“Hortensia”, o cómo los cordobeses recuperaron el orgullo por ser como son

En el contexto del Congreso de la Lengua, Mariano Cognigni rescata el legado de la Revista “Hortensia”, que significó un cambio fundamental para los cordobeses.
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El entrevistador transita la noche cordobesa a paso lento, pasando frente a los edificios que testimonian el bien ganado prestigio de “La Docta”. Se aproxima a una casona reciclada en negocio gastronómico. Ingresa al lugar y se sumerge en el clima peñero, encuentra ante sí a un grupo de entusiastas de la Cultura departiendo alegremente y recordando anécdotas mientras circulan los platos de humita y bebidas de todo tipo.

En una mesa está sentado Mariano Cognigni, hijo de Alberto Cognigni, el hacedor del mayor fenómeno editorial que produjo Córdoba: la Revista “Hortensia”. Aquella que subtitulaba: “Acá estoy para decir lo que se me antoja, ¿o no?". El entrevistador interrumpe el clima de conversación en la mesa e invita a Cognigni a responder a sus preguntas. Salen a la vereda, el entrevistado enciende un cigarrillo y se apoya sobre un auto estacionado. El entrevistador prende su grabador digital y pregunta.

- ¿Cómo era Alberto Cognigni?
- Mi viejo era como suelen ser los humoristas. Mucha gente confunde los humoristas con los cómicos. No todo humorista es cómico y viceversa. Solemos tener una idea un poco estandarizada de eso pero, mi viejo era un realidad un tipo que además del humor le interesaban muchas otras cosas. Era un tipo divertido, alegre, pero también serio. Un tipo que se interesaba por diversas cosas. Se fascinaba con la ciencia, con la tecnología. Se fascinaba mucho con la filosofía. Era un hombre culto, salvo que era muy tentado, se reía con mucha facilidad. No era muy bueno contando cuentos, al revés de lo que todos lo recuerdan. De hecho, algunos amigos lo cargaban porque era mejor escribiendo los chistes que contándolos.

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“No sé si antes de ‘Hortensia’ alguna vez se escribió en cordobés, nunca hubo impreso”, asegura Mariano Cognigni. (Foto: Gentileza)

-¿Negrazón y Chaveta fueron los Don Quijote y Sancho Panza cordobeses?
- Muchos los compararon y la verdad es que son dos personajes netamente cordobeses pero de la Córdoba de los ´70, porque tienen delirios y aspiraciones filosóficas e intelectuales, por ahí reivindicativas también. Muchas veces me preguntan por qué no volvió a haber textos escritos en cordobés. En parte porque me parece que siempre fue hablado, pero además porque a los autores les cuesta mucho escribir humor cordobés, porque todo suena a falsificación de Negrazón y Chaveta. Yo pongo este ejemplo que suele ser más claro. Cualquier persona que simule ser una vieja con tonada de Traslasierra, todo el mundo va a decir: “Es un choreo de Doña Jovita. Esto es plagio de Doña Jovita”. Bueno, con Negrazón y Chaveta pasa lo mismo. Yo creo que el fenómeno fue tan grande, tan fuerte, que hay muchas personas que están tentadas de escribir en cordobés pero no tienen continuidad porque suena a una imitación de Negrazón y Chaveta. Lo mismo para el concurso literario que se llama “Alberto Cognigni”, que se hace todos los años en el Festival “Pensar con Humor”, hay una categoría para premiar al mejor cuento escrito en cordobés. Esa categoría la creamos hace tres años. Por lo menos unos treinta o cuarenta textos recibimos, muy buenos. O sea que yo creo que en cualquier momento vamos a vivir un segundo boom.

-¿Volverá “Hortensia”?
- Es difícil. La verdad es que todas las publicaciones están en descenso. La industria gráfica, la industria del papel está en descenso.

-¿El concepto de apertura, de ruptura, que significó “Hortensia” se puede replicar en estos tiempos?
- Me hace acordar cuando yo les preguntaba a mis amigos: “¿Che, vos seguís escuchando a Serrat?”. Todos se sorprendían y algunos me decían: “No, porque ya no canta lo mismo”. Y la otra mitad me decía: “No, porque canta siempre lo mismo”. Bueno, creo que con “Hortensia” pasaría lo mismo. No me parece viable volver a sacarla. Sí podría ser algo digital. Pero eso sigue con final abierto.

- ¿Como la lengua y su evolución?
- Sí, exactamente, como la lengua y su evolución.

