“Como cooperativa podemos negociar cosas que estando solos no se consiguen”

Más de 300 changarines forman parte de la cooperativa de trabajo del Mercado de Abasto de la ciudad de Córdoba. Entrevista con Miguel Ángel Cabrera, su presidente.
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"Trajimos la escuela primaria al Mercado porque muchos compañeros que no sabían leer ni escribir. Después el secundario" - Foto: gentileza.

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Miguel Ángel “Peco” Cabrera es el presidente de la Cooperativa de Trabajo El Abasto que agrupa a más de 300 changarines que trabajan en el Mercado de Abasto de la ciudad de Córdoba. Cabrera está jubilado desde hace cinco años, pero durante más de 30 años cargó al hombro la fruta y la verdura que se distribuye en supermercados y verdulerías.

El Abasto está en la ruta 19, en barrio Palmar, en el kilómetro 7,5. “Acá llega la fruta y la verdura desde donde se produce y desde acá se distribuye. Traen cítricos de Corrientes, tomates de Cruz del Eje, papas de Mar del Plata, chirimoya del Perú, bananas de Estados Unidos. Se hace venta al por mayor y menor. La verdura llega a las 10 de la mañana y a las 2 de la tarde se hace la venta. Es muy grande el Mercado, como el Parque Sarmiento”, contó Cabrera a La Nueva Mañana.

La Cooperativa nació en 2004 con ocho trabajadores. “Yo tenía trabajo en esa época, pero había muchos compañeros que se estaban quedando sin laburo y teníamos que hacer algo. Así formamos la cooperativa. Ahora, de los 600 changarines que hay acá, 300 forman parte de la cooperativa y seguimos incorporando compañeros para que tengan seguro, obra social, herramientas de trabajo. Empezamos a fabricar los carros porque estaban muy caros. Nos hemos capacitado y asesorado”, explicó el presidente de la cooperativa.

Y agregó: “Hay dos clases de changarines: uno es el que descarga de la mercadería cuando llega y la traslada a las cámaras frigoríficas donde las preparan, las maduran. Y el otro changarín es el que le carga la mercadería a los verduleros. Cada uno tiene sus clientes”.

Cabrera empezó a trabajar como changarín a comienzos de la década de 1990 “cuando empezaron a cerrar las fábricas y no había trabajo para elegir”, dijo. “Yo conocía desde chico este trabajo porque cuando tenía 8 o 9 años me llevaban al viejo Mercado de la calle Juan B. Justo. Ahora no es un trabajo tan duro como cuando empecé porque tenemos los carros en los que se cargan unos 20 bultos de 20 kilos cada uno por viaje. Antes había que cargar todo al hombro y una bolsa de papas pesaba 50 kilos. Yo quedé con un 82% de incapacidad: tengo la columna destrozada”, dijo Cabrera.

—¿Cómo fue el comienzo de la cooperativa?

—Fue duro porque ninguno sabía de cooperativas. Había muchas dudas. Había gente que venía del mercado viejo donde eran medio sinvergüenzas y la gente ya no creía en una cooperativa. Así que tuvimos que empezar de a poco, de boca a boca. Después a los compañeros los traíamos con hechos que íbamos logrando. Más adelante me di cuenta de que hacía falta educación así que trajimos la escuela primaria al Mercado porque había muchos compañeros que no sabían leer ni escribir. Después trajimos el secundario y el año pasado se recibieron 14 compañeros. Tenemos un aula para unos 30 alumnos donde vienen los maestros de la Provincia. Yo también terminé el secundario el anteaño pasado y me ayudó muchísimo. Se me hizo un poco difícil, pero lo logré. Después empecé a capacitarme en la universidad, en cuestiones de economía social y cooperativismo. Sigo haciendo cursos. Siempre hemos trabajado con la gente de la Secretaría de Extensión. Hemos agarrado mucha experiencia para manejarnos mejor

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La Cooperativa nació en 2004 con ocho trabajadores, hoy llegan a los casi 300 socios .Foto: gentileza

¿Cuáles son las ventajas de formar parte de una cooperativa?

—Estar en una cooperativa hace que podamos regular el trabajo, tenemos seguro de vida, seguro de accidente, bolsón navideño, mercadería, ropa de trabajo. Trabajando solo esas cosas no se consiguen. Son ayudas para el compañero. Se va incorporando gente más joven y se le va enseñando cómo es el sistema para que más adelante sigan ellos.

¿Cómo es la relación con los puesteros del Mercado?

—Somos una piedra en el zapato para ellos porque hay reglamentaciones que hizo Mestre padre, que al principio se cumplían, pero después se dejaron de lado. Queremos que se respeten para que el compañero changarín no pierda su trabajo. Por ejemplo, hay una que dice que el trabajador del puesto no puede cargar la mercadería al verdulero y los changarines son los que van al puesto, sacan la mercadería y se la cargan al verdulero para que cada uno tenga su trabajo. Ahora hay un acuerdo con la Municipalidad y la Cámara de Operadores para que la gente que está en negro en el puesto se la incorpore a la cooperativa y el trabajador tenga sus beneficios. Vamos haciéndolo de a poco. Otra cosa con la reglamentación es que si la gente no está en nuestra cooperativa (o en otra que hay) no los van a dejar entrar al Mercado. Como cooperativa podemos negociar entre todos. No pedimos nada que no nos corresponda. Ahora estamos negociando con los concesionarios un porcentaje de lo que se cobra a los vehículos cuando salen del Mercado.

¿Qué proyectos tienen a corto plazo?

—Queremos hacer dulces y licores. Para eso necesitamos poder sacar la mercadería antes de que la tiren a los contenedores, para poder darle a otras cooperativas que hagan ese trabajo. Dicen que esa fruta no se puede usar, pero es fruta buena. Se tiran toneladas de comida por día. También necesitamos apoyo para el secundario porque había un acuerdo con los puesteros que decía que a los empleados que quieran estudiar se le dé dos horas por día, pero no se está cumpliendo. Es semipresencial, no es mucho tiempo el que se necesita. Queremos también hacer un acuerdo con un instituto privado para que nos den capacitación empresarial. 

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