Los claroscuros económicos de otro año signado por la pandemia en Argentina

Ed Impresa 07/01/2022 Por Facundo Piai
Lo que dejó el 2021. Inflación, nivel de actividad, tipo de cambio y empleo: es clave conocer cómo resultaron estas variables para comprender qué puede ocurrir en este 2022.
El presidente Alberto Fernández participa en la exposición que realiza el ministro de Economía, Martín Guzmán, sobre las negociaciones con el FMI ante los gobernadores y sus representantes 2.
El presidente Alberto Fernández participa en la exposición que realiza el ministro de Economía, Martín Guzmán, sobre las negociaciones con el FMI ante los gobernadores y sus representantes.

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Especial para La Nueva Mañana

El brindis de fin de año dejó al 2021 en el pasado y, por tanto, en condiciones de ser auscultado con mayor precisión en toda su longitud. Enero suele ser un mes de comienzos, recreos y, también, de balances. Así, para hacernos una idea sobre lo que podría devenir en este 2022, es clave conocer cómo resultó la parábola económica durante el año, en base al comportamiento de sus principales variables. Inflación, nivel de actividad, tipo de cambio y empleo, arrojaron diferentes resultados y se espera que tengan (para bien y para mal) un efecto arrastre. 

Desde Casa Rosada esperaban una expansión económica de 5,5% para el año que pasó. En el transcurso del 2021, el equipo económico mejoró las proyecciones a 7 puntos porcentuales de aumento del producto bruto, “como base”. Promediando el cierre del año, basado en relevamientos auspiciosos de Indec, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estimó una recuperación del 10% del PBI, tras la recesión de la coronacrisis. En sintonía, el último informe oficial sobre nivel de actividad (que permite anticipar las tasas de variación del producto interno bruto) muestra que entre enero y octubre el indicador acumuló un ascenso de 10,4% interanual.

Asimismo, el instituto que dirige Marco Lavagna reportó que, en tres cuartas partes del año, el PBI acumuló una suba interanual de 10,8%. Si bien aún hay que esperar los últimos informes oficiales que lo precisen, la información disponible nos permite afirmar que hubo una recuperación significativa. A las luces, el repunte se sostuvo transcurrido el primer semestre del año en comparación al 2020. Inclusive, los niveles de actividad económica superan a los registrados en años precedentes a la pandemia, ubicándose por debajo del 2018 en solo un 1%. 

Una reestructuración de deuda exitosa llevaría certidumbre a la economía y despejaría, en parte, las tensiones cambiarias.

En la mejora de la actividad se destaca la participación de la industria, la construcción, el sector minero, el comercio mayorista y minorista, junto al impulso que tomó en los últimos meses la actividad hotelera y gastronómica. Además, el sector externo también aportó lo suyo. De acuerdo al último relevamiento del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), las divisas de la agroexportación llegaron a 32,8 mil millones de dólares. Se trata del récord de liquidación anual desde comienzos de este siglo. Con estos indicadores, las proyecciones menos auspiciosas del mercado estiman una expansión económica de solo 2,5% para este año. En otras palabras, advierten un estancamiento real de la actividad; solamente un rebote pronunciado en el 2021 que por la magnitud de la recuperación tendrá efecto arrastre en el 2022.

Contrariamente, desde el gobierno interpretan que la recuperación es consolidada y esperan que el PBI se expanda 4%. Si la performance de la economía concluirá más cerca del 2% o el 4% dependerá del tipo de cambio y del acuerdo con el FMI. Pues una fuerte devaluación repercutiría en el poder de compra de la población dificultando que la economía se sostenga por vía de la demanda. Consecuentemente, en una economía en donde el consumo representa alrededor del 70% del PBI, cualquier sofocón en esa turbina repercute en el nivel de actividad. Asimismo, una dilación en las negociaciones para reestructurar la deuda obligaría al gobierno a desprenderse, entre enero y marzo, de aproximadamente USD 4.000 millones por vencimientos. Algo que debilitaría las reservas líquidas del BCRA y tensionaría al tipo de cambio. Contrariamente, una reestructuración de deuda exitosa llevaría certidumbre a la economía y despejaría, en parte, las tensiones cambiarias. 

Si bien muchos economistas alertan sobre la escasez de reservas del Banco Central, no pocos sostienen que los agrodólares traerán tranquilidad. Estas proyecciones tienen sus fundamentos. Ocurre que la buena performance de la cosecha fina es un bálsamo a la espera de la soja y el maíz que también es esperada con ansias. Como dijimos, la liquidación de divisas de la agroexportación fue récord en el año (en el 2021). Asimismo, los 2,6 mil millones liquidados en el mes de diciembre también fueron la mayor marca para un último mes del año. Por otro lado, la producción granaria proyectada para la campaña 2021-2022 es superior a la de los últimos años, de acuerdo a información estadística de la Bolsa de Comercio de Rosario. La superficie sembrada de maíz aumenta y el rinde de la soja por hectárea es mayor al de otras campañas. 