 “Hortensia” vs. los puristas de la lengua

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“Mi viejo y la revista en general no tenían prácticamente enemigos, eran muy queridos. Pero ese uno por ciento que había, pasaba por ser puristas de la lengua. De hecho, algo muy gracioso era que, a mí mis profesoras de Lengua no me decían nada pero a cada rato tenía a un amigo que me decía: “Che, hoy la profe de Lengua habló pestes de tu viejo y la revista. Que la revista deforma el lenguaje, que enseña a mal hablar…”. Y también llegaban algunas cartas a la revista de esos mismos “puristas”, esos mismos fanáticos, denostando ese modo de escribir, ese modo de hablar. Es totalmente injusto porque, uno puede estar de acuerdo o no con ese fenómeno de que la lengua española, y hablo de ella porque es la nuestra, pero en realidad esto pasa con todas las lenguas del mundo. En todas las lenguas del mundo hay una diversidad de sublenguas parecidas que es infinita. Pero además, pasa en la misma España”.

El cordobés vergonzante

Hortensia tapa01“Antes de “Hortensia” lo que pasó era que estaban muy centrados en Buenos Aires todos los medios de comunicación. La comunicación era muchísimo más centralizada y más unitaria de lo que es hoy en día. El modelo de paradigma argentino a seguir era el que mostraba la televisión de Buenos Aires, el que reproducían sus canales, sus radios, sus revistas. Ellos a su vez tenían los ojos puestos en Europa y en Estados Unidos como siempre. Pero el modismo cordobés avergonzaba a los mismos cordobeses antes de la salida de “Hortensia”. Esto no me lo han contado, lo he vivido yo. Recuerdo haber estado en casas de clase media, en casas de mis amigos y que en algún momento, en algún medio, generalmente de Buenos Aires, o en la misma televisión y en la radio cordobesa, hicieran la nota a alguien y el tipo hablara con acento cordobés y con algunas palabras cordobesas, y que se indignaran los padres de mis amigos. Ese era el sentir. De golpe aparece “Hortensia” y resulta ser que no solamente no se avergüenza, da a conocer eso y encima lo pasa a escrito. Y sale a todo el país y le devuelve al cordobés su propia lengua, su propio modismo se lo devuelve escrito y eso salta a todo el país.

De golpe, el 90 por ciento de los cordobeses que se avergonzaban, ahora se enorgullecen.

Suponiendo que el paradigma fuera una lengua unificada, oriunda, intacta, impoluta, lo cierto es que “Hortensia” es inocente de eso. Lo que hizo “Hortensia” fue poner en escrito lo que oralmente ya tenía su propia vida. A tal punto lo hizo que yo no sé si antes de “Hortensia”, y hace poco le pregunté a una historiadora y ella cree que no, antes de “Hortensia” nunca se escribió en cordobés, nunca hubo impreso”.

“Está bien, total se entiende…”

Hortensia tapa02“Yo recuerdo, con diez años, verlos a mi viejo y a mi vieja en los primeros números de “Hortensia” tratando de dilucidar cómo pasar a escrito ese modismo cordobés. “No si vuá ir… ¿Cómo vas a hacer? ¿Se pone apóstrofe? ¿Se respetan las haches? ¿Hay que sacar las haches? ¿Cómo hacés cuando se pegan las palabras? ¿Cuándo quedan tres vocales juntas, las simplificás?”. Claro, al cuarto número ya dijeron: “Bueno, mirá…”. Porque al cuarto número empezaron a recibir textos de otros autores escritos en cordobés. Además no existía la computadora. Corregir esos textos para que la ortografía y el modo sea unánime había que escribirlos íntegros de vuelta, lo cual era una locura. Entonces decidieron: “Está bien, total se entiende… Lo dejemos”. Todo esto me parece que viene a reivindicar un poco a Córdoba, a la tonada cordobesa, al modismo cordobés, al modo de hablar, viene a reivindicar este Congreso de la Lengua”.

Epílogo

El entrevistador apaga su grabador y agradece al entrevistado por su amabilidad y por haber dejado de lado la fiesta con amigos. Durante la charla, por la estrecha vereda colonial, pasaron varias personas que lo saludaron, entre ellos un periodista que se excusó por retirarse temprano del encuentro, “porque mañana trabajo”, dijo. Y pasó una moto con escape libre, pero no era una “Pumarola”, sino un símil oriental, seguramente pagado en cuotas.

El entrevistador se va, con su paso cansino, repasando en su memoria los chistes e historietas de aquella revista, la que le ayudó a aprender a leer, a pensar y a querer a esta Córdoba contradictoria, pero felizmente viva.

   

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