Crónica de una emboscada de barrabravas al plantel de Instituto

Ed Impresa 15/05/2022 Por Marcos Villalobo
Pasó una década del gravísimo hecho que padecieron los futbolistas de Instituto en Corrientes, cuando barrabravas irrumpieron en la ruta y sembraron el miedo.
Derrota Instituto © perfil442
En el club, actualmente no queda nadie con derecho de admisión. Sin embargo, sí hay personas que tienen prohibido el ingreso al estadio debido al programa Tribuna Segura.

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A 10 AÑOS DE UNA NOCHE DE TERROR

El sábado 12 de mayo a las 9.30 salieron los futbolistas conducidos por Darío Franco a realizar el último entrenamiento en Alta Córdoba previo al viaje a Corrientes. Era una mañana soleada y en la popular sur del estadio Monumental había más de 200 hinchas que se autoconvocaron para apoyar al equipo. Un banderazo. Hubo ovaciones a tres futbolistas: Julio Chiarini, Ezequiel Videla y Paulo Dybala. 

A esa altura Instituto estaba puntero de una histórica B Nacional. Tenía 63 puntos. Superaba por una unidad a River y a Rosario Central. Pero esa noche los “Millonarios” le ganaron a Atlético Tucumán y al otro día los “Canallas” vencieron a Aldosivi y superaron a los cordobeses, que cerraban la fecha el lunes 14 de mayo ante Boca Unidos en Corrientes.

No fue una semana fácil para el club que en ese entonces era presidido por el empresario Juan Carlos Barrera. La reunión de comisión directiva fue caliente y dejó al desnudo grietas entre los dirigentes. ¿La causa? La venta del pase del juvenil Dybala, pretendido por varios clubes europeos. Iván Barrera, hijo del presidente y también directivo, renunció, pero a las horas se arrepintió. En tanto, el técnico declaraba en una radio que si Theaux se iba, él también. El ingeniero José Theaux era el vicepresidente del club y responsable del área fútbol, y estaba mostrando sus desacuerdos con Barrera. Franco en aquel otoño del 2012 era elogiado por propios y extraños, y los fanáticos de la “Gloria” lo tenían en gran estima.

Chiarini, Damiani, Barsottini, Sills, Gagliardi, Videla, Maxi Correa, Canever, Encina, Bergese, Dybala y Lagos fueron los once futbolistas que el 14 de mayo de 2012 salieron a enfrentar a Boca Unidos de Corrientes, a los rumores, a los fantasmas, a las internas. El equipo hacía 25 fechas que estaba puntero. Su juego trascendía fronteras. El juvenil apodado “La Joya” ya era un fenómeno global. Pero si en la noche litoraleña perdían, por primera vez dejarían esa posición de privilegio. Y esa noche perdieron. Pero perder fue lo de menos. Fue derrota por 3-2. Hubo cerca de 400 hinchas de Instituto en el estadio. En un momento el equipo que dirigía Franco perdía 0-3 y ya hubo un anticipo de la pesadilla que se avecinaba: desde las tribunas visitantes bajaron cánticos en contra de los jugadores.

Instituto Boca Unidos @ el litoral

Damiani y Fileppi convirtieron dos goles a los 27 y 39 minutos del segundo tiempo. Ambos tras asistencia del pibe Dybala. Fueron 20 minutos donde la “Gloria” estuvo cerca del empate. Sin embargo, fue derrota. River y Central quedaron punteros. Instituto tercero, a dos unidades. El vestuario era un hervidero. Mucha bronca por los errores cometidos. Pero, cosas de fútbol...

Los futbolistas subieron al colectivo que los llevaría de regreso a Córdoba. Cada uno de ubicó en su lugar. Esta vez no había música cuartetera como en otras ocasiones. El clima no era el ideal. Encima, había pequeños detalles que hacían que algo no olía bien.

No era tiempos de WhatsApp, Instagram ni Telegram; los mensajes llegaban por SMS. Y por esa fue la vía donde el miedo comenzó a gestarse. Sí, MIEDO.

Una “joya” en el colectivo

La Nueva Mañana intentó contactarse con Dybala. “Imposible hablar con Paulo”, respondieron a coro desde el entorno del jugador. El actual futbolista de Juventus está pronto a quedar libre y en Europa hay decenas de rumores sobre su destino. No obstante, un familiar confesó: “Paulo nunca nos contó sobre esa noche”. Jamás en forma pública se refirió al tema. Dybala tenía 18 años recién cumplidos.

“Paulo no mostró miedo esa noche. Al menos exteriormente. No sabemos qué pasaba en su interior”, contó Nicolás López Macri, que estaba en ese colectivo.

López Macri, actualmente en Sportivo Belgrano de San Francisco, debutó el mismo día que la “Joya” (12 de agosto de 2011 en Alta Córdoba), y entró en la venta del pase de Dybala a la empresa Pencihill Limited en una cifra de 3,5 millones de euro, de acuerdo a lo informado por la dirigencia de ese entonces; y que tanta polémica trajo en las semanas previa al partido en Corrientes.

