El precio de la carne recalienta la inflación de los alimentos

Política / Economía 04/01/2021 Por Facundo Piai
La carne vacuna tuvo subas importantes en los últimos meses y al ser un bien esencial en la dieta local repercute en el valor de la canasta básica, referencia para medir la pobreza.
Carne 01 © na
(Foto: NA)

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Especial para La Nueva Mañana

Los relevamientos oficiales dicen que, a noviembre, las carnes y derivados acumulan aumentos por alrededor de 36%. Sin embargo, si ponemos la lupa sobre algunos de los bienes más demandados, vemos que las subas son aún mayores que el promedio general. Por caso, el kilo de asado que sufrió aumentos de dos dígitos en enero y noviembre acumula en el año una inflación en torno a los 38 puntos porcentuales; mientras que la suba de la carne molida fue de alrededor del 40% en once meses. Desde el mes de octubre que la carne aumenta todas las semanas y los frigoríficos absorben subas para no perder clientes. Se quejan desde las carnicerías de todo el país, tanto como los consumidores. 

“El aumento de este año tiene que ver con las variables macroeconómicas”, siendo la “expectativa devaluatoria”, y la suba internacional del maíz, las principales causas, expuso a La Nueva Mañana Miguel Schiariti, presidente de la cámara de industria y comercio de carnes (Ciccra). El dirigente empresario explicó que a medida que transcurrió el año el trabajo del eslabón de engorde perdió rentabilidad por el aumento del maíz, que pasó de costar $8 el kilo en marzo a un valor de $15. Consecuentemente, el aumento de la estructura de costos hizo que ingresen menos animales al corral para engorde a base de forraje y granos. Por el contrario, los productores optaron por encarar el proceso de “recría a campo”, que es más económico pero más lento el engorde del animal. Entonces, esta demora del animal terminado hizo que a partir de agosto empiece a caer la oferta de carne.

El aumento de las exportaciones condicionó la suba de los precios a nivel local

En un principio, las consecuencias de esta reorganización de los sectores de la cadena de valor de la carne no se notaron por las consecuencias que las medidas de aislamiento obligatorio tuvieron sobre la demanda de carne.  Durante la cuarentena hubo menor masa salarial, “faltó la demanda de restoranes y caterings”, sumado que los trabajadores de la informalidad que vieron afectado su ingreso, lo cual contrajo el consumo. Por consiguiente, cuando pasamos a la etapa de distanciamiento, con reactivación de algunos sectores, “reaparece la demanda que estaba dormida”, y con ello “aumentos del valor de kilo vivo muy intensivos, poco habituales en el sector”. Asimismo, consecuencia de las restricciones cambiarias y proceso inflacionario, muchos operadores del sector agropecuario invirtieron en terneros como refugio de valor interviniendo intensivamente en este mercado. Desde el sector de engorde dijeron a la prensa que la sobredemanda de actores no habituales generó aumentos en el animal en pocos meses.

Concluido el año, la oferta de carne se normalizará y el valor se estabilizará con alguna baja. A fines de enero el precio estará “un 13% por debajo del valor actual, aproximadamente”, aventura Schiariti, ya que la demanda no convalidará los aumentos luego del aguinaldo. Por otro lado, el volumen de carne embarcada tuvo un buen desempeño.

En el registro de enero a octubre, las exportaciones de carne vacuna superaron en 11,8% a los envíos registrados en el mismo lapso de 2019, según el último informe de Ciccra. En efecto, no son pocos los dirigentes de diferentes sectores de la cadena de la carne que reconocen que los aumentos de las exportaciones, en un contexto de oferta relativamente estancada, inciden en los precios internos. A modo de ejemplo, en marzo se despachó a otros mercados el 25% del total de la carne producida, mientras que en octubre las exportaciones representaron el 30,6%.

Carniceria © gentileza
Desde el mes de octubre que la carne aumenta todas las semanas y los frigoríficos absorben subas para no perder clientes.

En consecuencia, el consumo de carne vacuna se anota la tercer baja anual, al cerrar el 2020 asentándose en los 50 kilogramos per cápita. Cifras que se ubican un kilo por debajo del consumo del año pasado y muy lejos de 61,8 del record del 2013. Si bien de acuerdo a las recomendaciones nutricionales el consumo de proteína animal de los argentinos supera en términos estadísticos a los niveles considerados como óptimos, el consumo de carne vacuna es un indicador del estado de situación del mercado interno. Y si tenemos en cuenta que el consumo interno representa alrededor del 70% del PBI (según información oficial), la demanda de carne es un fiel indicador de toda la economía argentina.

Medidas para morigerar las alzas

La semana pasada, el Ministerio de Agricultura de la Nación decidió resguardar una cuota del maíz de la cosecha 2019/20 para la cadena de valor de la carne, puesto que este cereal es la principal materia prima de quienes producen proteína animal. Así busca garantizar el abastecimiento de las principales cadenas de valor de las carnes “durante los meses del verano cuando la oferta de cereal tiende a escasear”.

La comunicación oficial aclara que hasta la fecha se cumplió con el 89% del total teórico exportable, el resto, unas “4,27 millones de toneladas restantes queden disponibles para el consumo interno”. Una medida vista con simpatía por muchos sectores de la agroindustria, que cosecha la antipatía de los exportadores de materias primas, con la cual el gobierno busca atender a parte del problema de la inflación de los alimentos. Problemática que signará la agenda económica y política del próximo año. En ese sentido, habrá que observar con detenimiento qué hará con las retenciones a las materias primas sin valor agregado en este contexto de suba del precio internacional; las alianzas y los enfrentamientos con los actores del agro en un año electoral como es el 2021.

 

 

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