El desafío de conservar el patrimonio natural y cultural de Ansenuza

Suplementos 20/11/2020 Por Mónica Hernández
Mientras avanza el proceso de transformación en parque nacional del gran humedal que rodea a la laguna Mar Chiquita, en el noreste cordobés, se trabaja en la forma de encarar la protección del ambiente y la actividad humana en ese espacio.
Ansenuza 3 © Facundo Rivarossa
(Fotos: Facundo Rivarossa)

Suple 25 - Vida Sustentable XV
 

El proyecto de elevar a la categoría de Parque Nacional al humedal que rodea a la laguna Mar Chiquita logró el aval político e institucional de importantes sectores apenas se conoció que en 2017 el Gobierno de  Córdoba y la Administración de Parques Nacionales acordaron crear dos áreas protegidas. Una ya se transformó en el Parque Nacional Estancia Pinas, en Traslasierra. Ahora resta que se finalicen las cuestiones administrativas y legales para que el área denominada “Mar Chiquita y Bañados del Río Dulce” siga ese camino. Las versiones más optimistas hablan de que esto puede ocurrir antes de fin de año.

En este tiempo se constituyó un equipo interdisciplinario que trabaja en los términos legales y técnicos para la creación del futuro parque. Esa Unidad Ejecutora está integrada por funcionarios provinciales, organismos nacionales y ONG’s.

Para la creación de un Parque Nacional en la Argentina es necesario que la Legislatura provincial  sancione una ley cediendo la jurisdicción ambiental al Estado Nacional que deberá aceptarla mediante ley del Parlamento.

La gestión del patrimonio natural

El Observatorio Hidrometeorológico, un organismo transversal y de servicio creado por la Provincia de Córdoba, organizó el mes pasado la charla sobre “El desafío de la conservación participativa en la laguna de Mar Chiquita”, donde se abordó la problemática desde la perspectiva de la gestión territorial y las formas en que los pueblos eligen gobernar sus recursos naturales. Estas acciones tienen consecuencias en la calidad de vida de los pobladores y la sostenibilidad de las economías.

Un equipo interdisciplinario se refirió al desafío de la conservación participativa como forma de estudiar las complejidades que presenta la región de Ansenuza, que tienen que ver tanto con lo natural como con los asentamientos humanos allí instalados desde hace milenios, probablemente. También tienen que ver con décadas de producción rural, sobre cómo se toman las decisiones y cómo intervienen los ciudadanos en esos procesos. 

Ansenuza © Facundo Rivarossa
(Fotos: Facundo Rivarossa)

Distintas miradas

Desde la Dirección Regional de Parques Nacionales se tienen distintas miradas sobre el tema pero con el mismo objetivo, que es la conservación del patrimonio natural de los argentinos desde las distintas jurisdicciones, que son las provincias donde existen los parques nacionales. En tal sentido se apunta a conservar valores naturales y culturales, la biodiversidad, y los ecosistemas donde el hombre está incluido. 

“Nuestro rol es asistir a las áreas protegidas y construir políticas públicas en materia de conservación, que no es solo proteger la flora y fauna sino generar espacios para los acuerdos participativos necesarios a los fines de poder conservar los ecosistemas, tanto puertas adentro de los parques nacionales como hacia afuera de ellos, pues eso depende  de nosotros”, comenzó aclarando Facundo Fernández, biólogo integrante del equipo de trabajo.

Una laguna muy particular

En tanto, el geólogo Rodolfo Diego Foglia resaltó que “la laguna de Mar Chiquita es la de mayor superficie de Argentina y una de las más importantes de América”.

En lo referente a la superficie el especialista consignó que “es tan variable, por lo que también se torna variable la salinidad, que va de 360 g/litro de sal, como fue a principios del siglo XX, a 25 g/litro durante la creciente de 2003, que fue la más alta registrada; y como referencia suele tener entre 30 y 35 g/litro normalmente y es una de las razones por la cual se torna tan particular”. 

El sistema completo de la laguna es un humedal de 1.000.000 de hectáreas en la parte que corresponde a la provincia de Córdoba, a lo cual se le debe sumar la superficie que ocupa del territorio de la provincia de Santiago del Estero. 

En el 2002 fue declarada Sitio Ramsar, lo que significa que se le otorgó importancia internacional. Un humedal es un área terrestre saturada o inundada de agua estacional o permanente, siendo el agua el principal controlador del medio, y la vida vegetal y animal asociada a ello. 

