Grietas en el cordobesismo: navegando por aguas turbulentas

Ed Impresa 25/11/2022 Por Nicolás Fassi
La gestión de Schiaretti termina el 2022 con muchos cabos sueltos: errores no forzados con “fuego amigo”, silencio y apurado control de daños, desocupación y deuda.
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Las defecciones de los propios abrieron la puerta de una serie de conflictos internos. Foto: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

Con el mundo observando lo que sucede en Qatar, el avispero político local bien puede tomarse un respiro de la atención generalizada para pasar, pese al clima, a cuarteles de invierno y evaluar los pasos a seguir de cara al intenso año 2023.

Y si bien la mayoría de los protagonistas de la comidilla política aprovecharán el parate para resolver cuestiones internas sin el atento escrutinio de los ajenos, pero con el insistente reclamo de los propios, como ocurre en Juntos por el Cambio y a esta altura famoso “reglamento interno”.

Hacemos por Córdoba, en tanto, se navega por aguas turbulentas. A veces más, a veces menos. Hasta entrada la mitad de año, el bergantín oficialista se movía con tranquilidad aparente, sin mayores sobresaltos. Esto alentaba dos cuestiones clave: la posibilidad de una transición lo más controlada posible que, a la vez permitiera al capitán, Juan Schiaretti, aventurarse a otra empresa. Mucho más ambiciosa: la siempre presente, y también siempre eventual, candidatura presidencial.

Más que por virtudes ajenas, las defecciones de los propios abrieron la puerta de una serie de conflictos internos impensados para el cordobesismo que busca exportar al país bajo diversas muletillas como “salir por arriba de la grieta”.

Todos goles en contra

Fue en agosto donde empezaron a observarse las primeras fisuras bajo la línea de flotación, como las muertes de bebés en el hospital Neonatal y el hackeo al sistema informático judicial. 

El segundo caso, un “hackeo ramsonware” clásico, obligó a desempolvar el soporte en papel durante dos semanas para la tramitación de expedientes, además de las demoras que se registraron en el servicio de justicia. 

Fue el primer caso que puso en los medios nacionales la gestión del gobernador, más allá de las explicaciones e investigaciones iniciadas de parte de la Unidad de Ciberdelito.

Pero fue el primer episodio el que realmente obligó a la escudería del Panal a desperezarse y mostrar la capacidad de control de daños. A punto tal que Diego Cardozo fue eyectado del Ministerio de Salud. A su lado también hubo una renovación de la plana mayor de del nosocomio. La causa judicial sigue su curso, con una enfermera detenida, y el constante reclamo de madres damnificadas. 

Lejos estaría de ser una situación más. Cardozo era también una de las caras visibles de gestión de la pandemia. Con un fuerte perfil político, subió varios enteros en la consideración de “los propios” que en algún momento lo pensaron como un potencial actor central en el pos-schiarettismo. 

A principios de año, a sabiendas de que se trataba de su último tramo el Panal, Schiaretti intentó mostrar una imagen de gestor y estadista. Sin mayores sobresaltos, el resquebrajamiento emergió desde adentro, protagonizado por encumbrados dirigentes de su riñón.

Renovación de Gabinete y derrota en Marcos Juárez

Desde entonces, la sucesión de errores no forzados obligó al gobernador a mostrar una imagen inédita, renovando su gabinete como nunca antes. A la salida de Cardozo le siguió la de Nora Bedano, en la Agencia Córdoba Cultura, y la de Alfonso Mosquera, en Seguridad.

A diferencia de Cardozo, ambos encontraron refugio en la Unicameral, un ambiente contenido sin tanta exposición. Al cierre de esta nota, Mosquera se aprestaba a declarar en el juicio por el asesinato del adolescente Blas Correas por balas policiales. Con soberbia, ensayó una defensa de su gestión. Otro capítulo de incierto final.
Mientras surfea entre dos juegos, el mandatario provincial apela a la vieja receta para enfrentar nuevas versiones conflictos que muestran problemas que venían incubándose desde hace tiempo.

Estricto silencio y cirugía mayor sin levantar demasiado la voz. Lo suficiente para que se sepa quién manda. De las malas noticias, mejor olvidarse rápido y que sean anunciadas por las segundas líneas.

El 11-S o Kilómetro 0 de Marcos Juárez también mostró otro escenario inédito. El de la falta de tacto y lectura política. Tras birlarle a Verónica Crescente a Juntos, la holgadísima victoria de Sara Majorel se volvió en contra. Aunque sobre el final de la campaña el propio Schiaretti advirtió que se trataba de una elección municipal, el desembarco de la flota oficial de una de las ciudades más ricas del país gestionó un clima triunfalista en Hacemos por Córdoba. El “viandazo” electoral significó un pase de facturas interno a Juan Carlos Massei, ministro de Desarrollo Social y sindicado como el ideólogo de la fallida jugada. Con la cintura de años, Schiaretti bancó al hombre de Monte Buey, pero al mismo tiempo evitó la responsabilidad directa de la derrota.

Conflicto en Salud y el siniestro de González

A la enumeración de episodios le faltan los dos de más “candente actualidad”: el prolongado conflicto en la Salud, con un levantamiento generalizado de trabajadoras y trabajadores del sistema, y el siniestro vial protagonizado por Oscar González.

El impacto de este último obús pegó fuerte en el “cordobesismo en general” y no sólo en Hacemos por Córdoba ya que puso sobre la mesa un tema tan sensible como la corrupción y el mal manejo de los fondos públicos de parte de la clase política local. La discrecionalidad en la entrega de vehículos judicializados y el control afectan directamente a la imagen impoluta que con mucho esfuerzo intentan mantener desde el Panal. En este caso, el salvoconducto fue una gira por Asia y Europa. Justo cuando el panorama comenzó a tomar temperatura. Final abierto, tercera parte.

Un epílogo impensado

A principios de año, a sabiendas de que se trataba de su último tramo el Panal, Schiaretti intentó mostrar una imagen de gestor y estadista. Sin mayores sobresaltos, el resquebrajamiento emergió desde adentro, protagonizado por encumbrados dirigentes de su riñón.

Esto sirvió para que parte de la oposición recogiera el guante. Las elecciones de medio término fueron un anticipo moderado que envalentonó a quienes buscan ponerle fin a 25 años de Hacemos por Córdoba.

Sin embargo, más allá de la “rosca”, hay números que no admiten discusión y que son las principales grietas. El principal es el de la tasa de desempleo. Según el Indec, en el segundo trimestre alcanzó el 8,7% en el Gran Córdoba, la más elevada de todo el país. Además, es el aglomerado con la segunda mayor tasa de subocupación: 17,2%.

De manera correlativa están las cifras de la pobreza: el 40% de la población del Gran Córdoba es pobre y el 9,9%, indigente. Ambos casos por encima de la media nacional. Y finalmente la deuda: al 31 de octubre es de 392.457 millones de pesos. Del total, el 96,8% está en moneda extranjera. Demasiados cabos sueltos.

  

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 285

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