Miramar: un recorrido por las maravillas naturales del mar cordobés

Turismo 18/02/2021 Por Vanina Boco
A punto de convertirse en Parque Nacional, la zona de la Laguna Mar Chiquita invita a descubrir su cultura y su ecosistema, único en la provincia de Córdoba.
Miramar © Vanina Boco00001

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Especial para La Nueva Mañana

Tal como se vive en un pueblo a orillas del mar, así se siente estar en Miramar. La sal que se percibe en todo el cuerpo, las palmeras, las diferentes embarcaciones, la gastronomía, las aves playeras y, como broche final, la vista de atardeceres soñados cayendo en el horizonte. Un combo increíble si pensamos que estamos en el centro del país, sin salida al océano. Pero cuando decimos que Córdoba tiene paisajes para todos los gustos, sin dudas, uno de los lugares que lo confirma es Miramar.

Situada al noreste de la provincia, la ciudad se ubica en las márgenes de la laguna Mar Chiquita, que es una de las más grandes de Latinoamérica. Cuenta con una extensión de seis mil kilómetros cuadrados y es un espejo de agua salada en medio de la llanura cordobesa. La laguna recibe afluentes de tres ríos: el Río Primero o Suquía, el Segundo o Xanaes y el Río Dulce. Y así da vida a un ecosistema variado y valioso, que la tiene en camino a ser el próximo Parque nacional de la provincia. 

En busca de los flamencos

Todo esto hace que el turismo de naturaleza sea uno de los más explotados de la localidad, y son muchas las opciones que ofrecen los prestadores: recorridos en lanchas y gomones, paseos en kayaks, avistaje de aves en distintos puntos de la laguna y hasta un barco pirata, que le aporta colorido a los clásicos itinerarios.
Sin dudas, todas las propuestas son atractivas y hay para entretenerse por varios días. Conviene alternar cada jornada con la estadía en la playa y las actividades que permiten conectarse con la historia y la naturaleza del lugar.

Para arrancar mi estadía comencé con el barco pirata, una embarcación de dos plantas con la típica bandera de huesos y calavera incluida. El recorrido que propone es bastante completo y me dio una impresión general de la laguna y de sus principales referencias turísticas: el Gran Hotel Viena, la torre del Hotel Copacabana, la Colonia Müller y los restos de edificaciones que quedaron sepultadas en las sucesivas inundaciones que sufrió la ciudad.

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En estos distintos puntos, siempre fuimos en busca no solo de la historia, sino de los afamados flamencos, que tanto se repiten en sus postales. El primer encuentro con las aves del lugar es con las gaviotas, emblemas de todas las playas. Cientos de estas se levantaron juntas de su reposo en el agua, dando una bienvenida que parecía ensayada. 

Ya frente al Hotel Viena, pudimos ver a los flamencos rosados (parinas australianas) que son una de las tres especies, de las seis que hay en el mundo, que llegan a esta laguna. Estudios realizados hace un año revelan que en Mar Chiquita viven unas 300 mil de estas aves, siendo el lugar con más flamencos australes del continente americano.

Pasando el Hotel Viena se encuentran los restos de una colonia de vacaciones llamada Colonia Müller, donde se puede ver otra de las postales recurrentes de Miramar: los esqueletos de árboles "pintados" de blanco en su base, debido a la sal de la laguna. A este lugar también pude visitarlo por tierra, por la misma calle que lleva al Hotel, unos kilómetros más adelante siguiendo los carteles que dicen “Al Oratorio de la Virgen del Valle”.

El paisaje parece desolador: edificios en ruinas, los árboles muertos y un suelo en el que se mezcla lo blanquecino de la sal con el fondo resbaloso de un barro entre negro y verde oscuro. Más de uno que, como yo, haya ido en busca de la “foto perfecta”, habrá experimentado la sensación de enterrarse en una superficie que parecía no tener fin.

La unión de la laguna salada y el río Dulce

Otra de las excursiones interesantes para hacer es ir en lancha hasta la desembocadura del río Xanaes. Allí se puede ver claramente la línea divisoria entre el agua dulce, de color marrón, y la salada de la laguna, de tono más claro. 

En este recorrido también se llega hasta las márgenes del Mirador de las aves Lomas de los Indios, donde se puede encontrar una gran variedad de aves como chorlitos, flamencos, gaviotas, biguás, patos, teros, cisnes blancos y hasta cisnes de cuello negro. 

Este mirador, al que también se puede ir por tierra, queda a unos seis kilómetros de la localidad; conviene pedir asesoramiento en la oficina de Turismo porque el camino tiene varias bifurcaciones. La visita es súper recomendable y hay que acercarse a la playa para poder ver bien a las aves.

Por último, les recomiendo tomarse unos minutos para ir a la costanera a contemplar el atardecer. Cerca del tanque de agua del antiguo Hotel Copacabana, hay áreas con bancos dispuestos exclusivamente para no perderse este maravillo espectáculo natural que nos ofrece el sol perdiéndose en la laguna. 

Miramar no solo tiene esta belleza natural, sino también una historia particular que arranca con la llegada de alemanes que abrieron complejos turísticos con distintos fines, y que está muy marcada por las sucesivas inundaciones que sufrió a lo largo de su existencia. Con todos estos componentes vale la pena aprovechar el verano para hacerse una escapadita y conocer las maravillas del mar cordobés.

Miramar © Vanina Boco00003

 

 

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