Hacer política con la muerte

Opinión 15/10/2020 Por Miguel Magnasco*
El lunes parte de la oposición convocó a una marcha de consignas borrosas. El martes las filas de hisopados se poblaron con manifestantes. El miércoles muchos dirigentes que arengaron a marchar, comenzaron a despegarse.
banderazo
El lunes 12 de octubre la oposición convocó a un "banderazo" al que asistieron miles de personas. - Foto: gentileza.

¿Cuál es el límite en política? ¿Hasta dónde llegan los márgenes de lo convenido en relación a su hacer? ¿Qué reglas explícitas o implícitas construyen los bordes dentro de los cuales se juega lo político? El lunes 12 de octubre parte de la oposición partidaria nacional, provincial y municipal, convocó activamente a una marcha de consignas borrosas. Se nombra la palabra “república”, pero la gestualidad y los testimonios de los concurrentes - los hechos objetivos - cubren tal declamación de inverosimilitud. 

Se puede decir mucho sobre los medios masivos de comunicación, en particular de cómo eligen editorializar algunos temas, pero los números de contagiados, muertos, recuperados y cantidad de camas de terapia intensiva ocupadas, son repasados a cada rato en pantallas, parlantes y streamings. Nadie en Argentina desconoce esas cifras. Nadie en Argentina y nadie en Córdoba, agregamos, desconoce las imágenes del personal de salud exhausto, despidiendo colegas entre lágrimas, exhibiendo preocupación, rogando por el cumplimiento de las recomendaciones de cuidados individuales y colectivos. 

Menos lo desconoce la dirigencia política que vive de intervenir sobre la agenda pública. A primera mañana todo el sistema partidario recibe sus respectivos clippings con las principales noticias del día en los diarios y portales web; se siguen minuto a minuto las novedades en twitter; de fondo todas las oficinas tienen sus radios o televisores emitiendo programas periodísticos: la política trabaja con la información, a veces crea agenda y a veces se monta sobre una agenda creada por otros. 

La oposición nacional, provincial y municipal, conoce en detalle la cantidad de contagiados, muertos, recuperados y cantidad de camas de terapia intensiva ocupadas que existe en nuestro país, en nuestra provincia y en nuestra ciudad. Saben, concretamente, que en Córdoba hay un 80% de Unidades de Terapia Intensiva en uso. Saben, también, que ya son varios los hospitales que llegaron al 100% de su capacidad para recibir enfermos de extrema gravedad. Lo saben enteramente. Y sabiéndolo, eligen convocar a una marcha. 

De manera deliberada eligen juntar una multitud. No importa si más chica o más grande. No, en realidad es peor: la imaginan grande, concurrida, llena de gente: mientras más, mejor. Eligen, con plena consciencia de la saturación de los polos sanitarios y del desgaste del personal que los habita, reunir miles de personas. Eligen: actúan como saldo de un razonamiento previo. No irrumpen desde la impulsividad, movilizan a partir de un cálculo. Eligen jugar a colapsar el sistema de salud. Esto es, literalmente, hacer política con la muerte. 

A las 19 del lunes 12 de octubre celebran la realización de su cometido: efectivamente hay miles de personas en las calles. 

En Argentina las demandas sectoriales se institucionalizan por vía del sistema político, es decir, cuando la dirigencia de algún partido toma esos reclamos como parte de su propia agenda y los pone en contexto de su accionar para la disputa de la estatalidad. Ese pasaje de la calle a las instituciones – que siempre se retroalimentan mutuamente - representa un ingreso al juego grande, se convierte en posibilidad certera de transformar, de condensar materialmente un discurso, un grito, una narración de los social. En cambio, las manifestaciones que aparecen aisladas, que no son tomadas ni acompañadas por eso que Max Weber llamaba “la comunidad política”, suelen desinflarse, tener poca perdurabilidad, pasar rápidamente al olvido.

Diputados, senadores, autoridades partidarias, legisladores provinciales, concejales de la ciudad, pudieron pedir cautela, pudieron tomar mínima responsabilidad para cuidarse y cuidar(nos) al resto. Pero quisieron alentar, legitimar, concurrir, sonreír para los flashes y vitorear extasiados. En esos actos construyeron un pueblo de la desidia. El periodista Daniel Santos se tomó el trabajo de poner una foto de la concentración en Patio Olmos en blancos y negros, para luego colorear en azul solo a quienes tenían puestos barbijos. Es impactante ver el resultado. Una fiesta del contagio. 

El martes, las sonrisas que mostraban en redes sociales esos dirigentes opositores que fueron promotores e institucionalizadores, comienzan a desdibujarse. Las filas para hisoparse se pueblan de asistentes a la movilización que ahora temen haber contraído el virus. El #12O empieza a dejar de garpar y ganan los repudios. El miércoles, en off, ya se reconoce que lo del lunes fue un exceso. Falta poco para que empiecen a despegarse: “nosotros solo acompañamos”, dirán y community managers compulsivamente borrarán tuits y posteos por las dudas. Mañas del Siglo XXI. 

Pero lo actuado, actuado está. El personal de salud, paradójicamente, saldrá al rescate de las consecuencias provocadas por el accionar de esa dirigencia vergonzante.      

Poco hubo en los testimonios recolectados durante la marcha de peticiones por quienes están pasando problemas económicos, que son los principales afectados por la instrumentación de nuevas restricciones comerciales y de circulación necesarias para descomprimir el sistema sanitario. Es comprensible que quienes están en esa situación expresen enojos; tienen razón, la realidad material apremia y la ayuda estatal suele no llegar a tiempo o ser insuficiente. Esa desesperación necesita medidas activas sin titubeos. 

En ese sentido, el suspenso en relación al pago de una nueva ronda del IFE tiene mucho de indolente, un exceso de racionalidad tecnocrática cuando la pobreza supera el 40% y el desempleo se ubica en 13% (sin contar los dos millones de personas que directamente pasaron a la inactividad laboral ante la imposibilidad recurrente de conseguir un trabajo en este periodo). Que el equilibrio fiscal no nos tape el bosque social.

Lo que está en juego es la redefinición de una ética de lo político para estos tiempos terribles, y el cuidado de la vida, que siempre –y por fortuna- es con otros, es el corazón de esa refundación. Adentro de eso, todo. Afuera de eso, nada. La política tiene que florecer lejos de la bruma de los cementerios. 

 *Investigador en IIFAP-UNC. Docente.  

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