Sierras Chicas: la explosión demográfica impacta en el bosque nativo

Sociedad 29/11/2019 Por
Se estima que el departamento Colón supera los 300 mil habitantes, siendo uno de los que más creció en los últimos años. La gestión del suelo, una discusión clave ante un fenómeno expansivo que no se detiene.
Rio Ceballos
El departamento Colón, a donde pertenecen Río Ceballos y Villa Allende, es uno de los lugares - donde la explosión demográfica muestra mayores impactos en la pérdida del bosque nativo. Foto: gentileza.

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Entre 1980 y 2010, la población de Río Ceballos, Unquillo, Salsipuedes, Mendiolaza y Villa Allende -localidades de las Sierras Chicas- creció un 170%, según datos de los censos nacionales, que vistos ahora, al borde de un nuevo relevo demográfico en 2020, ya quedaron desactualizados. Sin embargo, las proyecciones realizadas por la Dirección de Estadística y Censos de Córdoba, estiman que el próximo año se dará la oficialización de que Colón -departamento al cual pertenecen las ciudades mencionadas- es el que más creció después de la Capital cordobesa. 

En este marco de proyecciones, los 225 mil habitantes de esta zona periurbana de Córdoba superarían los 300 mil habitantes en la actualidad. Colón además, sería el departamento con más ciudades y uno de los lugares donde la explosión demográfica muestra impactos en la pérdida del bosque nativo, un fenómeno de desastre ambiental, que junto a los incendios, el avance de las fronteras agropecuarias y la invasión de plantas exóticas, también se da en el resto de la provincia. 

Está claro que las urbanizaciones inciden en la pérdida de los bosques porque, con frecuencia, en ese uso del suelo no se preserva la cobertura vegetal original. Muchas veces incluso, se produce una deforestación tipo “hormiga”, donde se cuela la especulación inmobiliaria, la falta de políticas estatales de gestión, pocos recursos y también, una parálisis en la instrumentación de legislaciones ya aprobadas, hace años.  

La trama urbana: ciudad compacta y porosa

Cecilia Becerra es arquitecta y docente de la UNC. Fue directora de Planificación de Río Ceballos, se especializó en demografía donde estudió el problema del crecimiento urbano  de esa ciudad pero con anclaje en el resto del corredor de las Sierras Chicas, es por ello que cuando uno le pregunta sobre cómo se urbanizan las sierras, sin vueltas, responde: “Hay dos modelos en pugna, uno es la ciudad compacta, y el otro es el de la ciudad extendida, este último tiene muy baja densidad de población, con dispersión, es decir, que lo edificado se encuentra esparcido y muchas veces hay una discontinuidad de la trama urbana, hay un loteo, después no hay nada”. 

En una versión extrema, lo que explica Becerra sería, por ejemplo, la imagen de la casita sola en una loma, que los últimos años se reitera con más frecuencia en el paisaje serrano. Esa postal es quizás, la representación del idilio de vivir  rodeado de naturaleza en Córdoba, pero es necesario pensar también esa urbanidad, en cuanto a la optimización de infraestructura de servicios. 

Esa casita en una loma o un puñado de ellas, necesitan de un camino, de un tendido eléctrico, de agua, de una manera de desechar los residuos cloacales, básicamente de acceso a los servicios. “Esa misma población se podría contener con cierto grado de compactación -el otro modelo en pugna-, para que justamente, no se invadan espacios de valor ambiental”, agrega la arquitecta. 

La problemática del proceso de crecimiento por extensión tiene sus consecuencias ecológicas y queda claro que esa presión sobre el ecosistema se refleja en las inundaciones, los incendios, la deforestación, con pérdida de cobertura vegetal y las constantes crisis hídricas serranas.

“Como consecuencias del tipo social, que se da por esta dispersión, se producen algunos procesos como la ‘segregación socioespacial’, donde se homogeiniza el territorio desde el punto de vista social”, dice Becerra y agrega: “Es el caso de los countrys, o los barrios cerrados en cercanías de la E53, que es una ruta que va estructurando una serie de urbanizaciones privadas, que pertenecen a algunas de las localidades que atraviesa la ruta pero que están totalmente segregadas”.

“Es importante pensar modelos alternativos”, dice Becerra para quien, a priori hay que deconstruir la idea de que, mientras más superficie tenga el terreno, más sustentable es la ciudad. “Si todos vivimos en terrenos de una hectárea, no es sustentable”. 

En las urbanizaciones serranas es importante pensar más bien en ciudades compactas conociendo las particularidades que tiene el territorio, como correntías, áreas de bosque, entre otros, porque de este modo se optimiza la infraestructura sin el costo de un impacto ambiental elevado. 

Este término de “ciudad compacta” fue elaborado por el arquitecto español Salvador Rueda aplicado a los casos de urbanización en Europa pero Becerra, adaptando a la realidad cordobesa, agrega a esta visión, la idea de “porosidad”. Es decir, que las ciudades serranas deberían estar estructuradas también con espacios verdes. “Se apunta así a que, justamente, dentro de la trama urbana puedan haber áreas de vegetación nativa, y sean espacios públicos”, precisa.

Loteo, un clásico serrano

Al hablar de crecimiento demográfico no se puede dejar de lado los procesos de especulación inmobiliaria, y esto tiene que ver estrictamente con la rentabilidad económica obtenida de transformar un suelo rural en suelo urbano, ya que en estos casos, las ganancias se elevan a un 100%. 

Todas las ciudades de las sierras chicas están caracterizadas por este tipo de crecimiento que en muchos casos, no son loteos nuevos, sino de los años 40 donde mucho de estos espacios tuvieron un rol turístico y quedaron dentro de áreas que ahora son protegidas.  En estos casos, una estrategia que se podría implementar como forma de gestionar el suelo, son los ‘trueques de edificalibilidad’ coordinados por el gobierno, es decir, personas que tienen terrenos dentro de las reservas, se podrían transferir a zonas que sean aptas para urbanización. 

“Es complejo pero se pueden hacer cosas para proteger, obviamente se necesita una política ambiental y urbana activa, constante, permanente, y técnicos que puedan dedicarse a resolver este tipo de problemas”, explica Becerra. 

Para la docente de la UNC, es evidentemente que “este tipo de crecimiento es insostenible en lo ambiental, por ese avance en áreas naturales, de reservas, pero está bueno argumentarlo desde varios puntos”. A un intendente se le puede plantear esto desde el punto de vista de la gestión, el valor que reparar caminos tras una inundación, como pasó en Río Ceballos. “Sostener un territorio desde el punto de vista de la infraestructura y desde el punto de vista de los servicios que presta el municipio es costosísimo”, grafica. 

Respecto a la crisis hídrica de la zona, ésta oscila de acuerdo a una cuestión climática, entre periodos de total sequía y periodos de total inundación. “Cuando hay sequía se reflotan todos estos proyectos de trasvasamiento de cuencas y cuando hay inundación se mira el tema de los minidiques en las zonas altas, para contener el agua para q no se inunde una ciudad. Evidentemente está claro cuál es el rol que cumple el bosque nativo en los ciclos hídricos, en la retención del agua, en las napas, porque actúan como esponja con la vegetación nativa y evitan que las zonas bajas se inunden”. 

Para la docente univeritaria, el argumento ambiental es un eje transversal que estructura cualquier discurso. “El tema es encontrar argumentos para los distintos sectores”, indica Becerra y cierra: “La rentabilidad a largo plazo de este modelo no va a ser sustentable para nadie”.

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