Proyecto Hormiga: "La meta es revalorizar los servicios ecosistémicos"

Economía social 27/06/2020 Por Mónica Hernández
Mediante el desarrollo de un modelo de gestión y tratamiento de residuos verdes y orgánicos, esta cooperativa produce bioinsumos para el cultivo de plantas y hortalizas.

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La Cooperativa de Trabajo "Proyecto Hormiga" nació hace más de un año a partir de la idea de un vecino de Catalina Campagnon, que es una de los 11 socios fundadores de la entidad, de producir bioinsumos para el cultivo de plantas y hortalizas, mediante el desarrollo de un modelo de gestión y tratamiento de residuos verdes y orgánicos.

“Todo nació en el momento en que vimos activos en desuso de parte del municipio de Unquillo: una máquina chipeadora y muchos residuos de poda. A partir de allí comenzamos a pensar en un emprendimiento, con esto y con la idea de cooperativismo siempre presente en la concepción del proyecto, se inició un proceso de validación ambiental y económica con el municipio. En abril del año pasado presentamos todos los trámites en el Inaes (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) y hace unos días nos llegó la matrícula, así que todavía estamos de festejo, porque pensábamos que por esta cuarentena iba a demorar mucho más”, contó Catalina.

Luego de concretar estos trámites están viendo la posibilidad de articular con otras cooperativas, “paradójicamente para Proyecto Hormiga esta cuarentena ha representado algún tipo de resignificación para las personas en lo que implica la producción de alimentos como la de huertas. Nosotros a partir de la poda tenemos un primer producto comercializable y la materia prima para la elaboración de otros productos a través del compostaje”, sostuvo Diego Dragotto, también socio fundador.

Soberanía alimentaria

Los productos son para la producción de plantas y hortalizas, que en esta cuarentena se ha revalorizado la elaboración de alimentos a nivel local, no solo desde el punto de vista comercial sino desde Proyecto Hormiga también. 

Hace poco los miembros de la cooperativa lograron cerrar un canje, pues a partir del residuo de podas elaboran chip y abono. Esos productos son entregados a un productor de alimentos vegetales que a su vez se los hace llegar al municipio que los reparte en comedores de Unquillo, en momentos muy significativos de esta situación de emergencia, “lo cual para nosotros como cooperativa poder transformar esos residuos que habitualmente se abandonaban, ocasionaban incendios y transformarlos en alimentos para los más necesitados es muy importante”, añadió Daniel. 

Por otra parte, “tuvimos que aprender nosotros sobre el producto y de manera didáctica transmitir nuestra experiencia y los beneficios de su uso. Por ello es que estamos en esa lucha, ya que estos meses estamos aprovechando lo que aprendimos el año pasado y empezamos a vender un poco mejor. Con respecto a lo que conversábamos de la pandemia hay algo que pudimos concretar hace menos de un mes, lo cual nos pareció muy simbólico para el sentido que tiene este proyecto sobre el impacto social, ambiental y económico, aunque este último nos está costando un poco más para que los socios de la cooperativa podamos vivir de esto, pero lo ambiental no caben dudas que consiste en transformar un residuo en un producto”, relató Ariel Herrera, coordinador  de la planta de elaboración.

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“Todos los integrantes del proyecto somos socios fundadores y nos pareció muy simple todo el trámite, en el sentido de la documentación que tuvimos que presentar. Desde ese punto de vista Inaes nos sorprendió”, comentó Catalina.

Proyecciones a futuro

Con respecto a cómo se ven trabajando en los próximos años, respondieron: “Estamos en un momento de necesidad de financiamiento para poder adquirir las maquinarias que necesitamos, entre ellas, minipalas y chipeadoras”. 

Ante la crisis producida en esta cuarentena por la pandemia, el grupo entró en una incubadora de proyectos y a partir de allí nacieron otros productos: una tierra fértil (abono), un bocashi (activador de rizobacterias) y un mantillo ecológico. 

Asimismo, en estos meses de aislamiento social surgió la idea de realizar una practi-huerta para aquellas personas que no tienen un espacio o la habitualidad de producir su alimento se les proporciona la posibilidad de cultivar hortalizas en un espacio reducido como es un cajón de verdura.

La practi-huerta consiste en una bolsa que contiene la tierra y las semillas. A la vez esa misma bolsa se usa para forrar el cajón que se puede colocar en altura o abajo, lo cual brinda la posibilidad de comer lo producido, enfrentar este nuevo paradigma que se está dando y desmitificar lo que es tener una huerta en la vivienda familiar.

Los pequeños productores han pasado de utilizar agroquímicos al uso de insumos agroecológicos y orgánicos para sus huertas, por los menos en Sierras Chicas, donde se han organizado y adaptado a los cambios ante las adversidades.

En lo que respecta a los espacios de ventas, “es algo para lo que tuvimos que aprender a organizarnos, lo cual en el mundo cooperativo tiene mucho que ver, y saber adaptarnos a los cambios ante una situación de dificultad, donde un grupo de personas se organiza para subsistir y transformar la manera de trabajar”, agregó Daniel.

Por último, en cuanto al espacio físico donde desarrollan las actividades, tienen una planta para la elaboración de los productos a pulmón pues todavía no se ha recaudado lo suficiente, pero siguen estudiando acerca del producto y los beneficios de su uso y, además, reciben la colaboración de la Municipalidad de Unquillo que ha brindado la maquinaria y personal para el desarrollo del proyecto.

Para obtener más información acerca de los productos ingresar a: Proyecto Hormiga

 

 

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