El BCRA comienza a acumular dólares soja que repercuten en las reservas

Ed Impresa 16/09/2022 Por Facundo Piai
Aún así, los especialistas señalan que la inflación se mantiene elevada. La estabilidad cambiaria aún no se nota en los precios internos.
Massa Georgieva © NA
Sergio Massa junto a la titular del FMI, Kristalina Gueorguieva, durante su visita a Washington. Foto: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

A juzgar por los resultados, el tipo de cambio diferencial que el Gobierno le otorgó al agro está logrando su propósito. La soja retenida comenzó a venderse e ingresan dólares a las arcas del Banco Central. La mejora de un 40% a la cotización que perciben los productores de la oleaginosa que vendan en septiembre está traccionando los despachos. Al tratarse del principal complejo exportador del país, sus decisiones son determinantes tanto en el ingreso como en la escasez de divisas. 

Desde la implementación de la medida, hace dos semanas, ya se generaron ingresos por más de 2.300 millones de dólares. Lo que significa que, sacando feriados y fines de semana, en poco más de siete días hábiles se obtuvo la mitad del objetivo para septiembre. Para tomar dimensión, en las terminales portuarias del Gran Rosario (donde se despacha el grueso de la producción agropecuaria del país), el flujo de camiones trasladando soja pasó de 4.860, antes de la medida, a 8.873 con el “dólar soja” operativo. Dentro del gabinete económico hay satisfacción por los resultados de una de las primeras medidas de importancia anunciada por Sergio Massa. 

Los más optimistas deslizan que la comercialización de soja en septiembre podría superar los 5 mil millones de dólares acordados con el complejo agroexportador. Por lo pronto el ingreso de divisas permite al Banco Central acumular reservas y consolidar la tendencia compradora, condición para despejar cualquier expectativa de corrida. Con una batería de medidas que incluye además del ya mencionado “dólar soja”, un incremento del ritmo de las microdevaluaciones y aumento de la tasa bancaria, el equipo económico logró reducir la brecha entre el tipo de cambio oficial y las versiones paralelas.

La brecha se consolida esta semana en torno al 90%, una diferencia alta, pero sustancialmente menor al récord de fines de julio cuando la diferencia entre el dólar blue y la cotización oficial llegó a ser de 170%. De esta manera, se evitó devaluar de un tirón con una “medida de coyuntura” que está logrando lo que se proponía, destacó a este medio el economista José María Rinaldi. Armaron para la exportación “tipos de cambio múltiples”, algo similar “a lo que hizo el peronismo en 1945”. Este tipo de cambio especial para la soja, no obstante, “beneficia” especialmente “a los grandes acopiadores que especularon con la cosecha”, enfatizó.

Rinaldi, quien también se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Córdoba, señaló que “la parte mala” del dólar soja es que tendrá efecto en los precios. Con el agravante de que “cuando vuelva al tipo de cambio comercial oficial (en octubre), los precios no van a retrotraerse. Nunca se han retrotraído en Argentina, y no hay mecanismos regulatorios institucionales para que eso ocurra”. Por tanto, “empeorará la situación inflacionaria” que para el economista tiene una base anual de 90 puntos porcentuales. Este es el “laberinto económico” en el que nos encontramos, con una suba de precios que “quita competitividad al tipo de cambio multilateral”, para corregir el Central acelera las minidevaluaciones, lo cual también “termina presionando sobre los precios internos”.

El laberinto en que está la economía

En efecto, por venta del agro y menor importación estacional de energía, pues el invierno quedó atrás, el Central logra recuperar sus reservas. En cada ronda que la máxima autoridad monetaria consolida la tendencia compradora despeja la expectativa devaluatoria. Sin embargo, esto no está trayendo serenidad en los precios internos que continúan en tendencia alcista. Sin contar los meses de julio y agosto (hasta el momento, los más inflacionarios del año), durante el primer semestre los ingresos sufrieron la corrosión de las subas. Según reportes oficiales, los trabajadores del sector privado registrado tuvieron aumentos que permitieron igualar, apenas, la inflación acumulada. Contrariamente, tanto empleados públicos como los trabajadores informales pierden frente a la inflación, estos últimos mucho más. 

Esta distorsión de los precios carcome el poder adquisitivo de los ingresos, poniéndole un tope a la expansión de la actividad vía demanda. La principal víctima de las subas fueron los artículos de consumo masivo que ya empezaron a tener menos rotación por una caída en su demanda.  Según un relevamiento de la consultora Focus Market, en 670 puntos de todo el país, durante agosto las ventas tuvieron una contracción fuerte de 7% en la categoría de consumo masivo. Mientras que, en los primeros ocho meses del año, la contracción acumulada fue de 2,6%.

A todo esto, uno de los artículos de los considerados esenciales tuvo fuertes aumentos y dificulta su comercialización, repercutiendo, posiblemente, en su volumen de ventas. Se trata del aceite que llegó con aumentos de 125% al sector comercial minorista. “A este precio exorbitante será muy difícil colocarlo en nuestro mercado, teniendo en cuenta que una botella de 1,5 litros se posicionará en torno a los mil pesos”, dijo a este medio Vanesa Ruiz del Centro de Almaceneros de Córdoba.

Las dificultades para hacerse de este alimento no son un problema novedoso. El conflicto bélico en Europa del Este significó que Rusia y Ucrania (los principales productores de aceite de girasol del mundo) se bajen del mercado. La estrechez de la oferta hizo subir el precio el precio internacional del producto. Estas distorsiones aún no se resuelven en el mercado local.  “Desde hace tiempo que venimos con la entrega cuantificada, y desde julio se produce abastecimiento limitado por parte de las grandes aceiteras. Costó muchísimo conseguir aceite de girasol para julio y en agosto y septiembre no se normalizó del todo”, sostienen los almaceneros cordobeses. 

Si bien la industria aceitera sostiene que la distorsión de los precios no se da en las fábricas, Vanesa Ruiz denunció que “estas mismas industrias secaron al mercado de abastecimiento de aceite de cocina”. Además, reveló que las aceiteras con capacidad exportadora buscan incrementar los despachos al exterior generando desequilibrios en el mercado interno. “Actualmente, en exportaciones estamos en el cuarto lugar a nivel mundial y, dicho por los propios representantes de la industria, pretenden lograr el tercer puesto”, cerró.

 

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 276

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