Agrupación Humano: reinventarse para mantener los locales abiertos

Economía social 23/10/2020 Por Mónica Hernández
Catorce productores, artistas y artesanos locales comenzaron en septiembre de 2015 a refaccionar una parte de la vieja casona que solía ser la peña de la familia Rojo en San Javier.
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Humano se lanzó como una necesidad en un día de feria en el cual habían vendido muy poco, y se preguntaron qué podían hacer 50 personas ofreciendo sus productos en una plaza, cuando en realidad todo se podría simplificar con que una esté vendiendo todos los productos elaborados por los demás. Esa fue la idea, que marcó el comienzo y a partir de allí se generó todo el proyecto que involucra a decenas de familias en tres localidades, dos de la provincia de Córdoba y una de San Luis, por ahora.

El emprendimiento comenzó como una tienda de comercialización de artistas, artesanos y productores hace casi 5 años en San Javier, en un crecimiento sostenido, lograron expandirse no solo geográficamente sino que ahora también se dedican a desarrollar proyectos de salud y medioambientales, entre otros que esperan hacerse realidad. 

Entre los productos que se ofrecen en Humano se cuentan artesanías en cerámica, cuero, vidrio, plata, madera, hilados, libros, agendas, juguetes, vestimenta, cosmética y medicina natural, y también alimentos de todo tipo: miel, aceite de oliva, dulces, cerveza y fernet casero, alfajores de algarroba y otras delicias del monte.

Tomás Astelarra, referente de la organización, comentó a La Nueva Mañana que “son 70 familias distribuidas en locales en tres territorios: Merlo (San Luis), San Javier y Villa de Las Rosas (Traslasierra, Córdoba). Somos una comercializadora de productos de la economía social y contamos además con otras 150 familias que son socias del emprendimiento, y de las que distribuimos sus productos, asimismo contamos con otros servicios de consumo, la figura legal que nos contempla no es una cooperativa de trabajo sino que nos constituimos como mutual, porque era lo que más se adaptaba al trabajo que estábamos realizando, el cual también tiene índole cultural, educacional, sanitaria, etcétera”.

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Esas 150 familias productoras del monte constituyen pequeñas cooperativas y organizaciones sociales, como la Unión Campesina de Traslasierra (Ucatras), que además venden productos de otros veinte emprendimientos cooperativos de la zona a través de un sistema de proveedores externos de la economía social

Humano Merlo surgió de la iniciativa de ampliar la cooperativa, idea que tomó fuerza y se volvió tangible cuando apareció el local. “Tomamos también la decisión de sumarnos a Humano, porque una de las cosas fundamentales era no solo poder tomar y aprender de esta experiencia, este camino recorrido por San Javier, sino también poder hacer crecer la cooperativa, potenciarla. Y de hecho es lo que está pasando, porque ahora somos más personas apuntando hacia el mismo objetivo, se ha ampliado todo lo que es la visibilidad, la difusión, las ideas y las ganas, todo se potenció. Y lo vivimos como todos los que somos parte, como algo muy lindo, con mucho entusiasmo, porque es como construir un aprendizaje individual y colectivo desde otro tipo de economías, que creo son hoy más viables y las que van a funcionar, logrando una equidad y un mundo un poco más justo”, añadió Mapi Ytuarte, integrante de las sedes San Javier y Merlo.

Gracias a la soberanía alimentaria, que es el almacén, lograron tener los locales abiertos de San Javier y Villa de Las Rosas, de lo contrario hubieran tenido cerrado más de tres meses.  

Un sueño hecho realidad

Las socias se turnan para atender el local y trabajan por comisiones, asamblea y mingas. Se dividen los gastos de alquiler y mantenimiento y cuentan con un sistema de crédito y descuento en compras, asimismo hacen compras colectivas, eventos culturales y son parte del Encuentro de Organizaciones Autogestivas de Traslasierra y el Valle de los Comechingones.

“Para mí es como cuando decís tengo un sueño. Bueno, el sueño es más lindo de lo que soñaba. Humano es un aprendizaje continuo. Si te permitís vivirlo desde ese lugar es increíble el aprendizaje, aunque hay muchas dificultades, pero siempre aprendiendo de los compañeros sin perder la capacidad de sorpresa”, sostuvo la socia Paola Depiante.

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“Tuvimos que disfrazarnos de almacén natural”

En estos tiempos de aislamiento tuvieron que reinventarse y se “disfrazaron” de almacén natural “al toque”, como dicen ellos, a partir de lo cual se enriquecieron con el apoyo de la gente. 

“Al principio de la cuarentena era tal la desorientación de todos, que se transformó en una necesidad y nos sentíamos resguardados entre nuestros pares, por lo que cada día teníamos más productos para ofrecer”, comentaron con gran optimismo.

De 30 proveedores externos pasaron a 100 y antes de la pandemia el 80% de los ingresos provenían de las artesanías y de otros productos de los socios.

Del 18% de proveedores externos y un 2% de abundancia, pasaron tres meses después a un 40% de producción propia y 40% de abundancia, fortaleciendo su estrategia. A pesar de estos alentadores números, individualmente cada emprendedor sufrió la caída de la economía particular, especialmente en los rubros: libros, artesanías e indumentaria, para dar ejemplos.Ante esta realidad, hay quienes decidieron comenzar a preparar comidas y de este modo acrecentar sus ingresos por el tiempo que dure la pandemia.

 

 

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