Bolsonaro, “la criatura” que encarna lo peor de los poderes reales brasileños

Ed Impresa 07/10/2022 Por Flavio Colazo
Los estropicios que ha hecho el presidente carioca en las áreas sensibles de la nación vecina no han sido mensurados por el electorado brasileño el domingo pasado. .
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Hoy a Brasil y al resto del mundo no lo sorprende el 48% de Lula sino el 44% de Bolsonaro. Foto: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

La extrema polarización presente en los resultados de las elecciones presidenciales brasileñas en primera vuelta ha puesto sobre la mesa de arena -de todos los analistas- un menú extravagante y peligroso que podría indigestar a más de uno. El Brasil que al irse Lula de la presidencia estaba entre las diez economías del mundo –y que hoy se encuentra lejos de esa posición- está decidiendo su futuro, a cara o cruz, entre un ex presidente exitoso y un actual presidente calamitoso. El próximo 30 de octubre será el ballotage.

Alguien que ve más lejos.

El Papa Francisco parece haber visto antes el estado de situación que salió a luz luego de las elecciones del domingo pasado en Brasil. A través de una misiva fechada el 29 de septiembre de 2022 -que dio a conocer públicamente el destinatario de la misma- Francisco parece, una vez más, dar aviso cierto sobre las graves consecuencias, para Argentina y la región, a las que nos conducen los rumbos políticos y sociales que se están siendo tomados por parte de los diferentes actores del poder: medios de comunicación, empresarios, los poderes judiciales y políticos, y todos los poderes fácticos de similar envergadura.

“Nada importante se logrará con la polarización negativa” le (nos) señaló Francisco en la citada carta. Este aviso del sumo pontífice da la impresión de haberse adelantado a los resultados electorales en Brasil a la vez que advierte seriamente a la sociedad argentina sobre las consecuencias de seguir los pasos del país vecino.

Bolsonaro, o “La criatura”.

Así como el Dr. Frankeistein no es el monstruo, sino el creador de una criatura monstruosa hecha de retazos de criminales que asesina y destroza todo lo que se le interpone entre ella y sus deseos, igualmente Jair Bolsonaro no es más que una criatura del tipo, que fue conformada con retazos morales de lo peor de los poderes reales brasileños y que, al igual que el monstruo novelesco, se escapó del control de sus creadores y hoy deambula torpemente, a su arbitrio, arrasando y destrozando todo lo que le incomoda, incluidos a sus creadores -quienes ya no saben cómo sofrenar su caótico e intempestivo  andar-. Así y todo, los estropicios que ha hecho Bolsonaro en la totalidad de las áreas sensibles de la nación vecina no han sido mensurados por el electorado brasileño en la medida que previeron –analistas y encuestadoras- para las elecciones presidenciales de primera vuelta; a esta altura es indudable considerar que la baja estimación de las principales encuestadoras brasileñas, respecto al porcentual de votos previos para Bolsonaro, reflejaban más un deseo que una muestra cabal de la pulsión y del sentir del electorado.

Desde la prensa -que en las elecciones anteriores, al igual que las encuestadoras citadas, cortaron y cosieron para conformar a “La criatura” Bolsonaro para que sirviera a sus intereses-, pasando por antiguos aliados `políticos que colaboraron con Bolsonaro en las elecciones que lo hicieron presidente, y el poder judicial que encarceló y proscribió a Lula en aquellas elecciones, todos ellos ahora pujan con determinación para expulsar a “La criatura” del sistema, pero “La criatura” resultó incontrolable, se independizó y supo aprovecharse del daño que esos mismos poderes infringieron sobre el líder popular (Lula) para que una parte del electorado -y más allá de que se haya demostrado su inocencia, y de que se expusiera públicamente la maniobra dolosa que lo llevó a la cárcel-, continúe  vinculando al líder sindical con la corrupción estatal. Hoy a Brasil y al resto del mundo no lo sorprende el 48% de Lula sino el 44% de Bolsonaro.

¿Quiénes lo votaron?

Uno de los cambios más trascendentes dentro de la conformación socio económica que impulsó –e impulsa- Bolsonaro (y sus factores de poder aliados) en Brasil es el cambio de producción económica. Brasil ha modificado fuertemente las proporciones de ingresos de divisas al país -y en la conformación de su PBI-. Los ingresos de divisas que antes mayormente provenían de la producción industrial hoy han mermado fuertemente y es la primarización de la  economía –ventas a granel de materias primas: carne, granos, minerales, etc.- la que se ocupa de conseguir los ingresos para las arcas del estado brasileño. Esta primerización de la economía vino aparejada a una fuerte  desindustrialización, y trajo entonces una modificación en cuanto al sujeto eleccionario –el votante-. Se sabe que los movimientos políticos populares tienen su gran base electoral en la masa de asalariados en general -y fuertemente en los industriales-, al menguar de modo marcado el empleo de este tipo también decrece, obviamente, ese tipo de votante, siendo así en Brasil, acá y en todas partes; solo así puede explicarse la derrota de Lula en el estado de Sao Paulo (aunque ganó en la ciudad capital de dicho estado). El voto brasileño a Bolsonaro -más allá de la instalación mundial del modelo Neo-fascista que, por ejemplo, ha puesto en Italia a una presidenta que sigue los lineamientos de Mussollini-, podría decirse que surge en parte a la conformación de los nuevos empleos precarizados en sectores de jóvenes -quienes siendo cuentapropistas pobres muchas veces se auto perciben como emprendedores en tránsito hacia el éxito económico y social-, sumado al inmenso impacto que tiene el sector evangélico (más del 20% de las bancas del congreso nacional), y al tremendo poder de influencia que tienen en Brasil las redes sociales; en fin,  todo ese gran aparato logra que la suma de estos votantes -más los de las clases medias citadinas, quienes votan, por empatía aspiracional, igual que las clases altas rurales-, vaya confluyendo hacia el caudaloso río de la corriente neo-fascista brasileña representada por “La criatura”.  

Llegó para quedarse.

Hay una muletilla repetida por varios medios y que se pretende como reveladora a partir de la cantidad de votos alcanzados por Bolsonaro: “La derecha llegó para quedarse”. En verdad esto no parece tener ni un atisbo de revelación, pues la derecha -en su acepción política- está presente desde el nacimiento de los estados/nación regidos por el sistema democrático; e incluso en algunos países de la región la derecha ha estado en el poder por períodos extensísimos –Chile y Colombia, por ejemplo-. Lo que representa Bolsonaro –o Trump- es otra cosa. Propugnar un estado de violencia constante –discursiva y física-, intrusarse dentro del sistema democrático para destruirlo, el vivir constantemente en estado de alerta e incertidumbre o bajo un estado de amenaza, la aceptación a asumir con resignación el empobrecimiento -junto a la imposibilidad de lograr un ascenso social-, todo eso es: neofascismo; entonces el concepto a expresar sería: “El neofascismo es lo que ha llegado para quedarse”.

La crueldad del control remoto.

Sea como fuere en democracia el control para elegir la película que se verá en los próximos 5 años en Brasil está manos de los “espectadores cautivos”, los votantes del país vecino, quienes parecieran debatirse entre una de amor o una de terror. Entonces las expectativas ahora están puestas en la segunda vuelta que tendrá lugar a finales del mes en curso, y que dirá si finalmente “La criatura” ha llegado a su fin, o si acaso habrá una segunda parte a pedido del público.

  

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 279

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