Candidato mata aparato: las PASO y la provincia pintada color Juez

La lista más votada del domingo estuvo integrada por el líder del Frente Cívico y un radical opositor a la conducción de su partido. Ni el peronismo, ni la UCR hicieron pesar su aparato.
Ed 224 © Pito Campos
. Ilustración: Daniel "Pito" Campos, para La Nueva Mañana.

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Como la mayor parte del país, el mapa cordobés terminó pintado de un indefinido color opositor. En una elección que en la previa estuvo marcada por la fuerte presencia de intendentes y referentes departamentales en listas y armados estratégicos, los aparatos fueron noticia por su fracaso como elementos determinantes. Apenas en algunos territorios esos elementos clásicos a la hora de los análisis tradicionales de las performances electorales lograron imponer su poderío.

Quizás, y solo quizás, el peronismo provincial logró hacer pesar su autoridad regional en su disputa con el Frente de Todos. Las patas de las estructuras regionales del Gobierno nacional, incluso, pudieron hacer pie en el interior profundo y en algunas localidades del departamento General San Martín, donde Martín Gill pudo pararse con mayor firmeza que Eduardo Accastello, aunque no logró revertir la explosión electoral opositora que predominó el domingo pasado en todo el territorio provincial.

Hacemos por Córdoba se impuso en solo tres departamentos, el Frente de Todos en uno y Juntos por el Cambio en los restantes 22.

La experiencia de la historia electoral cordobesa da cuenta de que los ciudadanos adecúan sus preferencias según lo que se esté discutiendo. Así, los resultados cambian según se elija intendente, gobernador o, como en este caso, legisladores nacionales. Aunque sirva para posicionar candidatos en futuras contiendas ejecutivas, la disputa se concentró alrededor de la contienda nacional. Sin embargo, como en ninguna otra elección de la historia reciente, las diferentes fuerzas políticas se apoyaron en los aparatos locales para impulsar sus chances electorales. Algunas, de hecho, hicieron gala del “federalismo” expresado en las listas de sus espacios al contener a la mayor cantidad de referentes locales en sus armados.

Juez De Loerdo Machado
A pesar de contar con el aparato oficial del radicalismo, Juntos por Córdoba se impuso sobre la listas de Luis Juez y Rodrigo De Loredo sólo en los departamentos Cruz del Eje, Juárez Celman, Pocho y Río Seco.

¿Sirvió?

El oficialismo provincial llevaba en sus listas a cinco intendentes y tres intendentas. Más allá de los resultados locales, todos los resultados departamentales que tuvieron a esos jefes y jefas comunales como protagonistas, fueron adversos a Hacemos por Córdoba. El schiarettismo sólo se impuso en Tulumba, Minas y San Javier, aunque en todos los departamentos logró mayor cantidad de votos que el Frente de Todos, el primero de los objetivos de mínima que se habían planteado desde los armados de Hacemos por Córdoba. Sólo hubo dos excepciones, el departamento General San Martín y Sobremonte, donde el oficialismo nacional se impuso y Juntos por el Cambio quedó tercero.  

De los seis mandatarios locales que participaban desde la boleta del Frente de Todos había dos que protagonizaban una disputa particular en el departamento General San Martín. Martín Gill (Villa María) y Natalio Graglia (Villa Nueva) le hacían un 2 a 1 a Eduardo Accastello en la pelea local que se presentaba en la previa como la más atractiva en la disputa del panperonismo. El resultado de ese mano a mano fue favorable en ese departamento e incluyó victorias en las mencionadas ciudades. De todos modos, el resultado regional también fue para las listas de Juntos por el Cambio.

El propio Gill tiene una visión positiva del proceso electoral experimentado desde el interior provincial. “Estuvimos cerca de los 14 puntos, esto es un crecimiento muy marcado, de casi el 70%, en relación a las PASO del 2017. Hemos logrado que más de 60 localidades donde nunca había ganado el Frente de Todos, haya ganado y una adhesión aún en momentos tan difíciles como el que transitamos”, evaluó.  En la Capital, las listas del espacio apenas superaron el 8% de los votos.

Y sin embargo…

Seguramente el resultado de Córdoba merecería un llamado de atención para la militancia de Hacemos por Córdoba si se presentasen de modo aislado, aunque tiene sus matices.

