La vida simple - Mano de Lana

Cultura 16/11/2019 Por
"La vida simple" es una serie de pequeñas crónicas que intentan capturar la experiencia sensible de lo cotidiano a partir de breves encuentros con taxistas, cirujas, naranjitas, presos, porteros e inmigrantes.
MANO DE LANA
- "Mano de Lana" ilustración: Agostina Barborini

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Especial para La Nueva Mañana

Le decían «Mano de Lana» aunque podrían haberle dicho «Mano Santa», porque tocó tantas o más mujeres que aquél, y peor. Por ese respeto oscuro que en el fondo siempre será miedo nunca le pregunté el porqué de su apodo.

Establecimiento Penitenciario No 9, diez de la mañana, invierno. Primera vez que lo veo. Manos de lana: las dos quebradas, y los brazos también, quebrados en muchas partes. Un Tiranosaurio Rex: los brazos, como bollitos de alambre, de tan quebrados se le enrollan a los costados del cuerpo; cerca de los codos, que están cerca de los hombros, asoman las manos: alambres de púa los dedos. Solo por eso Tiranosaurio, por el resto una bolsa. Está hecho bolsa. Una bolsa humana raída de cargar tanto dolor, tanta basura, tanta mierda junta.

Pero igual se ríe y a mí él me da risa, porque se ríe impune, como un chico que se mandó una macana o como un torturador ante el cuerpo quemado de su víctima: o ambas cosas a la vez.

Lo quebraron todo –miento: solo los brazos– la primera noche que llegó a la cárcel. Por esa oscura justicia de los presos, ese código moral suyo jamás escrito: su intangible ley de saliva inscripta en los cuerpos, cargado de sus propios permitidos, sus propios imposibles y sus propios castigos. Y sus

metáforas propias: los brazos, y no todo el cuerpo, porque prostituía a su mujer. Y a las hijas de su mujer, que a su vez eran sus hijas. Cuando se le revelaban, las fajaba. Y cuando no, las mandaba a fajar en la vida esa que llevaban por él, o que mejor él les hacía llevar, para él.

Mano de Lana por eso.

Me lo contaron un día, a los días, a los meses, los otros, mientras él se reía, hundido en un rincón oscuro. Pestañeaba como un gato y se acariciaba las manos, los dedos quebrados: apenas si llegaba la punta de uno a tocar la uña negra del otro.

Siempre quise pero nunca pude tenerla bronca. Su nombre de bautismo, no me lo acuerdo. Capaz nunca lo supe.

Tampoco sé por qué lo escribo, ni por qué lo recuerdo, ni por qué existe él, ni yo, ni su mujer, ni sus hijas, ni el atardecer acá, en esta ciudad sucia, donde él camina –porque ya está libre– y en donde yo lo escribo.

 

Nacho Tamagno nació en Villa María en 1989. Actualmente reside en la ciudad de Córdoba. Es actor y, de forma más secreta, escritor de cuentos y crónicas.

Agostina Barborini nació en la ciudad de Córdoba en 1989, donde produce actualmente. 
Artista visual, actriz y escenógrafa. Instagram @agos.barborini

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