“Los pibes y las pibas futbolistas tienen el mismo sueño”

Deportes 12/11/2021 Por Federico Jelic
El “Tano” Spallina, ídolo de Belgrano, está trabajando junto a Daniela Díaz en el cuerpo técnico del fútbol femenino. "Es sorprendente la voluntad de las chicas, las ganas de aprender", dijo.
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El “Tano” está trabajando en el cuerpo técnico de Daniela Díaz. Viene desde hace un tiempo formando parte de este proyecto que despierta elogios en Córdoba y fuera del país. 

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¿Cómo es el paso y la adaptación de dirigir del fútbol masculino al femenino? El ídolo de Belgrano Gustavo Juan Spallina (52 años) trabaja en inferiores del “Pirata” y junto al plantel de fútbol femenino. Tuvo que dividir aprendizajes en su carrera como DT para incorporar la pedagogía al femenino. Y no fue fácil, al contrario, se requiere preparación y sobre todo, apertura mental, algo no muy disponible en el mundo machista de la pelota. Aunque los vientos de cambio trajeron más tolerancia. 

El “Tano” está trabajando en el cuerpo técnico de Daniela Díaz. Viene desde hace un tiempo formando parte de este proyecto que despierta elogios en Córdoba y fuera del país. 

“Es cierto que muchos entrenadores no quieren agarrar a las chicas del fútbol femenino. Yo ya tengo mi experiencia, empecé cinco años atrás con otra comisión directiva de Belgrano mientras que a la par dirigía el Polideportivo de Villa del Rosario. El fútbol femenino era algo amateur, hoy ya es profesional y con muchos incentivos. En ese entonces me preguntaron si podía ayudar a sumar conceptos a Daniela Díaz, quien hoy es la DT principal del equipo y acepté. Es una genia, impresionante lo que sabe. La llevaba a los partidos, la largaba en las charlas técnicas y hoy es una gran realidad, al punto que quedó ella de manera oficial y se lo merece”, contó Spallina en diálogo con La Nueva Mañana, ante la consulta de su trabajo híbrido entre la captación y las futbolistas. 

Y agregó: “Me llamó el ‘Luifa’ Artime apenas asumió a la presidencia, me preguntó si podía  dar una mano y acá estoy. Son 48 pibas entre la Copa Federal, AFA y la Liga Cordobesa, es un enorme desafío. Hoy soy DT de la Promocional en Liga, Sub 15 y Sub 17”.  

- ¿Cómo es el mensaje, cambia la pedagogía luego de dirigir a hombres? 

- Por supuesto que hay que adecuarse, pero el mensaje y la enseñanza es la misma. Es saber adaptarse y escuchar las necesidades dentro de la cancha. Muchos entrenadores no quieren dirigir al fútbol femenino porque me dicen “¿Cómo hacés? Yo no puedo dirigir una en mi casa, menos voy a poder con 48 chicas” –risas-. Más allá de eso, es sorprendente la voluntad de las chicas, las ganas de aprender y crecer. Te hacen todo más fácil. Fueron todos prejuicios los que tuve al principio y lo acepto. 

- Entonces en un momento te planteaste si podías o querías, para estar a la altura… 

- Y sí, claro, lo pensé mucho, tenía dudas, prejuicios, problemas, de todo. Lo hablé con mis padres, sobre todo. Pero siempre tuve la mente abierta. Las chicas receptan el mensaje, son inteligentes. Tuve un montón de prejuicios, pero al final quedaron resueltos cuando vi la voluntad de ellas. Al ponerme en esa posición, empecé a ver que merecían tener un lugar en el fútbol. Me tuve que adaptar y sobre todo ubicarme en sus códigos, amoldarme a situaciones. 

Femenino © Belgrano 3- ¿Cómo cuáles? 

- Cuándo entrar al vestuario, esperar que se cambien, sus momentos y también cuándo debo salir del vestuario para darle espacio e intimidad. Eso es importante. 

- ¿Y en el trato a la hora de dirigir? ¿Es lo mismo gritarle a un hombre que a una mujer?

