Urbanidad y pandemia: el barrio tampoco se salva solo

Transitar la cuarentena en barrios sin servicios elementales requiere repensar la ciudad, y proyectar estrategias de comunidad y supervivencia. Entrevista a Patricio Mullins, arquitecto, docente e investigador de la UNC.
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Quienes conocen el territorio, las instituciones, las organizaciones, deberían poder trabajar a la par de los gobiernos. Foto: NA

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“La pandemia pone en evidencia el sistema injusto donde uno vive, no hay ningún misterio, este contexto vino a develar la desigualdad e injusticia en el territorio y si bien no es una escena nueva, puede que ahora logremos agudizar otras estrategias sobre cómo lo gestionamos”, dice Patricio Mullins, arquitecto, docente e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba, que junto a sus colegas de la Cátedra de Tesis de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, durante la cuarentena empezó a reorientar los trabajos  de sus alumnos para repensar y trabajar sobre la urbanidad en el contexto de la pandemia. El objetivo es hacer una muestra colectiva, si la situación lo permite, en septiembre. 

Mullins cuenta que lo global -las reglas del sistema- se expresa en el territorio: “No es que está por un lado el sistema económico, cultural y social y no pasa nada, sino que tiene fuertes consecuencias en cómo se moldea la lógica urbana, la lógica de producción del territorio”, dice y agrega que la desigualdad, en ese paradigma, es la estrategia número uno.

Cuarentena desigual

Hace exactamente siete semanas, el Gobierno dispuso en el país el aislamiento social obligatorio para frenar la circulación del coronavirus. Como medida preventiva contra el contagio recomendó prestar atención a la higiene personal con el lavado frecuente de manos, desinfección de utensilios, alimentos y el espacio que se habita, en ese marco, el alcohol puro y en gel, la lavandina, el tapabocas, la distancia social, son modos incorporados a la cotidianidad en estos casi 50 días. Sin embargo, para los sectores más vulnerables, la mayoría de estas nuevas rutinas, muchas veces son impracticables. 

En Córdoba, en las zonas donde existen asentamientos, el 65% de estos barrios no cuentan con acceso formal a la energía eléctrica, el 95% no tiene agua en su casa, el 99% no tiene red cloacal y el 88% usa gas en garrafa para poder cocinar, según datos aportados por el Relevamiento de Asentamientos Informales.  Es decir, que en este contexto de cuarentena donde la crisis económica cruje en las familias, y a veces, no hay dinero para recargar el gas, aunque sean asistidas con un bolsón de comida de las organizaciones sociales, a veces, poder preparar el almuerzo no es algo tan trivial. 
 
En la urbanidad que habitamos, donde por un lado están los countries, pero también los lugares de pobreza, donde tenemos bastos territorios en la provincia con monocultivo, ciudades hiperpobladas con espacios verdes accesibles para aquellos que la circulación no es un problema, se puede decir, que al llegar la pandemia “cada uno estaba en el anaquel que le correspondía”, según las reglas del sistema pero el sacudón nos llegó a todos: al que vive en el country, al de la villa, al de las sierras y “la pandemia lo que hizo, es hacer caer ese telón”, dice Mullins. Y agrega: “La cuarentena dejó en carne viva la desigualdad sobre cómo vivimos el espacio y el acceso a los servicios, cosas que ya no hacen falta explicar para convencer” porque el confinamiento nos dejaron enfrentando la misma situación desde lugares distintos en el estante de privilegios. 

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Patricio Mullins rescata la idea de modelo de ciudad basado en los barrios, es decir, sectores de población que tengan una escala identificable, de control social y construcción de identidad. 

¿Se puede pensar hacia adelante una estrategia de supervivencia?

- Al principio se sale cual bombero a solucionar las urgencias pero después habrá que pensar en territorios saludables, suponiendo que esas fueran las estrategias que decide llevar adelante el Estado. Hay que pensar la distribución de las infraestructuras, que se tenga acceso a agua potable, a espacios públicos, acceso a escuelas, dispensarios, es decir, cierta equidad y condiciones de habitabilidad en la vivienda, que sean óptimas para una vida más saludable. Cosas básicas que parecen obvias pero hay grandes sectores que no los tienen, el tema de la accesibilidad es clave también.

Mullins rescata la idea de modelo de ciudad basado en los barrios, es decir, sectores de población que tengan una escala identificable, de control social: “Que permita saber quién es tu vecino, poder hacer este intercambio de recursos, de conocimiento pero también de construcción de identidad”, dice el arquitecto y agrega: “Tiene que haber barrios donde aparezca una población diversa, de todo un poco, y ahí aparecerán también contradicciones que no las resuelve la planificación sino que las resolverán las personas”.

Poder equilibrar lo social, lo ambiental, lo comunitario, implica pensar de nuevo las tipologías. "El espacio público, el parque, la plaza, tienen esas escalas de identidad para resolver conflictos para los acuerdos y desacuerdos", expresa el docente. Porque allí, no solo están las coincidencias como las actividades de celebración, sino que en estos espacios se disputan otras cosas, como reclamos, la manifestación, la protesta.

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"Por qué la UNC, con un enorme campus no se siente en el deber de proponer alternativas a la comunidad, a sus estudiantes para sobrellevar de mejor manera el confinamiento", se pregunta Mullins sobre el rol comunitario de las instituciones. Foto: ilustrativa NA

Militar el territorio

“Cómo pensamos estos barrios, estos complejos de viviendas, esa respuesta no la dan solo los arquitectos, sino también los biólogos, sanitaristas, la respuesta la da un equipo multidisciplinario pero también multisectorial”, dice Mullins y explica que la respuesta se construyen con equipos técnicos que puedan pensar cómo sería la casa deseable, imaginar un hábitat con futuro mejor, más justo, equilibrado, más relacionado que contenga y también que permita a las personas relacionarse con los otros.  

Para el docente universitario es justamente en este contexto de pandemia donde en un barrio, “el centro vecinal debería estar a full, la parroquia debería estar activa, los CPC deberían estar activos, la comunidad debería estar organizada, porque es la que conoce el territorio, debería decir, acá que tenemos tales características físicas, territoriales, geográficas, urbanas vamos a hacer tal cosa”, dice Mullins y se pregunta por qué la UNC, con un enorme campus no se siente en el deber de proponer alternativas a la comunidad, a sus estudiantes para sobrellevar de mejor manera el confinamiento.

El trazado de la cuarentena, la coordinó el Gobierno nacional con las provincias y éstas, a su vez con los municipios pero tras varias semanas de confinamiento, es evidente que no se puede resolver todo desde ahí. “Esto pone en crisis también el modelo  de gestión política. Es por ello que hay que confiar en la organización social, pero a eso hay que darle recursos, capital simbólico, capital real, hay que vitalizar”, subraya el arquitecto y grafica: "Cuando se avance en la flexibilización de la cuarentena, y se habilite la actividad de más sectores, no será el propio Alberto Fernández quién vendrá a proponer alternativas pragmáticas para Córdoba, quienes conocen el territorio, las instituciones, las organizaciones sociales, son las que deberían poder trabajar a la par de los que toman las decisiones".

Tener un basto suelo para poder preservar lo comunitario, lo colectivo, lo ambiental, es fundamental. “Hay un paradigma que tiene que ver con un modelo, que se impone como verdad. Pero si creemos que hay otras verdades hay que ponerlas sobre la mesa”. Al menos cómo lo veo yo -dice Mullins- esa verdad tiene que ver con la diversidad, con los derechos, con otro modelo de vida, con una diversidad cultural étnica y social.

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