El humor: una herramienta sanadora, maravillosa y transformadora

Ed Impresa 25/11/2022 Por Flavio Colazo
Cada 26 de noviembre se conmemora el Día del Humorista recordando el natalicio de Roberto Fontanarrosa. LNM entrevistó a dos referentes: Patricia de los Ríos y Andrés López.
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Patricia del Río y Andrés López dialogaron con La Nueva Mañana al conmemorarse el Día del Humorista. Fotos: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

En los años 70 -del reciente siglo pasado- descolló a nivel nacional dentro de las publicaciones gráficas en Argentina la revista cordobesa Hortensia; allí Roberto Fontanarrosa comenzó a dar a conocer al público su personaje Inodoro Pereyra.

Este personaje –dibujado y guionado por él mismo- fue el que lo colocaría a él (a Fontanarrosa) dentro la galería de los grandes humoristas gráficos logrando pasar a integrar el panteón de las celebridades del género –como Divito, Landrú y Quino, entre otros-. Inodoro Pereyra -desde las páginas de Hortensia- le permitió al Negro hacer reír a todo un país.

Después inició un raid creativo –que incluyó personajes inolvidables (como Boogie, el aceitoso), viñetas unitarias -diarias en periódicos y semanales en frevistas-; libros de cuentos, y colaboraciones como guionista de cine y creativo de otros profesionales del humor -por ejemplo, Les Luthiers-. Su ímpetu creativo solo se detuvo cuando falleció, el 19 de julio del 2007.

El destaque de la contribución de su obra para con el humor argentino es de tal magnitud  que desde el 2015 se ha instituido al 26 de noviembre (día de su nacimiento) como Día del Humorista. En atención a la fecha conmemorativa La Nueva Mañana entrevistó a dos humoristas locales, Patricia de los Ríos y Andrés López, quienes se expresaron tanto en relación a la impronta que dejó Fontanarrosa –en sentido general y personal-, y sobre las particularidades y gajes de la profesión de humorista.

Tanto Patricia de los Ríos (chaqueña de nacimiento y afincada en Córdoba desde 1980) como Andrés López (cordobés de nacimiento) ejercitan el humorismo -siempre llevando con ellos la marca del color local de la cultura cordobesa- de diferentes modos y en diversos espacios. 

LNM- ¿Cuál ha sido -desde sus puntos de vista personales- el legado que dejó Fontanarrosa a los humoristas argentinos, y particularmente a los cordobeses?

Patricia de los Ríos (PdR) - A mí, que soy docente en ejercicio, me marcó del Negro la conferencia –en el marco del Congreso de la Lengua- en la cual expresó que “no existen malas palabras, lo que existen son las malas intenciones. Le presté mucha atención a este concepto y me liberó bastante al momento de concebir mis textos para mis presentaciones, y, por supuesto, en mi rol docente. También recuerdo sus viñetas en los diarios –un soporte que ya se está extinguiendo- donde derrochaba mucha sutileza y una maravillosa creatividad.

Andrés López (AL) - Fontanarrosa fue un distinto, un irremplazable; yo encuentro en Inodoro Pereyra marcas del humor cordobés –el cual se profesionalizó a partir de Hortensia-.Yo tomé del Negro Fontanarrosa eso de hacer un chiste distinto en cada cuadrito; esa técnica, la de “vestir” al relato con chistes cortos, la aprendí de él. 

-¿Qué es ser un humorista? 

PdR.- Para mí ser humorista es hacer pensar y reír a los demás, es acercarle a los demás una mirada particular de los pequeño, lo cotidiano, y también de lo más trascendente de la realidad que lo rodea para que pueda reflexionar sobre ella.

AL.- Yo creo que es intentar –por un rato- hacer olvidar a la gente de los dramas cotidianos haciéndolos reír por un rato.

Patricia del Río

¿Cómo transitaron la pandemia y cómo su posterior resolución?  ¿Debieron modificar sus modos de trabajo?

PdR.- Bueno, para nosotras, las de la vieja usanza -que necesitamos el reconocimiento a nuestra labor en vivo y en directo, sentir  las risas y el aplauso viendo las caras del público asistente-, la pandemia fue una instancia muy difícil de atravesar en el plano de sentirnos plenamente realizados a través de nuestra entrega, pero nos tuvimos que adaptar a otros modos, aunque el trabajo disminuyó muy marcadamente y afectó gravemente la economía de quienes se dedican exclusivamente a hacer humor en escenarios. Hoy con la reapertura de los espectáculos públicos atravesamos un momento muy vivificante.

AL.-Y… nos obligó a salir del escenario e ir hacia otros espacios. En mi caso logré ubicarme en la radio y la televisión. En radio estuve 3 años en radio Suquía y ahora llevo 2 en Radio Nacional y en la tele hice tres años en El Show del Caos, dos años en Tremendo Show y uno en Humor al Sillón –con este ganamos el Martín Fierro federal-.

-¿En dónde ejercen sus desempeños profesionales de humoristas actualmente?

PdR.- Lo mío pasa por dos ámbitos: el stand up en vivo –el que siempre trato que sea un espacio compartido con otros colegas- y las redes sociales.

AL.- Actualmente tengo varias ocupaciones; trabajo en shows contratados, en el programa de Radio Nacional “Bajo el mismo sol”, en publicidad, y también escribo guiones para el noticiero humorístico Peroncho Delivery; y como monologuista me estoy presentando en cuanta oportunidad se da junto a Fernando Ledesma -con el espectáculo Estaba Cantado- en bares y espacios afines.

