El sistema democrático bajo ataque en Argentina y el mundo

Ed Impresa 18/11/2022 Por Flavio Colazo
Los recientes exabruptos del ex presidente Mauricio Macri y del senador Luis Juez se inscriben dentro del discurso global que intenta destruir el sistema democrático.
Macri Juez © gentileza
El líder de la oposición (JxC) Mauricio Macri remarcó esta semana su visión de qude que la raza alemana es “superior". Foto: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

El sistema de gobierno democrático/liberal que se expandió por el mundo (principalmente en Occidente) durante el siglo XX -prodigando en muchos casos el famoso “estado de bienestar”- hoy se muestra en crisis, en parte porque desaparecido el gran polo de equilibrio entre potencias -que fue la URSS-, los grandes capitales globales dejaron de necesitar un atractivo que ofrecer para disputarle el poder –desde la ideología y la praxis-  al sistema socialista. Y en parte porque su principal mentor –el polo vencedor, EE.UU.- desde la toma del Capitolio del 6 de enero de 2021 ha comenzado a mostrar que ni siquiera hacia su interior puede garantizar la sostenibilidad perpetua de su tan “propagandizado” sistema ideal de gobierno. 

La democracia argentina no escapa al estado de situación global de crisis respecto a este sistema de gobierno, y esta vez –a diferencia de ocasiones pasadas-  está siendo atacada principalmente  por poderes y actores internos que inescrupulosamente buscan derrumbarla para satisfacer sus voraces e insaciables apetitos. 

1985

La aberrante expresión vertida por el precandidato a gobernador de nuestra provincia -espetada impúdicamente en el programa de almuerzos más conocido del país-, diciendo que “luego de 40 años la democracia no le ha mejorado la vida a nadie” pareciera haber sido muy bien valorada respecto a dónde y cuándo soltarla; así, la dejó caer en un programa de televisión con buena audiencia -y de reconocida trayectoria antidemocrática-  y tras el gran éxito del film argentino “Argentina, 1985”, centrado en el juicio a las juntas militares genocidas. Un posible reverdecer del sentimiento democrático –ligado al sentimiento patriótico- a partir de la película pareciera haber empujado a los sectores nostalgiosos de la dictadura a instalar de inmediato un fuerte discurso en sentido contrario, centrado en la antipolítica y antidemocrático. 

Superiores e inferiores

A la par de esta nefasta expresión del senador cordobés – a modo de guarnición- el líder de la oposición (JxC) Mauricio Macri, entrevistado en televisión durante esta semana, remarcó su visión de que la raza alemana –o aria-  es “superior” a las demás. Huelga recordar a cuáles horrores –desde el nazismo y/o el segregacionismo- condujo a la humanidad la perspectiva del ex presidente en cuanto a razas superiores e inferiores. Decir que se piensa en la democracia como un sistema apropiado para Argentina de gobierno desde la visión de unas razas superiores a otras es una contradicción irresoluble (“aporía” para la filosofía), algo similar a  plantear a la agricultura como método de producción y desarrollo para la Antártida.

Guerras y discursos fascistas

Estos dos elementos –cuya sustancia de base es el odio hacia los otros, los “enemigos”- se muestran como indispensables para la demolición del sistema democrático. La guerra en Ucrania y la tensión bélica entre EE.UU. y China -por Taiwan- reclaman discursos de toma de posición cada vez más determinados por parte de los gobernantes -y/o de los aspirantes a dichos gobiernos-: o se está “con”, o se está “contra”; no hay lugar para posiciones intermedias, así lo dictaminan los mandamases del mundo. 

Por otra parte, pareciera haber un gran desgaste de las ideas progresistas, como producto de las renuncias que exigen y que cada vez menos los individuos parecen estar dispuestos a ceder. Esto es: el progresismo pide –o exige-, por ejemplo, ser políticamente correcto,  no ser machista ni homofóbico,  no llamar “gordo” a quien tiene sobrepeso, y hasta a no usar aerosoles porque dañan la capa de ozono. Ante estas requisitorias una gran parte de la ciudadanía -de varias naciones- muestra un hartazgo de este poder de policía moral -o de conciencia- que encarna el progresismo, y decide, entonces, apoyar, por ejemplo, a la alcaldesa de Madrid en su negativa a apagar las luces de los monumentos ni a hacer recorte alguno de consumo de energía ni contemplar en lo más mínimo la situación de crisis energética producto de la guerra en Ucrania. Este tipo de rebeldía anti control se vio patentizada en varios países –Argentina incluida- durante la pandemia de Covid-19 con manifestaciones antiencierro, antivacunas, antitodo.

Estado de galerna

En los navíos que surcan las aguas del Cantábrico se llama estado de galerna al que está muy próximo al estado de tempestad. Cuando el barómetro marca el estado de galerna, los capitanes de las embarcaciones convocan de inmediato, para cederles el timón de la nave,  a los pilotos de tormentas –especializados en timonear en las condiciones más extremas-, toda vez que ellos mismos (los capitanes) saben de sus limitaciones para comandar en tales condiciones. Podría decirse que el sistema democrático/liberal, metafóricamente, está en estado de galerna, y en muy posible tránsito hacia una tempestad, ya que “densos nubarrones se ciernen en el horizonte”, aquí, allá y en todas partes. Quizás -en varios países- sea el momento histórico de convocar a los “pilotos de tormenta” del ámbito político.

¿Y por casa…?

En Argentina la democracia viene siendo socavada desde un tiempo a esta parte por el mecanismo de lawfare (tándem  mediático/judicial, de guerra, contra el sistema democrático) -tal cual sucediera en Brasil, destituyendo a la presidenta Rousseff sin motivo alguno, y encarcelando a Lula sin pruebas-. El ataque a la democracia se viene llevando adelante también mediante una intromisión cada vez más descarada  del Poder Judicial sobre los poderes Legislativo y Ejecutivo, llegando días atrás a tomar decisiones por fuera de su alcance, como la de pretender determinar quiénes deben o no integrar uno de sus cuerpos. En su avanzada contra la democracia, el Poder Judicial cuenta con el ocultamiento, la negación y/o  la mentira por parte de los medios de comunicación hegemónicos, y la anuencia de la oposición política. Esta embestida del poder judicial sobre los otros dos poderes que conforman el sistema pareciera no tener otra  finalidad más que la de hacerse, paso a paso – que a esta altura son los pasos de las botas de las 7 leguas del relato de Pulgarcito-, de la suma del poder público para, desde allí, favorecer a su capricho y conveniencia a los grandes amigos del poder real, tal cual lo hicieran por mucho tiempo las fuerzas armadas mediante dictaduras instaladas a través de golpes de Estado.
A todo esto, en pocos días,  el mundo “democrático” se apresta a asistir a un Mundial de fútbol en un país que exhibe obscenamente “las ventajas” y “el éxito” de una inmisericorde dictadura “esplendorosa”.

  

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 285

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