
De la gorra de Fidel a la mano de Trump

La festiva recepción de súper Trump al plantel del campeón de fútbol Inter Miami, encabezado por su capitán, nuestro alabado “Pulga”, indignó y/o alegró a medio mundo según cada anteojera ideológica que se tenga. Mientras la dupla del israelí-sionista con su gran socio guerrerista americano producen escombros y muerte en Medio Oriente, las sonrisas de Messi y sus amigos argentinos en la Casa Blanca, impactaron en la genitalidad de media humanidad progre y sensible.
Las comparaciones fluyeron instantáneas con Diego Maradona, inevitables y lógicas. Sin embargo, está bueno parar un poco la pelota. Hubo de todo en las “reacciones” en red y en cadena. Resurgieron idealizaciones, facturas, desencantos, aplaudidores y condenas al por mayor. Embroncados, rabiosos y una variante novedosa, los nuevos desencantados con el crack rosarino. Entre los defensores de Messi, hasta le facturan a Maradona haberle dedicado en 1979 el triunfo a Videla del Mundial Juvenil de Japón.
El hecho ocurrió efectivamente en el siguiente marco: Al final del partido, el relator “el Gordo” Muñoz, el “hombre gol” del Proceso”, tenía en el aire a Videla y logró que éste saludara en vivo por radio Rivadavia a Menotti y a Diego, la estrella del torneo. A ambos Videla colmó de elogios, a lo que el DT y Diego agradecieron. El chico de Argentinos Juniors expresó para todo el país: “Es un orgullo que tengamos la felicitación de nuestro presidente, este triunfo es para usted y para todos los argentinos…”. Desde Japón sonaba la vocecita de un Diego “imberbe” que había debutado en Primera tres años antes, en el oscuro año 1976 justamente. Después Videla recibió a la delegación campeona del mundo y allí un episodio fue contado por Diego años después. “Videla me dijo que me tenía que cortar el pelo, fue muy botón y vigilante…”
El Pelusa y la Pulga son comparables en muchos aspectos dentro de la cancha, pero si se comparan sus respectivas “cabezas”, modos y costumbres, no tienen nada que ver. Son dos polos opuestos, y ambos pertenecen a épocas diferentes, con una diferencia de edad de veintisiete años. Nunca tuvieron semejanzas, salvo en el arte explícito de sus piernas y botines de oro.
Diego conoce al Comandante
Hacer memoria: en 1986, siendo flamante campeón del mundo en México, Diego, con 26 años, era recibido en Cuba por el mismísimo Fidel Castro. Fue su bautismo político, (que junto a su mujer, hijitas, madre y alguna pariente más) conocieron al líder cubano a 26 años de una Revolución todavía fortificada bajo el manto de la Unión Soviética, poco antes de su desplome.
De aquel inédito encuentro –pergeñado y producido por los periodistas deportivos Pablo Llonto (Clarín) y Carlos Bonelli (La Razón), Diego salió gratamente impresionado. Fue famosa la fotografía de él con la famosa gorra verde oliva de Fidel como souvenir. Y Fidel, de 60 años recién cumplidos, se quedó con una camiseta albiceleste autografiada por el 10. El mítico mandatario se mostraba complacido de recibir al pibe campeón de Villa Fiorito. Campeón que había derrotado a la poderosa Alemania en la final y eliminado a Inglaterra en cuartos de final.
Sondeando por arriba la trastienda del encuentro, nos encontramos con que Diego se resistió bastante a viajar a Cuba ante el riesgo de ser “usado políticamente”. Y puso la condición de ser acompañado por la rama femenina de su familia. El objetivo era recibir un premio al deportista más destacado del año, otorgado por la reconocida revista Prensa Latina de Cuba. Lo de entrevistarse con Fidel surgió días después, finalmente concretado. En charlas telefónicas Diego le contaba a su amigo LLonto que lo sorprendía que en las calles habaneras “no hubiera pibes descalzos”, y que era tratado muy bien, cuidando que su intimidad no sea invadida.