Dos preguntas a Patricia; en tanto a que ejercés la docencia y el oficio de humorista al mismo tiempo, primero… ¿de dónde te nutrís a la hora de elaborar tus textos humorísticos?

PdR.- Me baso en la observación misma que me rodea y de los recuerdos, las personas en general –aunque no se den cuenta- son muy graciosas; y bueno, como crecí durante los 90 mis influencias van desde Los Burdos, Rodrigo Artal en La Rocka, y mucha radio, también Alejandro Dolina, por supuesto, y desde Buenos Aires, consumía los trabajos de  Verónica Linás, Antonio Gasalla, Tortonese, Urdapilleta, y todos esos que coparon la pantalla de la televisión en aquellos años; como verás…. muchos varones! Es que en Argentina –Córdoba incluida-  también en el humor, más allá de las vedettes, a la mujer le costó – y aún hoy le cuesta, aunque por suerte mucho menos- ingresar al circuito profesional.

…y segundo… refiriéndome más allá de la irrupción del stand up como género, ¿cuáles son las diferencias –en virtud de la evolución de la corrección política de “los discursos decibles”-de los humoristas contemporáneos respecto a los del siglo XX, como Luis Landriscina, Cacho Buenaventura, y tantos otros?

PdR.- Mirá, el stand up es una modalidad que viene desde hace mucho tiempo atrás, aunque a Argentina llegó un poco después, pero hace rato que está establecida. En lo discursivo afortunadamente hemos evolucionado -en cuanto a la visión y el tratamiento del “otro”- hacia un discurso de aceptación e igualación; la mayor parte del humor de los 90, por ejemplo, hoy no pasaría el filtro del Inadi. Estos cambios resultan bastante incómodos para quienes somos parte de la generación bisagra –los que hoy están en la franja etaria de más de 45 años-, cuesta mucho sacarse de encima las formas y estructuras como el machismo, la homofobia y otros tantos preconceptos ya caducos –o en camino a su caducidad-.

Esta última pregunta va dirigida a ambos: ¿creen que el humor puede recuperar un lugar importante –que notoriamente ha perdido- en la televisión? ¿Cuán relevante consideran a este medio?

PdR.- La televisión ha perdido su centralidad en cuanto a la circulación de producciones humorísticas, hoy la cosa pasa por las redes sociales, allí hay infinidad de contenidos humorísticos -en tik tok, memes, audios, y mil formas más- , de hecho yo misma tengo fuerte presencia allí a través de mi Instagram: Patri_yofrenostra. 
AL.- Quizás sea posible que logre volver a ocupar un espacio destacado en ese medio, pero deberá encontrar nuevos modos de aparecer. No creo que regrese –al menos exitosamente- en viejos formatos.

Foto de Andrés López


El humor cordobés

¿Se puede hablar aún hoy de un “humor cordobés”? ¿Qué lo caracterizaría?  

PdR.- Yo percibo que, ya partiendo de la tonada, los cordobeses causamos risa naturalmente; pero quiero señalar que hay algo que, siendo típico del humor cordobés, no me gusta: la burla. Yo crecí en ese humor y vi cuánto sufren las personas de las cuales se están riendo las otras. Lo que me gusta es la chispa y la exageración, que también son características muy nuestras.

AL.- El humor cordobés une la chispa, el absurdo, la docta y el arrabal, todo eso en una dinámica de pensar rápido, desenfundar aún más rápido y tener siempre la última palabra; a esto se le agrega, tal lo expresa Patricia, la exageración, y también la brevedad –el chiste corto-.


La función social del humorista

El humorista, ¿cumple una función social?

PdR.- El humor nos permite transformar el dolor, la injusticia y la tragedia a un nivel posible de procesar –inclusive el psicoanálisis lo considera una fuga del inconsciente-. Creo en el humor como herramienta potente de transformación, para mostrar lo oculto, para cambiar ideas –como las del bullying mediante las “cargadas, el reírse del otro mediante la burla estigmatizante-. El humor, entonces, puede hacer pensar, por ejemplo, sobre cómo se sienten aquellas personas con sobrepeso cuando se hacen chistes sobre alguno de ellos señalándolo burlonamente por su condición física; y así como en tantos otros casos similares de discriminación en que se hacen burlas. Volviendo a Fontanarrosa, él nos enseñó a hacer reír sin burlarse de los estereotipos estigmatizados prejuiciosamente por la sociedad, sino que utilizó el sano mecanismo de romper la lógica de modos sorprendentes que nos llevan a la risa; su talento nos demuestra constantemente que se puede hacer humor sin causar dolor en otros.

AL.- Mirá, yo descubrí la función social del humorista cuando me contrataron para animar un cumpleaños de una persona con leucemia; cuando vi entrar al cumpleañero, notoriamente deteriorado por la quimioterapia, me impactó mal… y noté que el ambiente se volvió pesado, abrumador y sombrío abruptamente . No sé cómo, pero me impuse sacar a todos de ese marasmo y me hice cargo del “humor” del ambiente y logré que por 40 minutos allí no se pensara en enfermedad y muerte, los llevé de viaje a la risa, que muchas veces resulta sanadora. Ese día me cayó la ficha de la función social de mi profesión.

  

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 285

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