Elecciones en pandemia: los primeros exámenes de cara al 2021

Analistas y armadores miran a Río Cuarto como caso testigo de la pandemia y sus inmediatos resultados políticos. En el mundo, la mitad de las elecciones se pospusieron.
Llamosas - Abrile
Juan Manuel Llamosas; Gabriel Abrile.

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Desde su irrupción en el mundo, la pandemia por Covid-19 marca el pulso de la vida cotidiana en todas las áreas a nivel planetario. Entre ellas, naturalmente, la política. No son pocos los países alrededor del mundo que proyectan su porvenir en el horizonte mediante los procesos electorales que le permitirán elegir a sus futuros representantes. La democracia, entonces, continúa su camino, pese a la pandemia.

Un informe elaborado al cierre del primer semestre del 2020 por la Dirección Nacional Electoral, da cuenta que más de 60 elecciones fueron pospuestas en todo el mundo, desde el inicio de la pandemia; y hasta principios de julio, 41 países habían llevado a cabo procesos electorales.

En nuestro continente, los casos más cercanos en el tiempo son los de Bolivia, el pasado domingo, y Chile, que votará este fin de semana. Pero también República Dominicana, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Río Cuarto, territorios que pospusieron sus elecciones respecto de las fechas originales. Mientras tanto, Guyana, Surinam y San Cristóbal y Nieves las celebraron de acuerdo con su cronograma original, al igual que Brasil, que espera para noviembre realizar sus elecciones locales.

Más acá en el tiempo, un informe del Laboratorio Constitucional de la Universidad (chilena) Diego Portales (UDP) señala que “del total de elecciones postergadas, 23 de ellas ya se realizaron y en 33 de ellas no se definió una fecha específica para su  materialización. Como promedio, la postergación de los comicios fue de cinco meses”.

Río Cuarto, el caso testigo cordobés

Las elecciones en la Capital alterna de la provincia, desfasada del calendario de votaciones, representan la principal disputa electoral del año en la provincia posterior a las presidenciales. Río Cuarto suele ser un termómetro para los armados futuros o los vestigios de los últimos resultados nacionales y cordobeses. De hecho, en 2016, la victoria de Juan Manuel Llamosas representó un bálsamo para el peronismo tras la victoria de Cambiemos. En aquel momento, el resultado riocuartense había conseguido el efecto inverso, eyectando al radicalismo de una de las gestiones más grandes, entre las que administraba en el interior del país.

A comienzos de año, cuando efectivamente se lanzó la campaña electoral, el peronismo parecía “tenerla fácil” en el denominado Imperio del Sur. Luego de la experiencia de unidad que impregnó el ánimo del peronismo en casi todo el país luego de la victoria del Frente de Todos, la unidad en Río Cuarto no estuvo tan discutida, o por lo menos las diferencias se zanjaron con relativa simpleza. Pero llegó la pandemia y las cosas se complicaron. Así, la mirada sobre Llamosas fue cambiando al ritmo en que fueron modificándose las condiciones sanitarias y sus consecuentes decisiones políticas para enfrentar la pandemia.

Las elecciones estaban originalmente convocadas para el mes de marzo, pero tuvieron que ser postergadas para el mes de septiembre. La fecha elegida agarró a Río Cuarto en medio del brote de contagios más alto desde que comenzó la pandemia y con un regreso compulsivo a la fase más dura del aislamiento. La estrategia dio resultados, la ocupación de camas disminuyó, se logró reforzar la capacidad de respuesta del personal de salud y los contagios disminuyeron. No obstante  eso, el ánimo social fue desandando el camino inverso (como pasa en casi todo el país). Río Cuarto contabiliza alrededor de 7 mil contagios confirmados y uno de los territorios con mayor cantidad de casos desde el comienzo de la pandemia.

Luego de dos prórrogas, parece que nada va a evitar que los riocuartenses voten el próximo 29 de noviembre. El juego político que parece ya no querer seguir dilatando la discusión no sólo es observado con cierta expectativa por la oposición, corporizada en el candidato de Juntos por el Cambio Gabriel Abrile, sino por el propio justicialismo que volverá a disputar lecturas en base a un resultado que hoy se presenta incierto.

Por un lado, desde Hacemos por Córdoba no quieren que una eventual derrota de Llamosas sea leída a nivel nacional como un traspié del peronismo cordobés en su primera prueba electoral. Pero en esa clave también lo analizan muchos de los sectores del Frente de Todos que hoy se enrolan detrás de la figura del intendente que busca su reelección.

No está de más recordar que esa ciudad fue una de las elegidas para el proyecto nacional que buscaba descentralizar el poder creando capitales alternativas en todo el país. Esa idea, cuya ejecución también truncó la pandemia, también debe leerse en clave política, sobre todo luego de una disputa interna en la que la ciudad gobernada por Llamosas logró torcerle el brazo a Villa María. Es cierto que Martín Gill terminó ocupando un cargo en el Gabinete nacional, pero esa parece ser otra historia.

Lo que claramente se pone en juego en la última semana de noviembre tiene que ver con una realidad que se abre a partir de la llegada de la pandemia. ¿Puede el manejo de la pandemia tirar por la borda lo construido, desde la gestión y desde lo estrictamente partidario, a lo largo de cuatro años? Es lo que se preguntan por estas horas en las filas del peronismo, mientras esperan disputar las razones de la victoria y no las culpas del fracaso.

La interna radical, a marzo

Después de una disputa que viene estirando la conversación del 2019 en el seno del radicalismo, Mestre logró prorrogar su mandato hasta el 20 de marzo. Si bien las elecciones se realizarán el 14 de marzo del 2021, la estructura interna mantiene por estas horas intensos movimientos, ya que el plazo para la presentación de alianzas vence en poco menos de dos meses.

En ese lapso de tiempo, los referentes no sólo jugarán su suerte para definir un eventual sucesor de Ramón Mestre sino que también intentarán jugar sus cartas para un combo de estrategias que también contemplará la participación en los armados de listas para las elecciones de medio término.

Aunque el ex intendente parece tener a todo el grueso de referentes en la vereda de enfrente, sabe que mantener la presidencia del partido hasta momentos previos a la definición de las listas nacionales representa una ventaja. Pero hay otra realidad que lo obliga a repensar estrategias: todos los diputados radicales cuyos mandatos deberán renovarse responden a su nucleamiento interno. En ese sentido, Mestre ya sabe que en el armado definitivo, su poder se verá restringido.

Todo lo demás, parece negociable y, en algunos casos, mira más al Panal y al Centro Cívico que al Congreso de la Nación

 

 

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