- Aprendí a hacerles transmitir cuando estoy enojado las veces que no salen las cosas desde lo táctico. No tengo que levantar la voz y debo enseñar con cintura mis experiencias que he aprendido como jugador. No me quejo porque nos manejamos con un respeto impresionante por encima de todo.  

- ¿El trato y los códigos son diferentes?

- Claro, a un hombre le podés decir “poné más huevo”, por ejemplo. Acá el mensaje y la arenga es otra. Se manejan léxicos distintos, pero a decir verdad a las chicas les gusta que hablemos el mismo idioma en el fútbol, no hay que subestimar. Eso es lo primero que aprendí. 

- ¿En qué sentido? 

- A ellas les gusta que uno sea frontal y que las rete o levante la voz si es necesario. No quieren un trato diferente solo por ser mujeres. No subestimemos. Yo tengo mi manera de hacerles transmitir mi enojo o lo que me pasa si algo no anda bien durante el partido. Pero les gusta que les hagan ver la realidad, no que se las alivien. A eso lo fui aprendiendo. Por ejemplo, he tenido que retar a tres jugadoras y hacerles entender que el resto del equipo corría por ellas. Al principio no les gustó, pero a la larga se fueron dando cuenta durante el partido y cambiaron de actitud. Son cosas del fútbol, y eso va más allá del género masculino o femenino. 

- ¿Hay mucho machismo? ¿Cómo te acomodaste con la posibilidad de los malos tratos, como superarlos? 

- Machismo hay en toda la sociedad, pero acá está hablado esto de que es fútbol y somos frontales, lo que pasa en cancha, queda acá y si no, lo hablamos después. Las pibas son muy directas y saben cómo dirigirse. Y si yo tengo que levantar la voz, no se me caen los anillos para pedir disculpas. Y la verdad, las chicas me dicen: “tano, vos gritanos porque nos haces entender dónde estamos equivocadas”. No quieren concesiones. Y eso nos ayuda a crecer juntos. No es fácil lograr esa química. 

- ¿Qué fuiste aprendiendo en estos años? 

- Muchos apuntes que no sabían que existían, me fui acostumbrando a que, si una jugadora no se siente bien porque está indispuesta, debe ser reemplazada porque no va a rendir de la mejor manera. Todas quieren jugar siempre, ¿eh? Igual que los hombres. Hay mujeres que el período las tira a la cama cinco días. Vi mucho futbol femenino y me fui interiorizando. Por ejemplo, el DT de Inglaterra en el Mundial tenía una lista con las fechas de los períodos de las chicas, no las hizo jugar ese día y después las utilizó ya en plenitud, logrando excelentes resultados. Fui tomando esos conceptos que antes no existían para mí. 

- ¿Y en los entrenamientos? Me imagino que alguna vez de manera inconsciente te saltó alguna equivocación o exabrupto… 

-(Risas) sí, claro y lo tomaron con humor. Eso de “hay que poner más huevo” lo cambié rápido, pero siempre a la hora de empezar decía, “vamos chicos, corran de a dos, a buscar la pelota”, y no me decían nada, fue como que me perdonaban y solito me fui dando cuenta. Me acostumbré. Pero, sobre todo, me fui ubicando dónde estaba y lo que representaba. 

Femenino © Belgrano 2- ¿Notás alguna otra diferencia o similitud con los chicos? 

- Los sueños son los mismos. Hoy las pibas de Belgrano quieren ganar, ser campeonas y ser vendidas al exterior, jugar en Europa, los mismos sueños que los chicos, los mismos que tuve yo como jugador. Ya no es algo recreativo. Es algo serio. Veo mucho entusiasmo a la hora de entrenar, y yo les ayudo con ese pensamiento, de alimentarles la ilusión. Lo viví y quiero que lo vivan.  Y si no se da ahora, que lo sigan intentando. Es igual que con un hombre. El sueño es el mismo. 

