Carta a Mateo Aguirre, el niño que murió durante una picada de autos en 2016

Sociedad 10/11/2021
En la última audiencia de deliberación previo al dictado de la sentencia, la mamá de Mateo, Soledad Zanna, leyó la conmovedora carta que su hermana Luz, le escribió al pequeño.
Mateo Aguirre
Este martes, se conoció la decisión del fiscal de la Cámara Séptima del Crimen, Sergio Ruiz Moreno de confirmar  el acuerdo de juicio abreviado y solicitar condenas de cumplimiento condicional para los dos jóvenes acusados. Foto: gentileza

Este miércoles la causa por Mateo Aguirre, el nene muerto durante una picada de autos en Villa Santa Rosa de Río Primero en 2016, llega a su última y decisiva audiencia. El tribunal deberá decidir sobre el pedido de nulidad del acuerdo de juicio abreviado, luego será el turno de la última palabra de los progenitores del niño, de los acusados y finalmente comenzará la deliberación previa al dictado de la sentencia.

Este martes, se conoció la decisión del fiscal de la Cámara Séptima del Crimen, Sergio Ruiz Moreno de confirmar  el acuerdo de juicio abreviado y solicitar condenas de cumplimiento condicional para los dos jóvenes acusados de ser responsables de la muerte del niño de ocho años.  

En ese marco, la mamá de Mateo, Soledad Zanna, leyó este miércoles la conmovedora carta que su hermana Luz le escribió al pequeño.

"Cuando voy caminando por la calle y me cruzo a alguno de sus amiguitos o cuando veo un grupo de niños que tienen la edad de Mateo, me lo imagino entre ellos, riendo y jugando como siempre hacía", escribió la joven que ahora tiene 17 años.

Y siguió: "Siento que me quedaron muy pocas cosas de Mateo, a veces abro su placar y me pongo a buscar como queriendo encontrar algo que me acerque más a él".

"Por todo esto que me quitaron, no solo a mi sino a mis padres y a toda mi familia quiero que se haga justicia, porque Mateo como niño y hermosa persona que era, inocente y bueno, se lo merece", finaliza el escrito.

La carta completa

"Éramos nosotros dos. Como hermanos todo lo hacíamos juntos. En mi casa los lugares para comer siempre estuvieron designados, Mateo se sentaba al lado mío, no le gustaba poner la mesa y yo solía quejarme de eso. Compartíamos habitación, cuando íbamos a dormir rezabamos juntos, él repetia lo que yo decía. En el colegio era excelente, no le costaba aprender, era muy inteligente. Después de su muerte, una tarde mientras ibamos en el auto con mi papá y frenamos en un semáforo y me dice, Luchi sabías que Mateo queria ser abanderado igual que como fuiste vos, no me sorprendió lo que Mateo quería lograr, pero si entró en mí una angustia y un dolor espantoso de saber que no pudo lograrlo. Cuando voy caminando por la calle y me cruzo a alguno de sus amiguitos o cuando veo un grupo de niños que tienen la edad de Mateo, me lo imagino entre ellos, riendo y jugando como siempre hacía. Muchas veces cualquiera sea el momento en el que me encuentre, levanto la mirada al cielo y digo en voz baja: Cómo sería este momento si vos estuvieras acá.

En nuestra pieza su ropa sigue intacta no podemos moverla del lugar en donde está, y sus juguetes, cartas y canicas están guardadas en una caja donde conservan su esencia, un cuadro con su nombre cuelga en la pared y las mediciones que hacíamos de nuestra estatura se encuentran atrás de la puerta. 

Siento que me quedaron muy pocas cosas de Mateo, a veces abro su placard y me pongo a buscar como queriendo encontrar algo que me acerque más a él. Duermo abrazada a un buzo que él usaba seguido y le pongo su perfume (a veces para que no se acabe) y así sentirlo a mi lado. Tenemos un pendrive con fotos y videos de él que nos dedicamos a buscar y a juntar luego de su muerte para verlo cuando lo consideráramos necesario, soy la única de los tres que pudo verlo.

Después que falleció Mateo, no pude volver a dormir en nuestra habitación, pasaron meses cuando por fin me animé, me sentía vacía, completamente sola en esas cuatro paredes donde antes compartía charlas, rezos, peleas y juegos.

Estaba sola acompañando a mi papá y a mi mamá que estaban destrozados al igual que toda la familia, fue muy duro y difícil salir adelante, nos costó y nos cuesta muchísimo.

Es un dolor inexplicable el saber que nunca más vas a verlo, escuchar su voz, escuchar su risa y ese ruido que él hacía con la lengua, no va a estar más al lado mío comiendo todos los días, no pude verlo con el uniforme del secundario ni haber compartido el momento de ir y volver juntos del colegio. Por todo esto que me quitaron, no solo a mi sino a mis padres y a toda mi familia quiero que se haga justicia, porque Mateo como niño y hermosa persona que era, inocente y bueno, se lo merece".

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