
16 de septiembre, fecha patria mileísta
Sergio Tagle


Nada de lo ocurrido el 16 de septiembre de 1955 es ajeno a la moral del presidente. Ese día empezó la dictadura más represiva ocurrida en nuestra historia hasta la genocida del ’76. Fue precedida por un hecho inédito en la historia universal: el bombardeo a la plaza principal de un país por parte de sus propias Fuerzas Armadas. Ocurrió en defensa de las minorías privilegiadas, de los más ricos, y en contra de trabajadores y pobres. Es decir, todo marchó acorde al plan de este antecedente histórico del actual gobierno argentino.
EN NOMBRE DE LA LIBERTAD
La revolución del '55, con la libertad inscripta en su nombre, quiso extirpar de raíz lo que Milei considera una “aberración”: la justicia social. Que haya sido a través de una dictadura militar que derrocó a un presidente constitucional no inmuta su conciencia. Friedrich Hayek, uno de sus economistas austríacos preferidos y más citados, viajó al Chile de Pinochet y en 1981 declaró al diario El Mercurio: "Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal frente a un gobierno democrático carente de liberalismo (…) Durante esa transición puede ser necesaria una forma de poder dictatorial". En esto consistía exactamente el proyecto oligárquico e imperialista de aquel año: proscribir a Perón y a cualquier palabra o símbolo que lo evocara, mediante represión y dictaduras, hasta lograr la desperonización del pueblo argentino. Para que, después, “vote bien”. El golpe a Salvador Allende y “esa transición” fueron celebrados por el presidente argentino cuando la semana pasada asistió a la asunción de su par ultraderechista José Antonio Kast.
Terminar con la independencia económica, para Milei y su gobierno, bien puede ameritar, además, ejecuciones sumarias. Así lo demostró la «fusiladora», que, en el mismo año de la operación masacre de José León Suárez, decidió el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los multimillonarios, para la moral de Milei, son el sujeto histórico del proyecto político que ejecuta. Sus fortunas, afirma, son el reverso de miserias planificadas para facilitar la acumulación de sus ganancias. Es lo que hace su gobierno con la conciencia tranquila: la alienación ideológica presidencial dicta que, en rigor, son benefactores sociales. La magnitud de sus fortunas sería directamente proporcional a la felicidad del pueblo y a la grandeza de la nación que provocan sus megarriquezas.
REDISTRIBUCIÓN REACCIONARIA DE LA RIQUEZA
La Libertadora aplicó una receta drástica para transferir ingresos desde los trabajadores hacia el sector agroexportador, actual beneficiario de las políticas oficiales junto a la minería, el negocio energético y las finanzas. Para el resto, sobrevida, hambre literal y muerte por omisiones provocadas por la motosierra. Estas ocurren en rutas abandonadas en nombre del superávit fiscal, por la quita de medicamentos a jubilados y enfermos de cáncer, y por suicidios de endeudados que toman esa decisión ante el terror provocado por usureros.
Raúl Scalabrini Ortiz escribía en ese pasado lo que ocurre en este presente: «Estos hombres no han venido a restaurar ninguna libertad (…); han venido a rearmar el viejo país de los pocos, a devolver las riendas del poder a quienes siempre consideraron a la Argentina como una estancia particular (…) Otra vez el capital extranjero presentado como mágico curalotodo... De nuevo las recetas de la dependencia presentadas como la única salvación posible».
Arturo Jauretche llamaba “colonización pedagógica” a lo que Milei, Agustín Laje y Nicolás Márquez nombran como «batalla cultural»: «La colonización pedagógica es la sustitución del pensamiento propio por el ajeno. No se trata de dominar por la fuerza de las armas, sino por la fuerza de las ideas, haciendo que los propios nacionales piensen el país con los ojos y los intereses del extranjero (…) La zoncera consiste en un principio introducido en nuestra formación intelectual como un axioma, y con la apariencia de una verdad evidente, cuya función es impedir que el argentino piense las realidades de su país a partir de su propia experiencia».
PASADO Y PRESENTE
El 16 de septiembre de 1955 representa el violento cierre de un ciclo de justicia social, derechos laborales, bienestar colectivo, soberanía política y económica iniciado por el peronismo. Al mismo tiempo, fue el comienzo de un período de dictaduras, proscripción, explotación del pueblo y entrega del patrimonio nacional que marcarían las siguientes décadas de la historia argentina.
La Revolución Libertadora tuvo un brutal prólogo el 16 de junio de ese mismo año, 1955. El bombardeo a Plaza de Mayo fue el mayor acto de terrorismo de Estado y violencia oligárquica de la historia argentina hasta ese momento del siglo XX.
Cada gobierno tiene su “política de la historia”, conformada por hechos y personalidades del pasado cuya continuidad postulan expresar. El presidente afirma que la decadencia argentina comenzó hace más de un siglo, un recorte temporal que coincide con la sanción y entrada en vigencia de la Ley Sáenz Peña, cuando el pueblo, sin fraude que se lo impidiera, decidió empezar a votar proyectos disonantes con el programa del bloque de clases dominantes. Peter Thiel, en su ensayo La educación de un libertario, fundamenta por qué la libertad y la democracia no son compatibles. Milei suscribe con fanatismo a esta corriente de pensamiento. Afirmar que el 16 de septiembre puede ser incorporado al calendario de fechas patrias del gobierno nacional es simple constatación del pasado en el que abreva el presente gubernamental.



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