamos, fuimos a Guiñazú, empezamos a hablar con la gente de la zona, nos dicen ´no vayan solos que son criminales´, fuimos igual. La casa estaba sola, entramos, yo sentí una angustia, ahí habían matado a mi hermano, Teo me muestra las manchas de sangre. Ahí hice el duelo; a mi hermano lo mataron por ser peronista y querer un mundo mejor.

Stella Maris relató que “había un personaje que a la noche salía a marcar gente, El Príncipe”, apodo del imputado Villanueva aunque él lo niegue.

Sus palabras de cierre fueron para agradecer al tribunal “por tomar estas declaraciones; tengan en cuenta lo que el pueblo vivió”.

La próxima de las tres audiencias restantes será el 15 de marzo, con dos testigos convocados, entre ellos uno que también es víctima directa, el arquitecto Jaime García Vieyra. La transmisión íntegra puede apreciarse en el canal de YouTube de La Retaguardia.

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Fotos: Marcos Stauber, a través del Instagram de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Córdoba

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