Investigadores advierten sobre la pérdida de aves en las sierras de Córdoba

Córdoba 11/01/2022
La urbanización, el desmonte, los incendios y la invasión de árboles exóticos, estarían afectando a las comunidades de aves, especialmente a las denominas especialistas de bosque.
Luna Silvetti by gentileza
La investigación estuvo a cargo de la becaria doctoral de CONICET Luna Silvetti, bajo la dirección de Laura Bellis (Conicet) y Gregorio Gavier (INTA). Foto: gentileza

Los cambios en la estructura y en la cobertura de los suelos producidos en los últimos 30 años en las Sierras Chicas de Córdoba, por la urbanización, el desmonte, los incendios y la invasión de árboles exóticos, estarían afectando a las comunidades de aves, especialmente a las denominas especialistas de bosque, que dependen de los recursos que brindan las especies vegetales nativas.

Una investigación del Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich, creado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), reportó que esta tendencia "podría acentuarse en los próximos años, a menos que se pongan en marcha estrategias de manejo para conservar y restaurar el monte, y se implementen medidas de planeamiento urbano".

La investigación estuvo a cargo de la becaria doctoral de Conicet, Luna Silvetti, bajo la dirección de Laura Bellis (Conicet) y Gregorio Gavier (INTA), en el marco del Doctorado de Ciencias Biológicas, de la UNC, con lugar de trabajo en el Instituto Gulich.

El trabajo contempló tres grupos de aves residentes de las sierras de Córdoba, según sus hábitos más característicos: las especialistas de bosques (como el carpintero negro y el anambé común) que habitan principalmente en montes nativos; especies de arbustal (como el corbatita común y el pepitero de collar), que frecuentan hábitats más abiertos; y las aves generalistas (como el chingolo y el benteveo), que se adaptan a cualquier ambiente, ya sea urbano o de bosque.

“Evaluamos cómo se modificó la configuración y la estructura del paisaje en los últimos 30 años, mediante la realización de tres mapas de cobertura correspondientes a los años 1989, 2004 y 2019, en base a imágenes captadas por los satélites Sentinel 2 y Landsat 5. Luego analizamos cómo esos cambios afectaron la biodiversidad, con el aporte de datos tomados a campo”, explicó Silvetti en una nota difundida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Para obtener información a campo se realizaron diferentes puntos de muestreos en las zonas de bosque, entre las localidades de Bajo de Olmos y La Calera. Allí se registró la cantidad y variedad de especies de aves, y se tomaron datos de la estructura del bosque y de la cantidad de especies nativas, así como de la cobertura del dosel (capa superior de un bosque) y del suelo, entre otros aspectos.

“El objetivo era complementar los datos locales de la vegetación que tomamos a campo, con información a gran escala de los mapas satelitales de cobertura, a partir de la cual podemos observar el contexto”, detalló. Además destacó los aportes de los becarios Mauro González, Cecilia Fernández y Jimena Albornoz, del IG, entre otros que colaboraron en los estudios.

La investigación 

Entre las principales conclusiones de la investigación, se advierte que las especies especialistas de bosques, que son muy sensibles al disturbio humano y a los cambios en el uso del suelo, disminuyeron su presencia en zonas de las sierras donde se expanden los conglomerados urbanos y donde el bosque nativo fue desplazado por especies exóticas, como el Siempreverde y la Acacia Negra.

La investigación también tuvo en cuenta la “deuda de extinción”, un concepto de la Ecología referido al tiempo en el que las especies responden a un cambio en la configuración del paisaje.

“Muchas veces hay especies que, pese a un disturbio, no desaparecen inmediatamente, sino que tienen un retraso de tiempo hasta extinguirse a nivel local. Estas extinciones futuras se lo denomina deuda de extinción y lo podemos determinar de acuerdo a si estas especies responden mejor a la configuración del paisaje pasado o del actual. Si responden al paisaje actual, significaría que están en equilibrio. Si en cambio responden mejor al pasado, significa que potencialmente podrían extinguirse localmente, incluso si no hubiera nuevos disturbios”, explicó.

La investigadora aportó que el objetivo final de este trabajo es generar una propuesta para las Sierras Chicas que ayude a evitar una mayor pérdida a futuro de estas comunidades de aves. La idea es elaborar mapas con escenarios de aquí a 15 y a 30 años y proponer estrategias de manejo para frenar o revertir la situación actual de pérdida de biodiversidad, con un plan de ordenamiento territorial que contemple la conservación y restauración del bosque nativo, tratando de evitar la expansión de especies exóticas y la urbanización no planificada en el monte.

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