La pesadilla

Volvamos a esa noche de hace una década. Madrugada del 15 de mayo de 2012. Los futbolistas de Instituto fueron interceptados en la ruta. En el medio de la nada. Interceptados por barras del club que también regresaban a Córdoba vía terrestre. Fue una pesadilla para los futbolistas, para los choferes de los colectivos y, también, para hinchas (incluso niños) que venían en el colectivo con los barras. Hinchas que diez años después todavía sufren aquel viaje. Incluso muchos no regresaron a una cancha.

Emboscada, insultos, golpes al colectivo, exposición de armas de fuego, previos mensajes con amenazas de muerte. “Balas para todos”. No pasó a mayores debido a que hubo una rápida comunicación con la policía, que luego los escoltó hasta Córdoba.

El colectivo con los hinchas fue interceptado por la policía en la rotonda de acceso a la localidad cordobesa Malvinas Argentinas. De ahí fueron derivados a la cárcel de Bouwer. Los cargos que se le atribuyeron: coacción, amenaza, daño. 

Cuando se revisó el ómnibus de los barras, primero encontraron bebidas alcohólicas. Sin embargo, hubo un nuevo rastrillaje donde la policía encontró un arma calibre 22 cargada, municiones, facas, marihuana y cocaína. Estaban en un compartimento secreto ubicado en el segundo piso del micro de la empresa El Norteño, al que abrieron con un destornillador.

Hubo 53 detenidos. No todos eran barras. Tres días después permanecían 44 personas en la cárcel cordobesa. Los detenidos pertenecían a la facción denominada “Los Ranchos”, que hasta el día de hoy mantienen una interna feroz con “Los Capangas”. A inicio de este 2022 hubo un enfrentamiento en la sede del club en Alta Córdoba entre las dos facciones. Hay cosas que no cambian.

Los futbolistas no hablaron del tema con la prensa. Pero sí lo hicieron en la Justicia, mostrando una valentía importante. Alejandro Russo, que en ese entonces era coordinador del club, fue el que narró lo sucedido ante los medios, dando la cara en una situación difícil. El entrenamiento en La Agustina de ese martes por la tarde fue custodiado. Pero los problemas siguieron. Un par de días después tres miembros del cuerpo técnico sufrieron el robo de las ruedas de sus autos ¿Un mensaje? Nunca se supo. Se tejieron cientos de versiones. Al partido siguiente, más de 500 efectivos policiales estuvieron en el operativo, donde Instituto volvió al triunfo. Estuvo a punto de jugarse en el Kempes. 

“Lo mejor de Instituto fue la reacción después del gol de Brown. Tuvimos una semana difícil y, sin embargo, nos pudimos sobreponer”, decía Dybala en los pasillos del club tras el juego. A las horas se conoció que los detenidos tenían más imputaciones (estafa, lesiones leves reiteradas, tenencia de armas, hurto, entre otras). José Manuel de la Sota, entonces gobernador, se involucró en el asunto, mientras algunos directivos albirrojos trataban de minimizar el hecho. “No hubo vidrios rotos, ni se subieron al colectivo”, declaró uno de ellos en el canal TyC Sports. Los jugadores dijeron todo lo contrario en la Justicia. 


ENTREVISTA AL FISCAL HIDALGO

“Fue un caso bisagra; ahí comenzó la prohibición de acceso a la cancha” 

Marcelo Hidalgo Fiscal © Enredaccion

A una década de aquel acontecimiento que recorrió el mundo, en LA NUEVA MAÑANA dialogamos con el fiscal Marcelo Hidalgo. “Fue un caso muy importante, bisagra; porque a partir de ahí comenzó a generarse la prohibición de acceso a la cancha. Incluso fue cuestionado si era constitucional o no, y la Cámara de acusación lo confirmó. Desde ese momento surgió la idea de llevar adelante una base de datos con todas las restricciones y se desarrolló algo interesante”, comenzó diciendo Hidalgo. Y resaltó: “Fue un caso grave y en ese momento me daba cuenta que era algo que se repetía y nadie hacía nada”.

- ¿Qué recuerda de los hechos?

