
Surcando las huellas de don Ata

Especial para La Nueva Mañana
En la nota de la semana pasada iniciamos un recorrido por Cerro Colorado, esta pequeña localidad del norte cordobés que se encuentra a 160 kilómetros de la ciudad de Córdoba y que alberga una riqueza cultural y natural pocas veces vista en un solo lugar. Cerro Colorado es conocido, además, gracias a los versos de uno de los cantautores más trascendentes del país: Atahualpa Yupanqui.
Cautivado por el Cerro
Don Ata llegó a Cerro Colorado gracias al arte, pero no precisamente de la mano de la música: lo hizo con un camión en el que trasladaban un cine móvil. En cada pueblo, armaban una pantalla y cobraban unos centavos para ver la película de ambos lados de la tela donde se proyectaba. Luego de la función, ahí sí Don Ata agarraba la guitarra y cantaba algunas canciones y, para cerrar, se organizaba un campeonato de malambo entre los pobladores donde el que zapateaba mejor se ganaba dos pesos.

El pequeño paraje de tierra colorada y cerros de “piedras pintadas” –como solía llamarlo– lo cautivó y decidió volver. Su música comenzó a sonar en cada reunión familiar, en cada fiesta o encuentro entre la gente de la zona. Fue así que conoció al hijo de Eustasio Barrera, quien le contó que a su padre le gustaría escucharlo, pero que una parálisis le impedía moverse de su casa. Don Ata prometió ir a visitarlo y así lo hizo todas las tardes durante una semana. Entre mates y canciones nació esta amistad.
Los caminos de la música lo llevaron a alejarse de la zona durante algún tiempo y cuando regresó, Eustasio Barrera, sabiendo de sus deseos de construir un “ranchito” allí, le dijo que eligiera un pedazo de su tierra porque se lo quería regalar. Así comenzó a gestarse “Agua Escondida”.

Una casa con futuro de museo
A Don Ata le llevó mucho tiempo construir su casa, la fueron haciendo de a poco algunos pobladores que se abastecían con materiales de la zona. La vivienda se ubicó en una curva que hace el Río de los Tártagos y que está rodeada de cerros.
En el año 1989, el cantautor decidió convertir su casa en museo y solo se reservó una habitación para alojarse junto a su familia cuando regresaba de sus viajes.
La Casa-Museo queda a unos pocos kilómetros de la localidad y cuenta con un camino que se divide entre los que ingresan caminando y los que lo hacen en vehículo. Para ambos, la experiencia es distinta, pero igualmente bella.
El camino para los peatones nos lleva por un sendero verde que bordea el río, donde una pared de piedra acompaña el trayecto al otro lado del curso de agua. Hay un túnel natural que los arbustos fueron creando y una pequeña viga de cemento que sirve de puente para atravesar el río y así llegar a la gran formación rocosa. Unas flechas pintadas en las piedras guían hacia la casa que, desde lo alto, se puede ver cómo fue construida siguiendo el dibujo del agua. El paisaje elegido por Don Ata es de una belleza inconmensurable.

En el Museo, un guía invita a recorrer la vivienda y va explicando cómo se armó este lugar. Al ingresar, un retrato y la guitarra del músico dan la bienvenida. En las pocas habitaciones que tiene la casa, se pueden ver objetos e instrumentos de todas partes del mundo que le regalaban en cada una de sus giras, cuadros originales de artistas mundialmente conocidos, fotografías, escritos de puño y letra, y la habitación donde descansaba el músico, con su bastón apoyado sobre la cama y sus anteojos en la mesa de luz. Es importante aclarar que dentro del Museo no se puede tomar fotografías, por eso no están incluidas en esta nota.

Silencio inspirador
En el patio de la Casa, se encuentran depositadas las cenizas de Don Ata, junto a las de su amigo, el bailarín Santiago Ayala, conocido como “El Chúcaro”.
También, en las inmediaciones del lugar hay mesas y bancos para sentarse junto al río a escuchar sus sonidos, esos que “no siempre son los mismos, pareciera que la creciente los cambiara”, como decía Don Ata.

Atravesando un puente, se puede acceder al sendero El Silencio, el lugar que el músico elegía para caminar e inspirarse. Una verdadera paz se siente al llegar a este claro que solo tiene algunos árboles y arbustos más pequeños. Las letras de sus canciones pintadas en las piedras invitan a reflexionar sobre la profundidad de sus palabras.

Cruzando este predio, se puede acceder a un precipicio de piedra que permite ver, desde arriba, la forma en que el río va serpenteando entre piedras y plantas. También se puede bajar al curso de agua por un sendero menos transitado, pero que brinda otra perspectiva de la inmensidad del lugar.
Con todos los sitios de interés, con la belleza natural intacta –ya que forma parte de un área protegida–, con la tranquilidad y con su riqueza cultural, Cerro Colorado es un destino que no podemos dejar de visitar en estas vacaciones de invierno.
Datos útiles
En colectivo se llega con la empresa Ersa.
Valor de pasaje: 445 pesos.
En auto: tomar RN 9 Norte y en Santa Elena doblar a RP 21.
Casa-Museo Atalhualpa Yupanqui
Abierto de 10 a 18 horas
Valor de la entrada: 100 pesos
Cerro Colorado en Córdoba Turismo
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