La campaña Antón Pirulero: cada cual atiende a su juego

Ninguna de las fuerzas encaró las primeras semanas de la campaña hacia las PASO mostrando sus cartas. En Córdoba la campaña parece más táctica, y por el momento nadie tira la primera piedra.
Gill Schiaretti
Convivencia de campaña en el PJ: El gobernador Schiaretti hace días inauguró un puente que une Villa María y Villa Nueva. Estuvo presente en el acto Martín Gill, precandidato a diputado por el FdT.

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Poco menos de dos semanas pasaron desde la oficialización de las listas de precandidatos y precandidatas y en Córdoba parece que las cartas fuertes continúan guardándose para cuando la campaña empiece a tomar temperatura. A diferencia de lo que sucede en ámbitos porteños, bonaerenses, e incluso santafesinos, en nuestra provincia parece que las fuerzas están reconociendo el terreno. Se presentan con formalismos de cajón y repiten slogans fácilmente imaginables en la previa. Nadie quiere perder y, en esa estrategia, nadie expone de antemano la estrategia para ganar. 

A decir de los principales consultores del país, las elecciones se terminan definiendo con el tradicional voto indeciso y rumbean hacia su resultado final apenas días antes del acto electoral. Lo que sucede en Córdoba complejiza las estrategias por la simple razón de los electorados compartidos. De cara a septiembre, hay una especie de dos grandes internas que se tendrán que definir para trazar el camino definitivo hacia el Congreso que viene: la abierta entre los oficialismos peronistas, y la de Juntos por el Cambio que dará forma a la principal lista opositora. 

Defender la gestión

En la disputa entre el oficialismo provincial y la gestión nacional se concretará uno de los mayores atractivos de la elección. Con el pase ya asegurado para la general de noviembre, el Frente de Todos y Hacemos por Córdoba juegan sus cartas echando mano a una competencia limpia en la que el territorio y las obras ocupan un rol protagónico. Los pocos dardos venenosos que pudieron evidenciarse a comienzos del tiempo de contienda vinieron desde el lado del Frente de Todos y tuvieron más que ver con una disputa por la memoria histórica del cordobesismo que con una discusión de cara al futuro. 

A pesar de que Martín Gill todavía no sabe si encarará el trayecto preelectoral como secretario de Obras Públicas de la Nación o como intendente de Villa María, en su equipo afirman que “recorrerá las obras en ejecución, que son muchas y están dispersas en toda la provincia”. Allí, la clave estratégica del oficialismo nacional se cruza con la de Hacemos por Córdoba, que tiene a todo el gabinete recorriendo el territorio y firmando convenios; y a un Juan Schiaretti que por primera vez en un año y medio no se toma descanso y diariamente recorre inauguraciones, firma convenios y anticipa terminaciones de obras, siempre con Alejandra Vigo y Natalia De la Sota como laderas. 

Hace apenas una semana, la gestión Schiaretti cortó cintas en un puente une a Villa María con Villa Nueva. Allí estuvieron presentes los principales candidatos del oficialismo provincial y algunos de los más importantes del Frente de Todos, entre ellos Gill. “Sigamos trabajando juntos en el respeto que nos debemos, en la diversidad que se necesita, sin agresiones, sumando siempre. Esa es la manera en la que vamos a continuar en la senda del progreso para toda Córdoba y también para nuestra Patria argentina”, dijo Schiaretti en aquella tarde cordobesa que marcó un camino que se impuso en los días que le siguieron. 

“Muchas veces se aprenden de las diferencias, nunca más se puede poner en jaque la relación institucional. Venimos trabajando juntos y lo seguiremos haciendo”, dijo el primer precandidato a Diputados del Frente de Todos apenas un rato después. Los kirchneristas más anti-cordobesismo, algunos autoexcluidos del armado electoral, leyeron absortos las crónicas del encuentro. Los que pudieron y se animaron, trinaron a través de redes sociales y declaraciones en los medios que le dieron la oportunidad de expresarse. 

Desde la gestión nacional buscarán instalar la idea de que el Gobierno nacional ayudó a Córdoba como nunca antes ninguna administración lo había hecho. Desde Hacemos por Córdoba esquivarán ese análisis, apelarán al argumento de “el diálogo”, no contestarán las acusaciones que los señala como “funcionales al macrismo” y tratarán de aggiornar un viejo slogan: “vamos al Congreso a defender Córdoba”. 

Cada vez que desde el oficialismo nacional pongan números comparativos sobre la mesa, el schiarettismo dirán que sólo reciben “lo que a Córdoba le corresponde” y que, para continuar garantizando dicha realidad sin negociar la “identidad del peronismo cordobés”, la Provincia necesita representantes que no se enganchen en “la discusión de la grieta”. Desde el manual (supuestamente) no escrito de la estrategia cordobesista también acusa al Gobierno de Fernández de “centralista”. 

“Fijate el gabinete, son todos porteños y de la Provincia de Buenos Aires”, dice uno de los argumentos que se repetirá a lo largo de estos meses. Los más duros también acusarán de “kirchnerista” a la administración nacional. En eso, no habrá diferencias con el discurso común entre los espacios principales de Juntos por el Cambio. 

El croquis opositor

Si durante estas dos semanas alguien debiese explicar cómo está planteada la interna en Juntos por el Cambio, el desafío se complejizará demasiado si el conocimiento de quien recibe dicha exposición no siguió el derrotero que derivó en la disputa interna desde el minuto cero. 

Si bien la ruptura, que desde todos los espacios reconocen como producto de los “intereses personales” que se impusieron sobre los proyectos colectivos, terminó con cuatro listas que medirán fuerzas en las Paso, el reglamento interno acordado por los presidentes de los partidos que integran la coalición impone una realidad en la que la lupa está puesta sobre la lista que encabezan Mario Negri y Gustavo Santos, y la que lleva como principales candidatos a Luis Juez y Rodrigo De Loredo. 

El discurso es común: ponerle un freno al kirchnerismo. Los argumentos entre los diferentes candidatos para imponerse en la interna tampoco difieren tanto. Todavía no hay grandes críticas. Negri y Juez hablan de fuerza, personalidad y trayecto recorrido en la batalla contra el kirchnerismo; mientras que Santos y De Loredo ponen el foco en la renovación y el aire nuevo en los armados locales. 

Mientras las rencillas que se dieron puertas adentro no se expresen hacia afuera, difícilmente la campaña tome temperatura. Hasta ahora, el único cruce que llamó la atención tuvo como protagonista a Martín Lousteau, que cruzó a Negri por tuit en el que decía que “Córdoba hace años que no tiene una voz potente en el Senado”. Después de eso, poco y nada. Sólo algunas chicanitas inentendibles para el gran electorado. 

En el mundo de la consultoría, hay quienes aseguran que tras el papelón del cierre de listas, el espacio que se encamina a ser el más votado no puede darse el lujo de desangrarse en una discusión interna que complique las cosas para la campaña que va de septiembre a noviembre. Por eso, la estrategia que se imponen son las campañas que se concentran en fotos, reuniones y viajes por el interior provincial. Es posible que en el mundo en el que las distancias se hacen cada vez más imperceptibles, comiencen a aparecer charlar virtuales, apoyos nacionales y zooms sugestivos que sirvan para “dar sensación de seguridad” a las bases electorales que acompañan a cada uno de los sectores.  Con las encuestas bajo el brazo, los espacios se van “midiendo” y, salvo que el humor social que se identifica con el espacio se modifique, nadie va a tirar la primera piedra. 

  

 

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