- Este periplo arrancó en Corrientes, cruzó por Chaco, Santa Fe. Los barrabravas venían en el colectivo de la barra “Los Ranchos” y habían parado en el medio de la nada al colectivo de los jugadores de Instituto. Los apretaron, amenazaron, coaccionaron. Ya en la puerta del estadio de Boca Unidos a los choferes del colectivo también los habían apretado. Los obligaban a que siguieran manejando, los choferes no querían y les decían que iban a ser boleta. Fue privación ilegal de la libertad. A todo esto, algunos móviles policiales los encontraron, porque la gente de Instituto llamó. Lo que hicieron fue empujarlos a salir de la provincia. Cuando van llegando a Córdoba les hacen un control muy cauto y los dejan llegar hasta la ciudad. Ahí me llaman a mí. Me dicen: Doctor, tenemos una situación muy crítica. Entonces pido que se desvíe el colectivo y que en vez de que vaya a Alta Córdoba, vaya a la Avenida 24 de septiembre. Los vamos a identificar y a tomar decisiones. Llegó el colectivo todo destruido, ventanas rotas, asientos rotos. Había niños. Auxiliamos a los choferes, se activa un protocolo de seguridad. Por los choferes conocemos este relato, de que viajaban con armas de fuego, que corría droga, y que de milagro habían llegado vivos. Estaban muy conmocionados. En el camino, además, se habían bajado en algunos lugares a robar. Y empezamos a individualizar dentro del pasaje y a detectar quiénes eran los principales protagonistas de acuerdo a las descripciones que nos habían dado. Los hicimos bajar, requisar y no tenían nada arriba. Pero los choferes nos habían dicho que en tales lugares habían guardado los fierros y las drogas. No recuerdo el número, pero eran como 40. Ese mismo día quedaron imputados y presos todos. Desde ese momento fue una reconstrucción muy larga, donde también le tuvimos que tomar testimonio a los jugadores de fútbol, que también nos contaron todo lo que había pasado e identificaron a algunos de los responsables. Nos contaron lo que habían vivido. Pedimos informes a la policía de Santa Fe, Corrientes y Chaco. 

- ¿Y al club?

- Sí, también pedimos informes a Instituto. Ahí nos encontramos con algo que todos decían y sabían, pero no salía a la luz. Nos encontramos con que muchos de estos barras tenían carnets de socios y no lo eran; y apretaban a jugadores y dirigentes. Conseguían esos carnets para ingresar ellos y quienes ellos quisieran. Eran carnets de socios falsos y así se movían. Secuestramos esos carnets e informamos a AFA para que ellos también supieran todo esto. Después la investigación se planteó con situaciones muy dificultosas para dilucidar, pero lo fuimos haciendo con un tiempo razonable y las calificaciones legales eran muy graves. Entonces recuperaron la libertad después de unos 35 días de estar presos.

- Pero no quedó en eso...

- No, porque a medida que fueron recuperando la libertad, yo dije que en qué condiciones iban a recuperar la libertad. Para proteger los intereses del resto de las personas afirmé que ellos tenían la prohibición de acceso a la cancha, y esa prohibición de acceso se cumpliría yendo a las comisarías de la ciudad los días de partido. Tuvieron que cumplirlo durante tres años. Los controlamos sistemáticamente mientras la causa estuvo. Y ahí surge otro capítulo.

- ¿Qué capítulo?

- Esta prohibición no la había puesto nadie. Fue cuestionada. La Cámara la confirmó, pero mientras tanto ya se había empezado a cumplir. Yo dije, ¿quién va a llevar el registro de esto? Había un policía, que estaba en el estado mayor, que era Daniel Grigioni. Él era un tipo que se había especializado en violencia en espectáculos deportivos. Empezamos a hacer una base de datos con las personas que tenían prohibido el acceso, eso lo compartíamos, para cuando los partidos eran de visitante. Esa base de datos fue el germen de lo que después fue Tribuna Segura. Hubo condenas, tardó, pero se llegó. La sentencia está en la Cámara Primera.
-
 ¿Vieron muchas cosas raras en ese colectivo?

- Algo de “color”. Les habíamos secuestrados los bombos, porque adentro tenían la falopa, también los trapos, y ahí adentro también había de todo. ¿Sabes cuál era el objetivo de ellos? Que le devolvieran los trapos... Hace falta más controles para entrar a las canchas. La seguridad está pensada para construir más libertades, no menos libertades. Sirve para que pueda ir más gente a las canchas, más familias, más seguros. Por eso entiendo que es necesario desarrollar un sistema más importante.

- ¿Los futbolistas de Instituto tuvieron temor de denunciar a los barras?

- No. Recuerdo que tenían un partido tras otro y lo que hice en ese momento fue hablar con los dirigentes y decirles que iba a ir un investigador a hablar con uno por uno de los jugadores y después evaluaríamos quién vendría a declarar. Cada uno contó lo que pasó y aportaron información. Relataron lo sucedido en Corrientes, no tenían mucha precisión de los rasgos físicos, contaron que les dijeron que los iban a hacer cagar. Eso fue suficiente.

- Un rumor en ese momento era que había en esa apretada algún directivo involucrado. ¿Fue así?

- Jamás tuve conocimiento de ese rumor. Nunca. Como periodista seguro te quedará la duda de cómo conseguían estos carnets truchos que salían de un padrón de la institución.

LNM - Edición Impresa 257

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