“El teatro se termina de plasmar con el diálogo entre el artista y el espectador”

El premiado unipersonal “El Equilibrista” desembarca en Córdoba con dos funciones prácticamente agotadas en la Sala de las Américas.
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El Equilibrista tendrá dos funciones el sábado 16 a las 21 horas y el domingo 17 a las 20 horas. Foto: Gentileza

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 MAURICIO DAYUB:

“El equilibrista”, la obra creada y protagonizada por Mauricio Dayub, llega a Córdoba con entradas casi agotadas por la expectativa que genera y el éxito arrollador que le antecede en los cinco años de su puesta en escena. Si bien ya había desembarcado en el Festival del Mercosur en 2019, este unipersonal ganador del premio Estrella de Mar de Oro y el ACE de Oro, se convirtió en un sello por sí mismo y, según palabras del propio Dayub, su recorrido como espectáculo se consolidó después de la pandemia.

En Córdoba, El Equilibrista es producido por Maximiliano Pita y tendrá dos funciones el sábado 16 a las 21 horas y el domingo 17 a las 20 horas en la Sala de las Américas.

Previo al debut, Dayub dialogó con La Nueva Mañana sobre el significado que tiene para su carrera esta obra, la devolución del público en todo el país y en el exterior y cómo, tras la pandemia, el contacto con el espectador le dio un nuevo significado al teatro, dándole valor a aquello que realmente es esencial en la vida de las personas.

“Creo que ´El Equilibrista´ se ha solidificado después de la pandemia, en virtud del recorrido que venía haciendo previamente, que había dejado a la obra en un lugar muy alto y muy fuerte; tanto sea por los premios que recibió como por la cantidad de espectadores. Y ocurrió que, una vez que la pandemia nos permitió retomar las actividades en los teatros, se volvió a posicionar una vez más en esa especie de cresta de la ola marplatense en la que había quedado en marzo, cuando poco después de cerrar esa temporada exitosa, se decretó la cuarentena”.

- ¿Qué es para vos El Equilibrista más allá de contar mucho de tu vida?

- Es una historia real, es una historia personal, que de alguna manera coincidió con lo que el espectador estaba necesitando. Allí está el milagro. La hermosa coincidencia que aquello que yo quería mostrar, también era lo quería ver el espectador.

- ¿Cuánto tuvo que ver en ese resurgir como éxito esa necesidad que tenía la gente de salir tras el aislamiento obligatorio y buscar aquello que le devolviera la risa?

-La apertura tras el aislamiento revalorizó un poco todo. El hecho teatral creo que dejó de consumirse como una de las tantas cosas que podíamos hacer. Se empezó a elegir mucho mas y a disfrutarse mucho más. 

Me acuerdo cuando terminaban las primeras funciones, esas en las que volvimos al teatro con un aforo del 30%, que la gente no se iba de la sala. A a mi me daba ganas de extender las manos y tocar a ese publico que se quedaba allí como agradeciendo poder disfrutar esa obra. Por otro lado, yo sentía lo mismo, porque también gracias a ellos yo estaba volviendo a viviendo a hacer eso que tanto me gusta y disfruto hacer. En ese sentido, la pandemia le dio un valor mucho más real al teatro de lo que tenía.

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- En El Equilibrista interpretás a varios personajes, reflejando un poco tu propia historia, ¿cuál es el que más emociona a la gente y que más te moviliza a vos?

-Creo que el eje central de El Equilibrista se terminó de amalgamar con la historia de mi abuela. Esa historia que descubrí en un viaje yendo a filmar una película a Yugoslavia. Yo creo que la abuela termina de corroborar los personajes que aparecen antes y le da peso a la historia que cuento; por lo original, por lo conmovedora, y también porque ahí se produce un poco la magia del espectáculo. En ese momento, suben simbólicamente cada uno de los personajes de la historia. Yo siento que es ese personaje, el que sintetiza ese algo que tracciona a los espectadores a ver El Equilibrista.

- Como esa frase debés tener cientos de devoluciones. ¿Cuál fue la que más te llegó del público?

- Tendría que saber de memoria un listado que hice. Porque en un momento comencé a anotar todo aquello que me decían en cada uno de los halls de los teatros. Ocurre que, como una estrategia, desde el inicio de las funciones comencé a decir que si el espectáculo no le llega a gustar a alguien, lo esperaba en el hall del teatro y le devolvía el precio de la entrada.

Esa idea es la que me había dado oportunamente Carlos Rottemberg para otro espectáculo y yo no me había animado a ponerla en práctica. Y como lo decimos en un spot radial, el público ya lo sabía. Entonces, yo salía al hall con la encargada de la boletería y un banner y la gente hacía cola para decirme algo relacionado con la obra. Y eran cosas tan hermosas que empecé a anotarlas. 

Por ejemplo, el miércoles pasado un señor llorando me dijo: “Me hiciste volver a comer los ravioles en la casa de mi abuela”. Otra señora me dijo: “Si yo fuera más chica, usted sería mi Capitán Piluso”. En cuanto a los elogios actorales, esos ya me dan pudor decirlos.

-  En una época donde prepondera una forma de comunicación a través de redes sociales, ¿esa presencialidad y esa devolución cara a cara tiene un doble valor para el artista?

-Yo creo que es en ese momento de devolución del público que se completa el teatro. Yo lo tomé como rutina y no solo lo hice en Buenos Aires, lo hago en el interior, en cada una de las provincias que visité, y hasta en el exterior. Lo propuse en España y en Tel Aviv y se sorprendían mucho, porque nunca habían visto este gesto de esperar al espectador en el hall de un teatro. 

Sin embargo, yo siento que el teatro se termina de plasmar con el diálogo entre el artista y el espectador, luego de esa relación ficcional que se dio durante el espectáculo: esa acción genera algo superior. Cuando uno se enfrenta directo con lo que el teatro produce en la persona, pasa a tener un significado que va más allá del espectáculo. Cobra un valor mucho más vivencial, más importante.

-  ¿El espectáculo termina siendo una especie de servicio para el espectador?

Puede ser. Porque en estos tiempos de tanta indiferencia cobra mucha más importancia. Muchas veces valoramos cosas que no son las que necesitamos o las que queremos. Las cosas esenciales han quedado fuera de mercado. Y cuando ocurren, nos damos cuenta cuáles eran y cuánto las necesitábamos.

- ¿Hay El equilibrista para rato?

Mi representante, que es uno de los más experimentados porque tiene 60 años de profesión, me dijo que voy a hacer la obra hasta que yo quiera. Yo creo que si bien ha hecho un recorrido inusual para un espectáculo nacido como nació, todavía tiene mucho por dar. Me sigue sorprendiendo.

- Y aún falta hacer temporada en Carlos Paz…

Tenía pensado hacer la temporada de verano pasado en Villa Carlos Paz, tuve el ofrecimiento. Pero elegí llevarla al Maipo para festejar las 300 funciones y terminé quedándome hasta las 500. Por eso este verano El Equilibrista se quedó en Buenos Aires, porque además yo estrenaba El Amateur. Pero en algún momento se va a dar.

LNM - Edición Impresa 267

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