Al tiempo que baja la desocupación, también lo hace el consumo masivo

Ed Impresa 23/09/2022 Por Facundo Piai
En los últimos meses se generaron más empleos, pero el poder adquisitivo muestra una baja preocupante. Los trabajadores informales son quienes más pierden.
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El alza de los precios comenzó a superar los aumentos promedio de los salarios formales a partir de julio. Ilustración: Leandro Cirico

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Especial para La Nueva Mañana

La economía cerró el primer semestre casi un 7% más robustecida que en la primera mitad del año pasado. Por tanto, el nivel de actividad económica acumula 16 meses en alza en la comparación interanual. Buenas cifras cuando se mira para atrás por el espejo retrovisor, en donde se reflejan tres años recesivos (del 2018 al 2020), más la recuperación del año pasado tras la pandemia. Sin embargo, cuando se mira hacia adelante, el panorama es más complejo. Se prevé que el año termine con una expansión económica de cuatro puntos, por tanto, se espera un estancamiento de la actividad en los meses restantes. 

Además, un fenómeno que inquieta al Gobierno se advierte en esta dinámica: la asimetría de los ingresos. Y otro aún peor, la perdida de poder adquisitivo de los ingresos por la escalada de los precios. En este sentido, dados los saltos de julio y agosto, se espera una inflación del 95% para este año, siempre y cuando los próximos meses sean a la baja. De este modo, el alza de los precios comenzó a superar los aumentos promedio de los salarios formales (en blanco) a partir de julio. Es decir, si bien los trabajadores de algunos sectores logran empatar y otros hasta le ganan a los precios, en líneas generales están perdiendo 1,4% de poder adquisitivo. 

Por su parte, los trabajadores informales pierden más al no contar con la paritaria como respaldo. En consecuencia, se observa una mengua en el consumo masivo de 2,6% en los primeros ocho meses del año, según relevamientos de la consultora Focus Market. Caída que no se comprende sin tener en cuenta las subas promedio de todos los alimentos que llegaron a 80 puntos en el último reporte de Indec, superando en 1,5% a la inflación general. Inclusive, también subió por arriba de la inflación el precio de la canasta básica. Ese set de alimentos con los requerimientos nutricionales elementales que sirve para medir el umbral de la indigencia y también pobreza.

Sin embargo, la demanda que hasta el momento se mantiene firme es la de bienes durables. Los electrodomésticos, artículos electrónicos y hasta vehículos acumulan números positivos en ventas. Todo parece indicar que en un escenario de alta inflación quienes tienen capacidad de ahorro, lo hacen en bienes durables, frente a la restricción para acceder al dólar oficial. Asimismo, es de esperar que este consumo también se planche por el encarecimiento del crédito (salvo el de televisores, de gran demanda los años de mundial de fútbol). Si se apaga esta turbina de la economía resta ver la repercusión que tendrá en el nivel de actividad en lo que resta del año y, más aún, cuánto condicionará a la economía del 2023.

El trabajo “en negro” crece a mayor velocidad que el registrado

Parte de los vaivenes que vemos en el consumo se corresponden con el mercado de trabajo en donde conviven realidades muy disímiles. Por un lado, el último reporte laboral de Indec muestra que la desocupación se mantiene baja en la población económicamente activa (Córdoba reportó la tasa de desempleo más alta del país). En efecto, la cantidad de trabajadores que cobran un salario crece. Pero si ponemos la lupa sobre este ítem vemos que mientras el porcentaje de asalariados con descuento jubilatorio (empleo “en banco”) se mantiene estable, aumenta el porcentaje de asalariados no registrados, aquellos que lo hacen “en negro”.  

En el mismo sentido, las estadísticas del Ministerio de Trabajo dan cuenta que el sector privado aumenta la oferta de empleo. Sacando el trabajo público y el cuentapropismo, el empleo asalariado registrado crece desde enero del 2021, acumulando 18 meses consecutivos de expansión. Lo cual significa que, en estos meses, 350 mil personas en situación de desempleo, inactividad o informalidad laboral, se incorporaron a un puesto de trabajo registrado en empresas privadas. La expansión de la oferta de trabajo del sector privado siempre es un buen síntoma económico. No obstante, de lo anterior se desprende que, si bien en recuperación, el mercado laboral no absorbe lo suficiente ¿se estanca?.

Canasta © NA

La mano de obra argentina se abarató en dólares

Respecto a los asalariados, hay otro fenómeno que inquieta a parte del Gobierno, un factor común a todas las realidades del mercado laboral. El salario mínimo vital y móvil medido en dólares es de los más bajos de la región. Algunos lo consideran una ventaja competitiva para atraer inversiones, mientras que otros una falta al contrato electoral ya que prometieron recomposición salarial y consumo. Lo cierto es que, entre devaluaciones y un proceso inflacionario de larga data, el salario medio perdió un 40% en dólares, según un informe de la Universidad Austral y Romano Group.

En la industria del metal y la maquinaria, por ejemplo, de gran incidencia en la recuperación de la industria, los trabajadores perdieron alrededor de un 20% en dólares (de acuerdo al mínimo global del 2015 y 2022). En el mismo sentido, se advierte una contracción dentro de los salarios en dólares de un sector con un perfil definidamente exportador como es el minero. Junto al hidrocarburífero, la explotación minera es uno de los sectores emblema para el gobierno en su afán de generar divisas explotando la potencialidad de los recursos naturales. De este modo, la explotación de minas y canteras muestra variaciones positivas en su empleabilidad desde hace 19 meses.

Sin embargo, aún no alcanzó su máximo de contrataciones que data del año 2015. Los últimos relevamientos del mes de junio se encontraban por debajo en un 3% de aquel valor máximo. Con todo, el sector exportó 3.557 millones de dólares en el 2015, cifra que sería superada este año. En donde, sólo en los primeros siete meses del 2022 ya lleva exportando u$s2.209 millones, entre oro litio y otros minerales, según un informe oficial. Las proyecciones son al alza, el presidente de la Cámara de Empresarios Mineros dijo a la agencia Télam que proyectan cerrar el año con exportaciones cercanas a los u$s4 mil millones. 

De lo anterior se desprende que con menos trabajadores que hace siete años, el sector minero genera más dólares. Y no solo eso, según un reporte de Montamat & Asociados, durante el primer trimestre (en promedio) los mineros argentinos cobraban 2.904 dólares, siendo hoy la remuneración bruta promedio apenas superior a los dos mil de la moneda norteamericana. Es decir, si bien el sector tiene una buena performance y se trata de uno de los salarios más altos de la estructura productiva argentina, la masa salarial del sector es más reducida que hace siete años atrás. 

Si bien la salida de la crisis económica impone una agenda de resoluciones, junto a los problemas que enfrenta el equipo económico, con una industria que empieza a perder impulso por falta de dólares para importación, aquel es un debate latente en la alianza gobernante.

 

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 277

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