Casi por primera vez en la historia, el peronismo provincial enfrentaba las elecciones de medio término al mando del Gobierno municipal. No sólo eso, sino que enfrentaba a dos listas opositoras cuyos principales referentes habían sido vencidos por el intendente Martín Llaryora en las últimas elecciones locales. Además, llevaba como candidata al Senado a la principal referente del espacio en la ciudad Capital que, de hecho, había sido elegida representante departamental en las últimas elecciones legislativas, banca que nunca asumió. Ni el intendente, ni Alejandra Vigo, ni el aparato oficialista sirvieron para frenar el huracán Juez, cuya lista obtuvo 54 mil votos más que la de Hacemos por Córdoba. En la suma de votos,  todas las expresiones de la interna de Juntos por el Cambio obtuvieron más que el doble de los votos que el oficialismo provincial y le sacó una diferencia de casi 181.500 votos.

En cierto modo, ese resultado explica que haya sido Llaryora el que a comienzos de esta semana fue el encargado de subir a Juez al mano a mano electoral. El primer acto consistió en buscar despegarlo del voto radical, peronizar al opositor para volver a jugar con la idea de que hay radicales a los que “les jode”, votar al ex intendente. Pese a que la lista que encabezó De Loredo (el tramo a diputados de Cambiando Juntos) obtuvo 3 mil votos más que la del tramo de Juez, eso no se notó demasiado el domingo.

Vigo Schiaretti DLS
El schiarettismo sólo se impuso en Tulumba, Minas y San Javier, aunque en todos los departamentos logró mayor cantidad de votos que el Frente de Todos.

Los “peros” que tranquilizan al oficialismo se encuentran en la comparativa con el 2017, cuando el propio Llaryora encabezó la lista y apenas si consiguió diez mil votos más en aquellas primarias. En Hacemos por Córdoba saben que la participación disminuyó significativamente, aunque se muestran confiados en crecer en noviembre. No solo a partir de la seducción de aquella parte del electorado que no fue a votar sino también a partir de poder “arañar” voluntades que eligieron a otras fuerzas en la primaria. Hace cuatro años, la lista que encabezó Llaryora (de la que también formaban parte Vigo y Passerini) terminó obteniendo alrededor 194 mil votos en las generales. Para eso tendrá que sumar unos 42 mil sufragios. En eso están.

Aunque fueron unos pocos (poco más de mil), otro dato es que con los votos contabilizados hasta el momento (98,98%), Natalia de la Sota fue beneficiada con un corte de boleta que le permitió una performance superior a la de la propia Vigo. Exactamente a la inversa que la boleta del Frente de Todos en la que la boleta de Martín Gill obtuvo 700 votos menos que la que encabezó Carlos Caserio.

El fin del mito del aparato

A pesar de contar con el aparato oficial del radicalismo, que conducen en alianza entre Mario Negri y Ramón Mestre desde la interna de marzo, Juntos por Córdoba se impuso sobre la listas de Luis Juez y Rodrigo De Loredo sólo en los departamentos Cruz del Eje, Juárez Celman, Pocho y Río Seco. El dato destacado en una polarización extrema fue la victoria del espacio Para la Democracia Social, en Tulumba, con el 35,14% de los votos.  

Había muy pocos jefes locales en las listas de Juntos por el Cambio. Debido a la situación de hegemonía peronista en los municipios cordobeses, los representantes locales eran más bien concejales o referentes partidarios. Sin embargo, ninguna de esas figuras que llegaban desde el interior ocupaba espacios expectantes. De hecho, las cabeceras de las listas que participarán en noviembre están ocupadas sólo por dirigentes de la capital. Sólo si Juntos por el Cambio llega a dar el batacazo y meter seis diputados, aparecería un nombre no capitalino entre la bancada opositora en el Congreso.

Más allá de eso, lo que se derrumbó el domingo encuentra al radicalismo en espejo con el peronismo. Los intendentes (que entre los radicales cuentan alrededor de 130) pueden garantizar estructuras de fiscalización y empujar al electorado a asistir a las escuelas a votar, pero ya no son determinantes a la hora de direccionar el voto. Esa es otra de las novedades que deja la primaria del domingo en la que también Luis Juez obtuvo la victoria provincial más contundente de toda su historia política, a pesar de que su partido, el Frente Cívico, es uno de los socios menores de Juntos por el Cambio y que, en soledad, difícilmente pueda garantizar una movilización proselitista de nivel provincial.

 

 

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