Corolario: tras esa experiencia, Diego elevó su prodigiosa pierna izquierda al mismo hemisferio de sus ideas políticas. De ahí hasta su muerte (25 de noviembre de 2020) Diego jugó siempre en el campo nacional y popular, como muy pocos casos en el mundo al tratarse de una estrella global.
El sucesor rosarino
Trescientos sesenta días después de la obtención del mundial de México, (el 29 de junio del ‘86, mitad del gobierno de Alfonsín) en Rosario nacía Lionel Messi. Madrugada del 24 de junio del ‘87 (año de las “felices pascuas”, de “la casa está en orden” y de las fatídicas leyes de Obediencia Debida y Punto Final).
El recién nacido era el tercer hermanito de una madre dedicada a la crianza de sus hijos y de un padre asentado como empleado en la poderosa Acindar, la emblemática siderúrgica de Villa Constitución, a 60kms de Rosario, donde había escalado a inspector de control de calidad. El matrimonio con dos hijos y el nuevo pichón aún no tenía casa propia en Rosario.
Quien sería el celebrado heredero del Diego de Fiorito, al poco tiempo empezará a descollar en las inferiores en Newell’s, hasta dar el gran salto al Barcelona FC, del Paraná al Mediterráneo, única entidad que podía pagarle un delicado tratamiento para su tardío crecimiento hormonal. Ahí empezaba una nueva leyenda, la de la “Pulga”, que a nivel selección logró el ansiado título de campeón mundial recién treinta y seis años después que su admirado antecesor, en Qatar 2022.
Ya con 39 años y con una trayectoria imponente, Lionel se consagró campeón con el Inter Miami en diciembre del año pasado. Integra el club desde 2023 y lo llevó a obtener el primer trofeo en la Liga Americana de Soccer.
Esto lo llevó a la polémica recepción con súper Trump, produciendo un shock mundial, en el marco de una situación de ofensiva criminal a cara de perro por parte de Estados Unidos, que incluye Venezuela, Irán, Palestina y donde Cuba también se encuentra en la mira.
Comparaciones
Se entienden, hasta cierto punto, las comparaciones de Messi con Maradona. Los dos bandos del mundo las han reactivado con una notoria tirria ideológica.
Puedo decir que en Maradona y Messi hay dos culturas de época muy marcadas. Maradona, de cuna y corazón peronista, es hijo de la democracia post dictadura. Messi un hijo de la misma democracia que hizo implosión en 2001, pero que un año antes, con 13 años, debió irse del país para no regresar nunca más como residente.
Son carreras totalmente disímiles; mientras Messi desarrolló la totalidad de la suya en Europa, y ahora en EEUU, Diego la empezó en el país y la terminó igual (Argentinos-Boca-Newell`s-Boca), algunos años en España y varios en el Nápoles, ciudad dónde tiene la estampa de patrono de la ciudad.
Agreguemos que Messi es un lejano testigo de la post política, ahora en un contexto de extrema derecha regional y mundial que tiende a expandirse y agravarse hasta quien sabe cuándo. Contrariamente, Diego fue tomando posiciones combativas, incluso en la era Menem con quien mantuvo una relación pendular. Con la llegada del kirchnerismo en 2003 y el cambio de época regional, con la revolución bolivariana y el influencer número 1, el comandante Chávez, Diego permaneció encolumnado bajo esas banderas.
En tanto Messi, con sus actuales muy bien llevados 39 años, siguió los pasos del primer rey, Pelé, que terminó su reinado en el Cosmos de Nueva York tras el mundial de México 70. El desembarco de o’rey en un ignoto club neoyorquino, junto a otros astros del momento, pretendía introducir y propagar el fútbol en Estados Unidos, el coloso del capitalismo que nada sabía de caños, sombreros y gambetas.
La llegada de Messi a Miami, un estado históricamente contrarrevolucionario y nido del exilio anticastrista (los hermanos Mas, dueños del Inter, son hijos de Mas Canosa, un empresario referente del anti castrismo en el exilio).
