Villa Flor Serrana, el pequeño paraíso secreto de Punilla

Turismo 11/02/2021 Por Vanina Boco
A unos 60 kilómetros de la ciudad de Córdoba, el poblado ofrece tranquilidad y sectores amplios donde disfrutar del entorno serrano y donde el distanciamiento social se da de forma natural.
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En algunas zonas las piedras son amplias y planas, y permiten ir yendo de un lado al otro del río sin problema.

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Especial para La Nueva Mañana

Mucho se habla de la cascada Los Chorrillos, la más alta de la provincia de Córdoba, pero pocos comentan del pequeño poblado que la alberga. Se trata de Villa Flor Serrana, un lugar tranquilo, escondido entre las súper visitadas localidades de Tanti y Cabalango.

Es que muchos viajeros llegan atraídos por la postal espectacular que ofrece la cascada que, con sus 115 metros de altura, cautiva a todos. Pero más de uno se debe llevar la grata sorpresa que me llevé en esta visita de un día a Villa Flor Serrana.

Para llegar, hay que dirigirse en dirección a la ciudad de Tanti, que se encuentra a casi 60 kilómetros de la ciudad de Córdoba. Antes de ingresar a esta localidad, a mano izquierda, hay un cartel que indica el acceso a la Reserva Natural Cascada Los Chorrillos. Tomando la calle de tierra, hay que hacer unos cuatro kilómetros por un camino sinuoso que, en algunos tramos, está en un estado complicado. El otro aspecto no tan favorable para visitar el poblado es que no hay transporte público que llegue hasta allí. Se puede optar por llegar en colectivo hasta Tanti y tomar un taxi o remis. Seguramente, esto también juega a favor a la hora de conservar esa tranquilidad que, en plena temporada, es un bien preciado.

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Hay zonas donde el agua se estanca y otras donde fluye suavemente entre las piedras, como si fuera una alfombra.

Bordeando el río

La calle de ingreso tiene pequeños carteles que indican el camino hacia la Reserva Natural y decido seguirlos para llegar al río. La primera bajada se presenta a pocos metros y, antes de entrar al predio de la Reserva hay un vado que atraviesa el río Los Chorrillos (según como figura en Google Maps). Siguiendo su curso, se llega a una curva donde se encuentra un diquecito. En su base se forma una pequeña piscina natural que invita a darse un chapuzón. 

En las márgenes del río hay un sendero bien delimitado, que es ideal para hacer una caminata y seguir descubriendo el lugar. Continuando río arriba, hay zonas donde el agua se estanca y otras donde fluye suavemente entre las piedras, como si fuera una alfombra. 

Un puente de hierro une ambos márgenes del río y conecta las pocas casas que hay en los dos lados del pueblo. Muchas son viviendas de veraneo, algunas son cabañas para alquilar en temporada y también hay un camping.

El sendero sigue y es una invitación a ver qué hay más allá. A veces se pega más al curso del agua y otras se aleja, atravesando montecitos, y hasta hay que trepar algunas piedras que solo le agregan emoción al recorrido. 
Las postales que me regala Villa Flor Serrana en este tramo del río son diversas y encantadoras. En algunas zonas, las piedras son amplias y planas, y permiten ir yendo de un lado al otro del río sin ningún problema. También se forman cascadas de diversos tamaños y algunas ollas que, a simple vista, no se ven muy profundas. 
Cada tanto me encuentro con pequeños grupos de personas que seguramente eligen esta zona por su tranquilidad y porque se puede disfrutar sin tener que preocuparse por el distanciamiento social, que se da de modo natural.

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La gran cascada

Volviendo por el mismo camino hacia donde comencé la caminata, cruzando el vado nuevamente, hay otra bajada al río que es como una especie de laguna, ya que es ancha y calma. Pero esto es solo una primera impresión. Apenas a unos metros de ahí se escucha el sonido estrepitoso del agua cayendo entre las piedras. 
Camino por el borde de un diquecito y me encuentro con una gran cascada que corre por una especie de túnel angosto formado naturalmente entre las piedras. Al final de este, dos niños se tiran, una y otra vez, a la olla que se forma al culminar el túnel. 

Se puede bajar por el costado para tener mejores vistas y una dimensión real de la altura de la caída de agua. Desde la diversión de los chicos en su trampolín natural, a la relajación de una pareja que toma mate río abajo; todo se puede apreciar en este punto panorámico.

Me voy de Villa Flor Serrana con la sensación de que me faltaron muchas cosas por conocer, además de la cascada Los Chorrillos, que merece una nota aparte. Su pasividad tan de pueblo, su río que se muestra calmo y torrentoso a la vez, y esos lugares que se develan de a poco, como haciendo una especie de juego de las escondidas, me resultan atrapantes. Es un destino ideal para estas épocas en que es necesario hacer un turismo responsable, evitando las aglomeraciones, cuidándonos  y cuidando a los demás. 

 

 

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