El Mar de Ansenuza es la cuenca endorreica más grande de Argentina ya que tiene una superficie de 127.000 km2. Existen varios tipos de humedales, entre ellos, los ribereños, y los tributarios de la laguna, que son los ríos Suquía, Xanaes y Dulce. 

Las nacientes del río Dulce están en el límite de las provincias de Tucumán y Salta, a 4.500 metros de altura, y drena a la laguna a 69 metros. El principal aporte hídrico a la laguna lo realiza  ese río, con el 80% de la masa que ingresa a la laguna; mientras que el río Suquía, el curso de agua que pasa por la ciudad de Córdoba, es el que menos caudal aporta.

Los tres ríos atraviesan ciudades importantes, lo que implica que llevan un alto nivel de contaminación y en toda el área de la cuenca existe producción agropecuaria e industrias. Por todo ello el área a proteger va a ser consecuencia de lo que se haga o no en todo el recorrido.

Ansenuza 6 © Facundo Rivarossa
Biodiversidad única

El área donde se desarrolla la laguna es en el Chaco seco, en el límite con el espinal, y la distribución espacial de la diversidad y de la vegetación está condicionada por dos variables: la salinidad del suelo y la frecuencia de inundación que recibe, a su vez condicionadas por el relieve. 

La vegetación del territorio va desde el bosque chaqueño hasta las praderas bajas, cuyos pastizales son de mucha importancia para la ganadería local.

El sitio, a su vez, es mundialmente conocido por las aves que lo habitan, con más de 300 especies, 60 de ellas migratorias, siendo que el 70% de ellas están en esa zona.
También hay 30 especies de mamíferos, 16 de anfibios, 27 de reptiles y 50 de peces. Lo que se trató, también, fue la conservación y control del castor y del pejerrey.

Trabajo con los pobladores

La asistente social Laura Melano, quien trabaja en la Dirección de Delegación Centro de Parques Nacionales, y representantes del Registro de Poseedores vienen trabajando en la definición del parque nacional, realizando un reconocimiento del territorio. “Muchas veces pasa que más allá de que podamos ver mapas y de acercamientos, no es lo mismo estar in situ, es decir observar el modo de vida, cómo se producen y qué es lo que opinan los pobladores”, indicó la asistente social. 

“Dentro de las estrategias territoriales tenemos algunos puntos como, por ejemplo, participar en equipo, con biólogos, antropólogos y trabajadores sociales, donde se aúnan criterios. Conocer el territorio, reconocer su valor cultural-histórico del recurso natural y darle valor de conservación y defensa, es la prioridad”, agregó Melano.

El objetivo de estas acciones es, por sobre todo, valorar el trabajo que viene haciendo el campesino y que realiza prácticas que no se contraponen con la conservación; además de empoderar a las organizaciones para el ejercicio de sus derechos y lo que significa que los pobladores sean parte de una reserva.

“Las relaciones que se han establecido entre la naturaleza, las prácticas, los modos de ocupación de los ancestros, sobre los que tenemos como diversas miradas, intencionalidades y objetivos en esos procesos participativos en los cuales pensamos conservarlos en esa área protegida. Trabajamos también con el Registro de Poseedores, donde se realizó un reconocimiento interesante del territorio que muchas veces pasa que decimos desde las diferentes disciplinas que, más allá de que podamos ver un montón de cosas finas, con mapas se valora el trabajo que viene trayendo ese campesino que vive en lugares muchas veces olvidados y que son inhóspitos porque realizan una práctica que no necesariamente se contrapone con la conservación, por ello hoy estamos trabajando como ONG en la sostenibilidad y conservación del patrimonio cultural a largo plazo”, añadió.

Ansenuza 7 © Facundo Rivarossa

Zona norte y sur del espejo de agua

En 2019 el Programa de Comunidades y Pobladores realizó un relevamiento en estas zonas que, por ser diferenciadas desde el punto de vista de los modelos productivos de acceso a la tierra, se dividieron en norte y sur, respecto de la ubicación del Mar de Ansenuza.
La norte abarca a Isla Larga, Los Pozos, Campo Marull, El Zapallar Sur, Pozo Verde, Campo Alegre, Laguna La Paulina, oeste del río Dulce, La Rinconada, Los Eucaliptus, Cardones Altos, Isla Verde, Puesto del Medio, Las Tortugas, Los Espinillos, Mojón de Fierro y La Correntina. La zona sur incluye a Balnearia, La Para, Marull y Miramar.

   

   

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