Su proyecto es convertir dicho enclave en un polo industrial de la pelota, con fuerte ascendencia argentina. En semejante proyecto, Messi es llamado a ejercer como un mesías del fabuloso negocio. “Queremos que Lionel sea el inspirador de la futura generación de futbolistas norteamericanos”, dijo el inglés David Beckham en CNN.
El socio de los hermanos Mas en el Inter, constituye junto con Messi el eje de su mega producción, que ya logró un éxito rotundo al coronarse campeón en diciembre del 2025.
Es notable que Messi no solo conduce en la cancha, sino que oficia de “asesor de contrataciones”. si nos fijamos en Rodrigo de Paul, en su amigo del Barsa, el uruguayo Luis Suárez y en el mismo DT Javier Mascherano, también ex Barsa.
Siempre ídolos, siempre distintos
Diego, tras su alejamiento del fútbol, tuvo una irregular trayectoria como entrenador, que incluyó una experiencia en la selección con una temprana eliminación en octavos de final tras paliza alemana (0-4).
Antes había sostenido una bravísima lucha contra el consumo de droga que lo había puesto al borde del colapso. Ahí apareció el amigo Fidel ofreciendo su sistema de salud revolucionario donde Diego se hizo atender con resultados nunca tan satisfechos como los deseados.
A diferencia de Diego, Messi es reservado políticamente. Solo se le recuerda, sí, que en 2014 recibió a Estela de Carlotto para sumarse a una campaña por la restitución de los nietos, antes del Mundial de Brasil de 2014. Digamos que, sobre todo, la “Pulga” es un prolijo “apolítico”. Si Diego fue el “Dios sucio” Lionel es el Dios limpio. Cultivador de la imagen de buen pibe, buen marido, buen padre y profesional disciplinado, sin trasnoches ni derroches. Estos atributos pesaron para que la cúpula del Inter de Miami lo contrate por millones siderales.
Está claro que Diego fue un militante político y que su heredero no, con su presente y su futuro inmediato ligados a lo empresarial.
¿Síntomas de épocas?
Si bien inorgánico, en cada declaración pública Diego tomaba partido. Con los jubilados, con los docentes, con los trabajadores en general, con las Madres, con las Abuelas. El summum fue su presencia en Mar del Plata, cuando acompañó la Contra Cumbre contra el ALCA y desde el escenario, invitado por Chávez, dijo ante un estadio repleto: “Los argentinos tenemos dignidad, echemos a Bush” (el Trump de aquél momento). También tomaba posiciones contra la cúpula de FIFA, contra Mauricio Macri y contra todo dónde él sabía que había una parcela de poder operando. Su prohibición de ingreso a Estados Unidos también fue otra señal contundente.
Salvo alguna rareza, es posible que Messi continué su vida en Miami atendiendo la cantidad de negocios relacionados al fútbol y otros vinculados a su lujosa cadena de hoteles top y reconocidos restaurantes de la milanesa.
“El fútbol tiene fecha de caducidad y quiero prepararme para cuando me toque. Me interesa lo empresarial y de a poco voy aprendiendo”, dijo en un Forum en la ciudad que lo idolatra.
Está claro que Messi no es Diego, Diego no es Messi, que son incomparables, salvo por el fútbol que nos legaron.
Diego ya no está, Fidel Castro y Chávez tampoco; Maduro se encuentra desaparecido y una demacrada Cuba, librada a su suerte, no recibe más el flujo petrolero del subsuelo venezolano. Y Acindar, el gigante donde laburaba el padre de Messi, ya no es el gigante de Villa Constitución. Sufre con Milei las consecuencias de la tercera ola anti industria, como en los años de Videla, de Menem.
“… Todo concluye al fin, nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina…”. (Vox Dei).
Horacio López Das Eiras. Autor de los libros “Rey De Los Caminos. Ernesto Guevara Antes De Ser El Che”; “Todo sobre Córdoba. De la ciudad que se quedó sin puerto a la fundación del Cuarteto Leo” y “Mercedes Sosa ninguna igual”.




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