Corredor Bioceánico: un proyecto para darles vida a las economías regionales

La Nueva Mañana, en el recorrido por La Rioja y Atacama para conocer el proyecto que busca exportar a través de Chile la producción de siete provincias argentinas.
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1 / 3 - Puerto Caldera, en la Región de Atacama, Chile. - Foto: gentileza Jonás Masud.

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LA NUEVA MAÑANA EN LA RIOJA Y ATACAMA

San José de Vinchina es una pequeña ciudad ubicada al noroeste de la provincia de La Rioja, sobre la Ruta Nacional 76. Es un pueblo largo, de apenas dos cuadras hacia uno y otro lado de la vía que conecta Villa Unión con el Paso Internacional de Pircas Negras. Al pie de la Cordillera de Los Andes, con la caricia de la brisa seca y ante la curiosa mirada de los pocos pobladores despiertos, vemos una placa que data de 1992. Allí, en la plaza central de Vinchina, a metros de una terminal de ómnibus desolada, se lee: “Acto iniciación obra. Camino Internacional a Chile” y la firma del intendente César Vara, el gobernador Bernabé Arnaudo y el presidente Carlos Saúl Menem. La fecha: 15 de abril de 1992.

Viejos paradigmas nuevos

“Salir al mundo” desde un puerto que no dé al Atlántico es una idea incluso anterior a la del ex presidente justicialista. La idea de un corredor, aunque adaptada a las necesidades geopolíticas del 2019, ya era pensada por los incipientes gobiernos de finales del siglo XIX. En 1886, William Wheelwright fue el encargado de desarrollar un paso ferroviario desde Chile hasta Argentina por el paso de San Francisco. De este lado de la cordillera, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento se construyeron una serie de refugios de piedra contra el viento y la nieve en todo el camino hasta Pircas Negras. Por allí viajaban los baqueanos con el ganado que iba a ser vendido en poblados de Atacama. Esas estructuras de piedra en forma de iglú se mantienen hasta hoy como parte del atractivo turístico que ofrece la zona riojana, incluida la Laguna Brava, un espejo de agua salada que merece la pena conocer. Ya en 1992 surge Atacalar, el acuerdo entre Atacama, Catamarca y La Rioja para darle vida al proyecto que con el correr de los años se fue diluyendo crisis mediante, pero fue sumando provincias, entre ellas a Córdoba.

Correr el eje que domina la economía argentina desde la colonia

Hoy, con la esperanza puesta en el retorno del peronismo al poder y la imperiosa necesidad de dólares para que renazcan las economías regionales, siete provincias (Catamarca, Tucumán, Santa Fe, Santiago Del Estero, Entre Ríos y Córdoba) con La Rioja como punta de lanza buscan hacer realidad el denominado Corredor Bioceánico Ferroviario Minero y Alimenticio entre Argentina y Chile. Se trata del ambicioso proyecto que impulsa la exportación de materias primas y la importación de productos a través de puertos ubicados en la Región de Atacama, transportando vía camión y tren por Pircas Negras y por el Paso de San Fernando, en Catamarca. Significa correr, al menos unos metros, al eje que domina la economía argentina desde épocas coloniales: los puertos de Rosario y Buenos Aires. Y aunque sus impulsores hablen de “complementariedad”, al instante destacan que el transporte de granos y alimentos a cuatro de los cinco países más poblados del mundo (China, India, Indonesia y Estados Unidos) por el Pacífico solo traería beneficios. Además de la descentralización de poder económico, llevar productos a través de Los Andes ahorra 20 días de viaje por el Atlántico hasta el Canal de Panamá. Ahorra fletes hacia Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata o Bahía Blanca. Ahorra el costo arancelario y aprovecha los más de 20 tratados de libre comercio que mantiene el país trasandino, que incluyen algunas tasas del 0% para la exportación. También significa una optimización en el traslado, ya que los barcos podrían viajar con el 100% de su capacidad cubierta, mientras que la poca profundidad del calado en el Atlántico (8 a 15 metros) hace que muchos salgan con el 50% de la carga antes de una travesía de casi 50 días hasta oriente. “Desde el Gobierno nacional se movieron con una foto de los ’90 y el mundo avanzó”, sostiene el ministro de Planeamiento e Industria riojano, Rubén Galleguillo. Junto al secretario de Integración Regional, Luis Agost Carreño, son los principales impulsores de la iniciativa que intentará materializar el corredor a mediano plazo. “Tres años, nada más”, sostiene Agost Carreño a La Nueva Mañana durante la visita al corredor en La Rioja y Atacama, posible gracias al gobierno de esa provincia en coordinación con el Consejo Federal de Inversiones.

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El Belgrano Cargas, en el centro del proyecto

La obra consiste en unir el Belgrano Cargas con el sistema de ferrocarriles de Chile hacia la III Región de Atacama, vinculando a los puertos del Pacifico. Al día de hoy, la punta de vía del Belgrano llega a Tinogasta, en Catamarca, pero está sin funcionar, a 250 kilómetros de la frontera con Chile. Los trabajos arrancarían en Serrezuela, en el noroeste cordobés, donde está funcionando el tren y recuperando el viejo sistema ferroviario. En tanto, la nueva obra a construir con vinculación representa 420 kilómetros: 250 en Argentina y 170 en Chile. No se trata de una obra faraónica y según estima el secretario riojano, tampoco es imposible poner a punto la Ruta 76 para que también participen los camiones, teniendo en cuenta la importancia del gremio conducido por Hugo Moyano, con quien se buscará tender puentes para no dejar relegados a los camioneros. Los costos serían sobrellevados por inversores chinos, canadienses o rusos que ya están dispuestos a impulsar los trabajos sin que los Estados se hagan cargo de invertir los dólares necesarios. A cambio, las empresas se harían con las concesiones por 20 a 30 años.

Córdoba como eje

En diálogo con LNM, tanto el ministro Galleguillo como el secretario Agost Carreño puntualizaron que Córdoba es “una provincia central en el proceso de Atacalar”. No solo por su situación geográfica y por el paso de las vías del tren, sino también por su condición de exportadora de productos y por cómo esto potenciaría distintas áreas. El Corredor Bioceánico, además de transportar materias, significaría un impulso a las economías de los “pueblos de paso”. Significaría potenciar las estaciones ferroviarias en la ciudad, como la de Alta Córdoba. Significaría reactivar industrias como la de Materfer, que atraviesa una grave crisis con despidos de personal. “Por su volumen de producción, por su fuerza productiva y porque forma parte del núcleo central y productivo del país, siempre vimos como un aliado importante a Córdoba. Estamos convencidos de que el interior va a encontrar el camino para desarrollarse, pensando no solo en su provincia, sino en toda la Argentina”. Ese camino, dicen los funcionarios, tiene en el noroeste cordobés y en La Rioja su “Panamá seco” antes de seguir hasta Asia y Norteamérica.

  

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