Cristina Fernández de Kirchner: el clamor, el bastón y el enemigo elegido

La Vicepresidenta cerró el año poniendo en valor su peso gravitacional en la política. Por qué lo vuelve a subir al ring a Rodríguez Larreta. Proscripción y peronismo en el filo del año nuevo.
Cristina © N A
“Acá no hay renunciamiento, ni autoexclusión. Acá hay proscripción”, dijo CFK. Foto: NA

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“Cada dirigente, cada militante tiene su bastón de mariscal en la mochila. Sáquenlo y no le pidan permiso a nadie para sacarlo. Si se equivocan, pidan perdón, pero no le pidan permiso a nadie”. Con esas palabras, Cristina Fernández de Kirchner arengó públicamente a la militancia en un acto de Avellaneda que la tuvo como protagonista principal y a partir del cual ya le puso un slogan a la campaña del 2023. “Democracia sin mafias”, dijo y apuntó centralmente contra un conglomerado opositor en el que desde hace tiempo ubica a fuerzas políticas, operadores judiciales, servicios de inteligencia y grupos mediáticos. 

Si bien no volvió en sus palabras, la vicepresidenta eligió cargar contra la Justicia arrojando un manto de nuevas dudas sobre su candidatura del 2023. “Acá no hay renunciamiento, ni autoexclusión. Acá hay proscripción”, dijo utilizando una terminología muy cara a la historia del peronismo, universo político en el que se vuelve a enrolar de cara al último año de gobierno del Frente de Todos y la necesidad de reconstruir la alianza que logró vencer los intentos reeleccionistas de Mauricio Macri, cuatro años atrás. 

“El único renunciamiento de la historia es el de Evita”, dijo para despejar dudas, aunque intentó en todo momento apaciguar las clamorosas voces que le piden que vuelva a calzarse el traje de presidencial, como si eso fuese una decisión únicamente de ella. 

El mejor opositor ¿o el más conveniente?

Como venimos analizando en las últimas semanas, el discurso del martes dejó a Cristina Fernández de Kirchner ubicada, una vez más, como la gran electora de cara al 2023. Y, quizás, no sólo dentro del peronismo. Sus palabras para el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, y puntualmente las críticas hacia su gestión vuelven a buscar incidir en la interna opositora y subir definitivamente al ring al hombre que promete “limpiar” previamente al ala más dura de Juntos por el Cambio, representada en Patricia Bullrich y Mauricio Macri. 

Ahora bien. ¿Por qué subirlo a Larreta al ring cuando todas las encuestas, incluso las del Gobierno, lo señalan como el dirigente con mayor capacidad para imponerse en un hipotético escenario de segunda vuelta e, incluso, el único capaz de dar el batacazo e imponerse sin la necesidad de ballotage? Si bien puede, lisa y llanamente, que la vicepresidenta esté convencida de que el hombre del PRO terminará imponiéndose en la interna de Juntos por el Cambio gracias a su poder de lobby y la capacidad de desarrollo marketinero que le da gobernar la ciudad más rica de la Argentina, también es cierto que “inflar” a Larreta reduce las chances de que el ala más dura del halconismo amarillo continúe ganando espacios en la agenda mediática y el universo político opositor. 

Pero no sólo eso. Los perfiles públicos de los candidatos amarillos suelen ser muy parecidos a los que sostienen en los tonos a partir de los cuales se discuten las cosas puertas adentro de las oficinas porteñas. Apalomado para contraponerse a Bullrich y ofrecer una salida más “dialoguista”, el alcalde porteño es el que, a priori, parece más proclive a ceder en sus posiciones en pos de sostener la unidad que le permitió a Cambiemos ganar la elección del 2015. Alimentar sus ínfulas de poder también es una estrategia para que ese perfil se endurezca. No sólo para “sincerar” su imagen, que cada vez suma más sectores del ala más intransigente, sino para estar decidido a no bajarse de la candidatura ante la amenaza de una posible ruptura. Y ahí, ya no juega Bullrich, sino Mauricio Macri y Javier Milei. 

Para el líder de La Libertad Avanza, a quien Bullrich y Macri quieren sumar a cómo dé lugar a las filas cambiemitas, Larreta es un “zurdo de mierda”. Para el ex Presidente, la ex ministra de Seguridad es la mejor candidata de su espacio. Después de él, claro, que todavía se guarda la carta de su candidatura para meter la presión final necesaria en el sprint definitivo del segundo trimestre del 2023. Rodríguez Larreta está dispuesto a oponerse a esa candidatura y retarlo en una interna. Está convencido de que puede ganarle. La pregunta es si partido está dispuesto a habilitar una disputa contra el fundador y máximo referente del espacio nacido por el flanco derecho del escenario post-2001. 

La pelea por la coparticipación, la frutilla del país de las mil grietas

Pero no es sólo la vicepresidenta la que sube a Rodríguez Larreta a la foto central del 2023. El fallo de la Corte Suprema de Justicia que habilita una cautelar que suspende la ley que deja sin efecto el decreto con el que Macri sumo a 3,75% la masa coparticipable destinada a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (era de 1,40% cuando asumió), lo  pone en el ojo de la tormenta y en punto gravitacional que lo convierte en el enemigo principal del Frente de Todos y, por ende, el opositor más cotizado. 

En esa batalla, además, parece sumar esos puntos en soledad. Es difícil para la oposición povincialista (las que vienen desde las propias filas de Juntos por el Cambio o algunas expresiones locales como el schiarettismo en Córdoba) celebrar y defender un fallo que beneficia centralmente a la ciudad a la que todos señalan como la más beneficiada por el perfil centralista que fue asumiendo el país a lo largo de su historia. Incluso, hasta los más cercanos al alcalde porteño prefirieron patear la pelota a la tribuna y no explayarse en una defensa cerrada a la posición de la Ciudad. Los más osados, Bullrich por ejemplo, usaron el fallo para atacar al Presidente y fueron cambiando las acusaciones mientras Fernández iba cambiando su posición respecto a qué hacer con la decisión de la Corte. Finalmente, todo terminó en una acusación por traición a la Patria y un pedido de Juicio Político. Es decir, en la misma pirotecnia discursiva de siempre. 

Por suerte con más luces que ruidos, el cielo será la alfombra común de las celebraciones por el inicio del año próximo este fin de semana. Nada pasará hasta el lunes, cuando la actividad vuelva a concentrarse en el mapa que no termina de armarse y que proseguirá definiendo su traza en balnearios y oficinas con aire acondicionado clavado en los 24 grados. Hay que cuidar la energía. Porque Cristina también habló de tarifas. Pero esa discusión la dejamos para el año que viene. Salú. 

  

 

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