Montañismo: una aventura, de Alta Gracia a la cima del Aconcagua

Sociedad 03/01/2020 Por
Tres aficionados intentarán coronar el techo de América practicando un montañismo consciente y autónomo de las empresas. “Vamos sin presión ni apuro”, relatan los protagonistas.

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Especial para La Nueva Mañana

En su libro “La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista”, el español Pablo Batalla Cueto propone practicar ese deporte de modo consciente y con los ojos bien abiertos, en contrapartida al modelo en auge: veloz, ultra profesional y plagado de productos de toda laya. Señala Batalla Cueto que “el capitalismo coloniza todos los órdenes de la vida y la sociedad. También lo está haciendo, para convertirlo en un negocio, con el montañismo. Pero más que en un negocio, también, a través de estas maneras de practicarlo, lo está convirtiendo en una correa de transmisión de sus valores, tales como el individualismo, la competición y el consumo”. 

Algo de ese espíritu, de esa filosofía que propone volver a las raíces es lo que impulsa a tres aficionados a este deporte a encarar una tarea titánica: el ascenso el cerro Aconcagua prescindiendo de apoyos económicos, guía, empresas que brindan servicios de alta montaña y porteadores que alivianen la carga.

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Aníbal Almada, es hoy encargado de un comercio, pero tuvo un pasado destacado en el fútbol amateur y el atletismo, en el presente se dedica al maratón de montaña por las sierras cordobesas.

La vida es sueño

“Hace años que vengo soñando con esa montaña. Apoyo la cabeza en la almohada y se me viene la silueta del Aconcagua. Creo que será esta vez”, confiesa Marcos Toscano. “El Tucu”, profe de las divisiones formativas de Belgrano, es el integrante más experimentado del trío: ya tuvo un intento en 2012, frustrado por el mal de altura, y luego escaló el Elbrús (Rusia) y el Kilimanjaro (Tanzania), en el marco de su proyecto para coronar las 7 Cumbres más altas de cada continente sin apoyos económicos. Declarado en 2018 “Deportista destacado de Alta Gracia”, él es claramente el líder natural de la expedición. 

Hace un año, quien escribe recibió un mensaje de texto. Era Toscano, a quien apenas había entrevistado alguna vez. “¿Querés acompañarme a Aconcagua?” decía el convite, como quien invita a tomar una cerveza o a jugar al fútbol. A partir de ahí fue una primera reunión, la incorporación del tercer integrante del equipo, la puesta en marcha de la expedición.

Completa el grupo Aníbal Almada, encargado de un comercio, con un pasado destacado en el fútbol amateur y el atletismo provincial, y un presente deportivo vinculado al maratón de montaña por las sierras cordobesas. Él es el más entrenado de los tres: acostumbra a correr horas y horas, decenas de kilómetros por día, aunque sabe que la alta montaña es otra cosa, y que será el cuerpo quien decida hasta dónde puede -o quiere- dar. “Creo que andaremos bien. Hemos planificado y estudiado bastante, planificamos todo lo necesario. Ojalá se nos dé”, manifestó.

De piedras está lleno el camino

Una expedición al cerro más alto de nuestra América no es algo barato. Los permisos de ascenso cuestan 7 mil pesos por persona, el servicio de mulas para transporte cotiza en dólares, los menúes iofilizados orillan los 500 pesos cada uno. En ese marco, y dada la situación económica imperante, es que la primera tarea del grupo fue la de armar un dossier con los datos básicos de la expedición y un presupuesto estimado. Una carpeta simple en busca de sponsors, que recibieron organismos oficiales y empresas, y que no tuvo ninguna respuesta. A pesar de que son contados los altagracienses que se animaron a intentar subir al Aconcagua, y más allá de alguna promesa incumplida, lo que primó fue el silenzio stampa. Sí apoyaron las familias y amigos, algunos medios de comunicación, un par de comercios pequeños y un gimnasio que dio pase libre para el entrenamiento. 

La adversidad no desanimó a los altagracienses, que durante todo 2019 se las ingeniaron –inclusive vendiendo tasas- para avanzar en la compra de equipo técnico, logística de alimentos y transporte y planificación de las distintas etapas de la expedición, que prevé ingreso al Parque Provincial Aconcagua, en Mendoza, este 2 de enero. El plan del grupo es aclimatar a la altura en Las Cuevas antes de intentar el ascenso por la denominada “Ruta Normal”, que pasa por distintos campamentos hasta coronar los 6.962 metros sobre el nivel del mar. Con destino de cumbre viaja con ellos una banderita que lleva pintadas las manos del Hogar Yinpeumaiyen, un mensaje por la inclusión. 

Amantes del deporte amateur, la filosofía de este trío es vivir la experiencia Aconcagua lo más despojada posible, en tránsito lento, con los ojos bien abiertos. Sin dejar huella, y sobre todo, sin presiones: “Si no es este año, será el otro. La montaña va a seguir estando ahí”, acuerdan. 

 

 

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