Túneles mineros, senderos y cascadas en el corazón del valle de Punilla

Ed Impresa 12/08/2022 Por Vanina Boco
Pasando Cuesta Blanca hay un complejo con una propuesta completa, que incluye caminatas en lo más profundo de las sierras y un paisaje que vale la pena descubrir.
tuneles punilla © vanina boco00007

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Especial para La Nueva Mañana

El valle de Punilla cuenta con muchos lugares que vale la pena conocer, que guardan verdaderas joyas naturales y parte de la historia de esta provincia.

Uno de ellos es el Complejo Águila Blanca, ubicado en el kilómetro 19 de la ruta provincial N° 14, justo pasando la localidad de Cuesta Blanca, en dirección al Camino de las Altas Cumbres. Allí, en la época de los jesuitas, se desarrolló una actividad minera en la que se extraían piedras como el cuarzo, mica y feldespato. Actualmente, esa zona se reconvirtió y ofrece actividades de turismo minero, senderismo, cabañas, camping y todo tipo de servicios para pasar el día o una estadía más larga.

Un lugar para pasar el día

Visité el complejo hace pocos días, junto a un grupo de amigos y amigas con los que queríamos algo más que salir a dar una vuelta por las sierras y la propuesta que vimos por las redes nos llamó la atención. 
Ahora en invierno, el lugar abre a las 10.30 y cierra a las 18.30 y la entrada tiene un costo de 500 pesos por persona. Lo ideal es ir en auto porque desde la ruta hay que hacer algunos kilómetros por un camino de tierra para ingresar a las instalaciones. 

El predio es grande y, para pasar el día, cuenta con proveeduría, quincho, salón para eventos, asadores, mesas y bancos, juegos para niños, silla aérea, tirolesa, cancha de fútbol, de bochas y de vóley. También tiene pileta para la temporada de verano.

La zona de asadores está cerca de un arroyito, llamado Las Tomitas, con gigantescos álamos a ambos lados, resguardados por un cordón serrano que le da un marco encantador.

Turismo minero

tuneles punilla © vanina boco00004a

Luego de almorzar, decidimos hacer el recorrido por los túneles mineros. Salimos en dirección a la entrada e ingresamos en un sendero bien señalizado por un cartel. Comenzamos a descender, mientras apreciábamos una gran vista de las sierras y del bosque nativo que sobrevive en el lugar.

A pocos metros, llegamos a la primera boca de uno de los túneles: una hendidura angosta, cubierta de bromelias y una flecha blanca nos indicaban el ingreso. Más adentro, los pedacitos de mica se encendían con los rayos de sol, dándole al lugar un toque mágico, como si entráramos a otra dimensión.

Luego, nos esperaban dos escaleras de hierro para seguir bajando. Y, en la base dos senderos: uno para ir hacia la cascada y otro para seguir explorando más túneles. Decidimos hacer primero el camino hacia la cascada, por un hermoso bosque, acompañados del sonido del agua que corría entre las piedras. 

La cascada

Es una caminata de baja dificultad y distancia corta que se hace muy amena por el paisaje. Pasamos algunos saltos de agua y llegamos a la cascada, ubicada sobre el arroyo Talco Overo: un chorro delgado (por la época del año) que desciende entre piedras que forman una especie de escalera. De hecho, es posible recorrerla, subiendo por los peldaños justo al costado del curso de agua. 

Su longitud es de unos diez metros, aproximadamente, y se abre paso entre paredes tapizadas de musgo, helechos y bromelias. En su base, forma una olla de dimensiones reducidas, rodeada de troncos que invitan a sentarse y contemplarla. 

Más túneles

tuneles punilla © vanina boco00002

Retomamos el sendero para seguir explorando los túneles. Ingresamos por una de las bocas y fue como entrar en un laberinto, no muy largo pero que nos llevó por escaleras en diferentes direcciones e hizo entretenido todo el recorrido. 

La luz al final del túnel nos tenía una sorpresa: no solo era la salida, sino que aparecimos sobre la ladera de una de las sierras, justo en el otro extremo del lugar por donde entramos, con un valle de por medio. 

Subimos un poco más, ya fuera del túnel, y sobre una alfombra de mica blanca y brillante. Y salimos cerca del mirador del mangrullo, que tiene una altura tal que permite ver hasta las construcciones de Carlos Paz, la ruta y las bellas sierras en 360 grados.

El complejo está abierto todo el año, y por montos adicionales y con reserva previa, es posible realizar otras actividades como un circuito de trekking más largo, acompañado de una propuesta gastronómica.
Sin dudas, es una gran alternativa para conocer y vivir una experiencia distinta, apta para grandes y chicos. 

 

 

La Nueva Mañana - Edición Impresa 27

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