Ongamira y Los Terrones, historia y belleza natural cerca de Capilla del Monte

Turismo 25/10/2019 Por
Dos lugares con una singularidad única en la provincia donde las referencias históricas, el encanto de sus cerros y el misticismo se conjugan para deslumbrar a sus visitantes.
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En el año 2008, las Cuevas de Ongamira se convirtieron en la “Quinta Maravilla Natural de Córdoba. - Fotos: Vanina Boco

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Especial para La Nueva Mañana

Las formas caprichosas que puede crear la naturaleza, ya sea por factores como la erosión del viento o de la lluvia, se pueden ver en la zona de Ongamira y Los Terrones. Allí se levantan enormes sierras rojizas que surcan el horizonte con los perfiles redondeados de sus piedras. Sin duda, conforman uno de los paisajes más espectaculares de las sierras cordobesas. 

Estos dos lugares son de los atractivos turísticos más visitados de la zona de Capilla del Monte. Esta ciudad, que se encuentra a casi 100 kilómetros de Córdoba Capital, es el epicentro desde donde parten las excursiones que llegan hasta Ongamira y Los Terrones ya que se encuentran a pocos kilómetros de allí.

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 Fotos: Vanina Boco

Una maravilla llamada Ongamira

En el año 2008, las Cuevas de Ongamira se convirtieron en la “Quinta Maravilla Natural de Córdoba”, una distinción que obtuvieron a través de un concurso impulsado localmente.

Con sus 130 millones de años, esta zona surgió en el período cretácico y, posteriormente, fue el hogar del pueblo comechingón. Los guías que acompañan las excursiones hablan de que Ongamira fue  escenario de cruentas luchas con los conquistadores españoles, incluso hay versiones que indican que muchos de los originarios subían al Cerro Colchiqui –emblema de la zona– para quitarse la vida antes de caer en manos de los opresores. Todavía recuerdo esa historia que me contaron la primera vez que visité el paraje, no sé si fue real, pero hizo que mi recorrido cobrara otro sentido.

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Además del Colchiqui, Ongamira es un valle protegido por los cerros Pajarillo (1700 metros sobre el nivel del mar) y Áspero (1640 metros sobre el nivel del mar). El primero es conocido porque en uno de sus laterales tiene una gran circunferencia de color más oscuro que el resto de la vegetación y hasta fue atribuida a visitas extraterrestres en la zona. De este modo, Ongamira no queda afuera del misterio y la fascinación por la posible vida en otros planetas  o en otras dimensiones que envuelve a la vecina ciudad de Capilla del Monte.

Para ingresar a las cuevas hay que pagar una entrada en el parador que se encuentra al pie de las formaciones rocosas. Lentamente, el camino hacia las grutas te va sumergiendo en un ambiente más húmedo, donde predominan los tonos verdes de la vegetación y los rojos intensos de las piedras. Un pasadizo hacia la historia que transcurrió entre estos aleros de grandes dimensiones y de singular belleza.

A unos pocos metros de ahí, se encuentra la “Cueva del Indio” donde se pueden ver morteros que permiten aseverar que era un sitio frecuentado por los pueblos originarios.

También es posible acceder a un imponente mirador a través de una delgada escalera armada entre las paredes de piedras y en la que hay que sostenerse de un cable de acero. Un ascenso empinado para llegar al lugar donde la magnitud del paisaje recompensa ampliamente. La vegetación se cuela entre los cerros  de formas redondeadas y se puede pasar un largo rato buscando figuras en las piedras o admirando el vuelo de aves como los jotes, que nunca faltan en el cielo.

Una perlita del paseo por Ongamira es el Museo Deodoro Roca, un espacio donde se conservan distintos objetos que van desde pedazos de meteoritos a la auténtica máquina de escribir con la que el ilustre pensador cordobés redactó el manifiesto de la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918.

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Los Terrones

A unos 14 kilómetros de Capilla del Monte, por el mismo camino que lleva hasta Ongamira, solo tomando una corta desviación, se ubica el Parque Autóctono, Cultural y Recreativo Los Terrones.

Al igual que Ongamira, este sitio es otro conglomerado de formaciones de arenisca rojiza que se salen de lo común de la geografía cordobesa. Tantas son las formas que se pueden ver que hasta algunas ya se identifican rápidamente: “el plato volador”, “el camello”, “la bota”, entre otras. 

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 Fotos: Vanina Boco


Para ingresar hay que abonar una entrada y contratar a un guía. Es una condición necesaria contar con zapatillas con cordones para poder realizar el recorrido que es de baja a mediana complejidad.

Además de su atractivo natural y, seguramente influenciado por su cercanía con el Cerro Uritorco, en Los Terrones se promueve el turismo ligado a lo místico, como un recorrido nocturno por el “mayor triángulo energético de Sudamérica”, tal cual lo promocionan.

Estos dos destinos son de los que no pueden faltar en nuestra lista de viajes. Sus paisajes tan distintos a las serranías cordobesas, su riqueza histórica y cultural y esa intrigante influencia de lo energético, hacen que después de conocerlos, siempre se tenga ganas de volver.

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