Palabras prestadas: “La mirada encantada”

Cultura 10/01/2020 Por
Esta columna convida relatos breves, poemas, cuentos, postales mínimas. La invitación a una lectura tranquila y a aprovechar el tiempo del verano.
Libros
Lecturas de Verano.

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Especial para La Nueva Mañana

Con el verano, cada año, vuelven las vacaciones. Y vuelven un sinfín de vacaciones, las familiares, las de amigas, con paisaje de río, de mar o de ciudad. Las de patio con enredadera, en la casa de la nona o con los primos, esas llenas de infancia y filtros vintage. Vuelven las tormentas de repente, el calor intenso de ciudad, el olor a tierra mojada, a pavimento mojado, las nubes gordas sobre cielos azules, el tiempo de alguna manera detenido. Durante el verano el tiempo ralentiza, para darnos margen a sacar la cámara y tomar la foto mental que quedará después guardada en nuestros recuerdos para próximos años. 

En esta columna atravesada por enero -sea que nos toquen o no vacaciones-, les traigo fotos, postales, que bien podrían ser de veranos pasados, presentes o futuros. Convido el rato de lectura, mientras les paso un tereré bien frío y confío anden con el ojo bien atento, para capturar los mejores momentos/futuros-recuerdos de esta estación que acaba de empezar.

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Ayer nombraste tres constelaciones
la Cruz del Sur, Orión y los Leones.
Los vimos en la plaza,
enfrente de tu casa,
felices de empezar las vacaciones.

(“Poemas para leer en un año” de Horacio Cavallo)

Libros - Poemas para leer en un año

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Los tucu tucus / escriben en la noche / breves poemas de amor. / ¿Quién podrá leerlos?

(“Poemas de amor”, de Gustavo Roldán en “Bajo el burlón mirar de las estrellas”)

Libros - Bajo el brulón mirar...

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Los cuartos de la planta baja y la cocina dan a un patio de luz, donde hay un juego de jardín con cuatro sillas de hierro y un triciclo abandonado bajo la enredadera. Los vecinos y las visitas pueden cenar ahí. Irene prepara para él empanadas, tomates rellenos y pocos platos más. Si hace calor, sacan la radio al patio y escuchan. Ella repite ‘estupendo’ para todo lo que dice el locutor. La enredadera trepa, enamorada del muro, y extiende sus brazos al cielo.

(Fragmento de “El secreto del Suburbia”, de Emilia Casiva y Matías Lapezzata)

Libros - El secreto del suburbia

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Ver de reojo. / La vista engañada. / La vista perdida. / Hacer la vista  gorda. / Quién te ha visto y quién te ve. / Mal de ojo. / El visto bueno. / Ojo’e lince. / Ojo’e tigre. / Mirada de gato. / Ver o no ver. / Ojo avispado. / Ver si es así. / Ojo pictórico. / Ojo fotográfico. / Ver cómo son las cosas. / Ojos que no ven corazón que no siente. / Ver para creer. / Lo vi venir. / Le clavé la vista. / Veo veo. / ¿Qué ves? / Pegarle una mirada. / Visión de conjunto. / Nada que ver. / Mirada franca. / Verlo de otra manera. / La mirada encantada. / Ojo de agua.

(“Modos de ver / Ojo a la deriva” de Rodrigo Fierro en “Ojo de agua. Escritos de un fotógrafo”)

Libros - Ojo de Agua

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En la mañana de este mes de enero, viene / mi nieta a visitarme. Tiene tres años esta niña, / juntamos huevos en el gallinero después que canta / la gallina, les damos de comer a los conejos, / buscamos tomates en la huerta (sólo los rojos / o pintones) y encontramos una calabaza pequeña / y otra grande, ésta es la madre, dice. Cocinamos / después para el abuelo y en la tarde viajamos / en un barco de piratas. Ha encontrado un tubo / de cartón y me pide que llame a los marinos. / Sos pirata de mi barco, dice, y yo soy la capitana. / Yo grito ¡A estribor, mis marineros! / Y al servicio de Usted, / mi capitana.

(“En la cápsula del tiempo” dedicado a Preta, de María Teresa Andruetto, en “Poesía reunida”).

Libros - Poesía reunida

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Te sentís aireada y melódica como un teclado del piano si:
Observás el sol caer en el mar y contás los tonos de naranjas del cielo.
Buscás el reflejo de la luna en el lago.
Caminás esquivando las espinas de los cactus. Te animás y sacás una sin pincharte.
Levantás la cabeza y ves miles de aves sobrevolando las palmeras.

(Fragmento de “Música en la tierra”, de Esdian Boyadjian en revista “Intrépidas #7)

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Para cerrar esta columna nada más recordarles que en estas épocas el sol pega fuerte, no viene mal llevar encima siempre una botella de agua, andar por la sombra siempre que se pueda y llevar sí o sí un sombrero. Mejor si es así como este del cuento que sigue a continuación: 


Un día mi abuelo me trajo una caracola que tiene el ruido del mar encerrado adentro. Después me dijo que tenía otro regalo que era más mágico aún, y me regaló su sombrero. Es un sombrero bastante viejo y común, como mi abuelo, pero si uno acerca la oreja, te cuenta historias.

Son historias fascinantes, de lugares lejanos y tiempos remotos.

En ellas, a veces la abuela es joven y el abuelo le canta canciones de amor o le baja naranjas de las ramas más altas o pesca estrellas a las que bautizan antes de dejarlas ir. Otras veces se escucha el grito de un gol o pedacitos de películas en blanco y negro. Paseos en bicicleta. Olores a guisos. Atardeceres en puertos de Italia.
Yo estoy fascinado con el sombrero de mi abuelo. Tanto, que un día le pregunté dónde se enchufaba. Mi temor es que un día se quede sin historias y…

—No se preocupe, m’hijo —me respondió—. Ese sombrero estuvo en mi cabeza durante una pila de años. Es normal que se le hayan quedado enredados algunos de mis recuerdos más lindos. No creo que se quede sin historias durante el rato que vos tengas ganas de escucharlo.

Ahora soy un hombre grande que escribe cuentos para chicos. Tengo guardados en mi estudio la caracola y el sombrero, entre cajas con historietas y cables y fotos viejas, aunque hace muchos años que ya no tengo a mi abuelo.

Claro que lo extraño.

Pero me encanta cómo suena el sonido del mar cuando mi abuelo —y su sombrero— me cuentan historias de verdad.

(Fragmento de “El regalo de mi abuelo”, de Luciano Saracino en “Cuentos con Sombrero)

Libros - Cuentos cn Sombrero




 

 

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