- También es cuestión de personalidad, de saber llegarles, ser confidentes… 

- Es mi forma de ser. Mi padre y mi madre me dicen que tengo una personalidad especial, porque soy sociable y no me cuesta hacer amigos, me sé ganar confianza y con eso me fui abriendo espacio con ellas. Hablo lo justo y necesario, me ocupo, cuando hay que fluir más lo hago, y si hay que tirar un chiste antes del entrenamiento para romper el hielo y distendernos, también lo hago. Es mi manera. Pero siempre con respeto. Yo trato de inculcarles todos los momentos lindos que viví en el fútbol y esperando que ellas lo puedan aplicar. Y también invitarlas a soñar. 

- ¿Ocurrió eso, por ejemplo, al jugar en Alberdi?

- Les comentaba, “chicas, tuve la suerte y la experiencia de jugar muchas veces en Alberdi con cancha llena, vayan y disfruten”. Y te juro que algo interno sacaron porque pudieron ganar el partido contra las santiagueñas que fue muy pero muy duro. Alberdi es especial para todos y todas. 

- ¿Ves bien al proyecto de Belgrano? 

- Sí, claro, es un proceso y debe ir paso a paso. Algunos decían que podíamos saltear a la B porque hay diferencias abultadas, hemos ganado partidos 18 a 0, pero no me parece indicado. Tenemos que ir partido a partido, sin atajos. Es parte de la formación. Cuando nos toque ascender, lo haremos. 

- ¿Hay proyecto dirigencial? 

- Efectivamente y es muy importante. Te juro que tenemos áreas que se ocupan de todo para que no nos falte nada, scouting, análisis de los demás equipos, es una decisión dirigencial y se está llevando a cabo de la mejor manera. Es un orgullo. Me siento apoyado, están sobre nuestras espaldas y constantemente nos están preguntando qué necesitamos. Hay mucho orden. 

- ¿Qué podés contar de Daniela Díaz? 

- Es excepcional, una estudiosa del fútbol. Espero la puedan conocer mejor. Somos un gran complemento porque ella está muy capacitada en la parte táctica y yo aplico lo mío con mi experiencia como exjugador, mostrando mi sabiduría que coseché durante años en esta profesión. Un gran combo. 

- ¿Te fuiste deconstruyendo a la hora de hacer algún chiste, vos que sos bastante personaje en las reuniones sociales? 

- Absolutamente. Me fui ubicando. Al principio no lo veía, pero ahora adentro uno se da cuenta que con mínimos comentarios puede ser hiriente con las mujeres. En Belgrano las chicas son respetuosas, nos fuimos ayudando mutuamente, colabora mucho el hecho de que sean tan responsables y profesionales, entrenan de lunes a viernes y hay veces que juegan sábados y domingos. Muchas son madres, tienen sus problemas como todos, y sin embargo a la hora de jugar, no falta ninguna. 

-El paso de un entrenamiento recreativo a uno profesional, también fue parte de una adaptación necesaria… 

-Sin dudas, yo traté de inculcar mis experiencias. A ver, a veces me voy antes a la práctica y trato de enseñarles a las delanteras a meter el cuerpo, algo que yo hacía como jugador. Y quieren aprender, eso es lo que más a uno lo entusiasma. La semana pasada hicimos un trabajo con las delanteras que pudimos aplicar ante las santiagueñas y me decían:  “Tano, nos salió como vos nos enseñaste”. Eso no tiene precio para mí. Engancharon bárbaro al mensaje. No hay que subestimar. Es cuestión de psicomatizar las jugadas y la pegada. Con el tiempo, va a salir. Se les graba en el cerebro y sale todo de manera inconsciente, lo mismo que me pasó a mí en inferiores. 

- ¿En qué tendrían que mejorar? 

- En la toma de decisiones, ser más decididas para terminar las jugadas. Es algo que venimos trabajando. Ir con más convicciones a un choque o a un cruce, y no dejar picar tanto la pelota a la hora de defender o recibirla. En el resto, son geniales. Es un honor contribuir con sus formaciones y que me dejen ayudarlas a crecer. 

 

 

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