Solo se recuperó el 75% del empleo formal destruido por la pandemia

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En la mejora de la actividad se destaca la participación de la industria, la construcción, el sector minero y el comercio mayorista y minorista. (Foto: NA)

El repunte de la actividad también repercutió en los niveles de empleo. De acuerdo al último informe (septiembre) sobre los asalariados públicos, privados e independientes, la cantidad de personas con trabajo registrado en el total país alcanzó a 12,224 millones. Esta cifra es superior a la del mismo mes pero del 2020 en alrededor de 360 mil trabajadores. Estos niveles superan al empleo registrado antes de la pandemia. Inclusive superando los registros del segundo semestre del 2018, pero por debajo de los reportados antes a la megadevaluacion del 2018. 

No obstante, si ponemos la lupa sobre los números finos del mercado laboral vemos que lo que más aumentó fue la cantidad de monotributistas. En efecto, se trata de trabajos precarios, con remuneraciones que rozan la subsistencia. Por su parte, el empleo registrado en empresas privadas aumenta, pero a un ritmo mucho más lento. De acuerdo a estimaciones del Ministerio de Trabajo, el empleo privado lleva once meses consecutivos de crecimiento. Así, entre noviembre del 2020 y septiembre del 2021 el empleo formal incorporó a 141 mil personas. Lo cual significa el 75% de los puestos de trabajo asalariado del sector privado destruidos durante la coronacrisis. 

A todo esto, el 31 de diciembre concluyó la prohibición de despidos injustificados. Un pedido de gran parte del sector privado que señalaba a la doble indemnización como uno de los obstáculos para generar nuevas contrataciones. Sin embargo, las prohibiciones nunca estuvieron previstas para la incorporación de nuevos trabajadores. Estas penalizaciones solamente valían para preservar  las contrataciones celebradas con anterioridad a la pandemia y el decreto que declaró la emergencia laboral tras la cuarentena. En efecto, a las luces de los informes de Indec y Empleo se advierte que algunos sectores están más activos con menor dotación de personal (caso de minería y agricultura). Por tanto, hay preocupación por como pueda responder el sector privado frente a la discontinuidad de las prohibiciones en un año en donde no se avizora un crecimiento de dos dígitos como fue el 2021.

El dólar, la inflación y el FMI

 El ministro de Economía, Martín Guzmán, mantuvo hoy un encuentro en Washington con la ratificada titular del FMI, Kristalina Georgieva
El ministro de Economía, Martín Guzmán, saluda a la titular del FMI, Kristalina Georgieva.

Sin dudas, el principal problema que presentó la economía fue el desboque de los precios que concluirá el año con alzas entorno al 50%. De acuerdo a la inflación de diciembre (aún no publicada) veremos cómo resultó la marcha entre precios y sueldos, que a septiembre llevaba la delantera el salario real en 2,8%, en comparación con mismo mes pero del 2020. Es de esperar que los salarios no pierdan contra la inflación, pero esa magra ventaja sobre los precios permitirá recuperar tan solo una exigua parte del poder adquisitivo perdido durante los últimos años. 

Así las cosas, llama la atención la contundencia de la suba de precios cuando el tipo de cambio oficial no sufrió una brusca devaluación. Es decir, con una inflación de más de 40 puntos porcentuales la cotización de la divisa norteamericana se depreció alrededor de un 20%. De lo anterior se desprende que el equipo económico utilizó al tipo de cambio como ancla inflacionaria y no tuvo éxito. Por tanto, este año tiene menor margen para recurrir a la misma estrategia sin que esto signifique un atraso en la cotización de la divisa que termine afectando a las exportaciones y generando una disputa con el establishment económico. 

Además de que el precio de la moneda predilecta por los argentinos para resguardar valor no sufrió grandes subas, el Gobierno sobrecumplió la pauta de déficit fiscal y redujo la emisión. Para el corriente año se espera que la política económica continúa transitando la mesura fiscal, por tanto, se esperan actualizaciones en las tarifas de luz y gas, tras dos años de congelamiento. Así, de no lograr segmentar los subsidios energéticos de acuerdo a los ingresos de los usuarios, el aumento de los servicios repercutirá en el ingreso del grueso de la población. 

Todo parece indicar que el rol de la Secretaría de Comercio será más activo este año en busca de atacar la dispersión de los precios y las subas injustificadas. Esta semana el equipo económico representado por: Martín Guzmán, Matías Kulfas, Miguel Pesce y Roberto Feletti se reunieron con representantes de las principales multinacionales alimenticias. Desde el Gobierno sostuvieron en la reunión que el FMI avala el acuerdo de precios con las empresas en el que trabaja el secretario Roberto Feletti. Según trascendidos, desde el Palacio de Hacienda sostienen que el Fondo reconoce que erró en el plan económico de la renegociación del 2018 por intentar atacar la inflación solo con políticas monetaristas, prescindiendo de otros instrumentos que coordinen expectativas.

 

 

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