Indicios de recuperación y las amenazas latentes

El consumo empieza a levantar, traccionado por políticas fiscales expansivas, contención de la crisis sanitaria y ayudado por la desaceleración de la inflación. La capacidad instalada se sostiene robusta.

Ed Impresa 20/08/2021 Facundo Piai
Consumo ©NA
La aceleración de la actividad y la recuperación de la economía en lo que resta del año dependen por sobre todas las cosas de aspectos exógenos a lo estrictamente económico. (Foto: NA)

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Especial para La Nueva Mañana

Como destacan diferentes relevamientos, el consumo revirtió la tendencia contractiva que venía mostrando y recuperó algún porcentual. Entre otros, así lo demuestra el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), que señala una expansión interanual de 11,4% de las ventas minoristas pyme en el mes de julio. Traccionada por la flexibilización de las restricciones, el aguinaldo y las transferencias del Estado a las familias, principalmente, la demanda se recompone. En consecuencia, el 73% de los comercios consultados experimentaron un alza en sus ventas; cuando en el mes de mayo, menos del 20% evidenciaba un andar positivo. En efecto, en el séptimo mes del año, el comercio minorista consolida la recuperación registrada en junio, tras un comienzo de año inestable. 

Sin embargo, pese al repunte relevado, las ventas minoristas pyme aún permanecen por debajo de las registradas en el 2019. De todos modos la recuperación de julio no parece ser solo un fenómeno pyme. De acuerdo a la consultora Scentia, que analiza unidades comerciales de diferente superficie, el consumo masivo creció cerca de dos puntos porcentuales, tras 15 meses contractivos. El informe concluye que el aumento obedece, principalmente, a un incremento del volumen de ventas de las grandes cadenas, que evidenciaron una expansión de 5,4%. Mientras que, por otro lado, los autoservicios y comercios de proximidad sufrieron una contracción  de 1,4%. Los más optimistas rescatan el recorte de la contracción de los comercios pequeños que en el mes de junio sus ventas habían caído alrededor de seis puntos porcentuales.

 A juzgar por los datos de consumo del Día de las Infancias, todo parecería indicar que en agosto la demanda continuó tonificándose. Las ventas de las jugueterías superaron en poco más de un 10% a las unidades vendidas en el 2019, según dio a conocer la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ). Desde la entidad que representa a 3.500 comercios y 180 unidades fabriles explicaron que los programas de financiación del consumo fueron un puntal clave para traccionar la demanda. Tras un 2018 y 2019 crítico para el sector por las devaluaciones que encarecieron el crédito, deprimiendo tanto a la oferta como la demanda, la renovación del Programa Ahora 12, con tres, seis, 12 y 18 cuotas, animaron las ventas de juegos y juguetes.

Por su parte, el uso de la capacidad instalada es otro indicio que evidencia relativa recuperación, ratificando el buen desempeño que muestra la industria conforme apacigua la crisis sanitaria. Dentro de ella, por la estrecha ligazón que mantiene con la actividad comercial, especial atención merece el rubro papel y cartón, que en junio se mostró por arriba de la media al emplear el 72% de su capacidad. En gran medida, tanto el papel como el cartón son insumos utilizados para envolver mercadería, almacenarla, etc. Por los diferentes eslabones de la actividad comercial.

Las variables antes mencionadas tuvieron algún efecto en la oferta de empleo, de acuerdo al último informe del Instituto de Trabajo y Economía (ITE) que concluye, retomando publicaciones oficiales, que el empleo asalariado fortalece su recuperación. En los primeros cinco meses del año, el empleo registrado acumula 84 mil puestos de trabajo nuevos, siendo abril el mes de mayor crecimiento intermensual, en donde se crearon más de 40 mil puestos. En las publicaciones del empleo registrado de junio, julio y agosto, se sabrá si las restricciones aplicadas durante la segunda ola hicieron mella en la recuperación del empleo formal. 

Por lo pronto, tanto los informes oficiales como el Indicador Mensual de Actividad del ITE evidencian que en junio el nivel de actividad se mantuvo en sintonía con lo que venía mostrando. Es decir, que la actividad económica experimentó un amesetamiento en torno a los niveles registrados antes de la pandemia. La aceleración de la actividad y la recuperación de la economía en lo que resta del año dependen por sobre todas las cosas de aspectos exógenos a lo estrictamente económico. Se trata del ritmo de inmunización y su contracara, el aumento de los casos de Covid-19 y las restricciones a la circulación que puedan llegar a implementar los gobiernos, en caso de darse una tercera ola. Estos son los principales factores que preocupan tanto al Gobierno como a los actores de la economía. 

El flanco fiscal, por su parte, es un indicador clave en el trabajo de proyectar el nivel de actividad económica en lo que resta del año. En ese sentido, durante el primer semestre del año, el Gobierno sobrecumplió sus metas de gasto, finalizando con un déficit primario de 0.5% del PBI, siendo uno de los gastos más moderados de un primer semestre de los últimos años. Por lo tanto, teniendo en cuenta las tendencias que se advierten de otros ejercicios fiscales y de los años electorales, es de esperar una política fiscal más expansiva en los próximos meses. Todo indica que así será. Según el último informe de ejecución presupuestaria emitido por el Congreso, en los primeros siete meses del año, el Estado ejecutó el 58% de lo planificado. Se espera mayor erogación en obra pública que dinamiza la actividad y se destaca por dinamizar empleo. Sin embargo, en lo que respecta a programas sociales ya se devengaron $2,65 mil millones en concepto de prestaciones sociales. Esto significa el 60% del presupuesto para el 2021.

El equipo económico del Gobierno ya explicitó que en los próximos meses liberarán más recursos fiscales, buscando traccionar el consumo por el lado del gasto público. De hecho, ya mostró una aceleración respecto al mes anterior. Desde el Gobierno confían en que tonificar el consumo desde la demanda permitirá acelerar la actividad, al representar el consumo  alrededor del 70% del PBI. Al mismo tiempo, al ser “pro cíclico” el sistema tributario, la expansión de la actividad permite asimismo tonificar los recursos fiscales. En efecto, diferentes consultoras estiman que el déficit primario terminará el año en torno a un rojo de 3,5% del PBI. Resta conocer como repercutirá la política fiscal agresiva en las principales variables de la economía durante el segundo semestre. 

 

 

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