Talleres, la 1309 y la dictadura: Tiempos de posverdad

Deportes 17/09/2021 Por Federico Jelic
La acusación de la Liga Cordobesa de Fútbol al club albiazul por supuesta connivencia con el terrorismo de Estado para llegar a los torneos Metropolitanos reaviva el fuego en el fútbol.
Alejandri Fernandez presidente LCF
La Liga Cordobesa de Fútbol, en el marco de su enfrentamiento hostil con Talleres por los porcentajes de transferencias de algunos futbolistas, eligió meterse en un terreno espinoso y polémico. Alejandro Fernández Presidente de la Liga Cordobesa de fútbol.

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Especial para La Nueva Mañana

La Liga Cordobesa de Fútbol, en el marco de su enfrentamiento hostil con Talleres por los porcentajes de transferencias de algunos futbolistas, eligió meterse en un terreno espinoso y polémico. Mientras ambos francos se destinaban perdigones, el ente madre apostó a un golpe bajo en el que también puede salirle el tiro por la culata. 

Del mismo modo en que plantea la pelea a esta altura sin cuartel, ya la batalla no es con el presidente Andrés Fassi sino con todo Talleres directamente, como institución.

Es que mediante una misiva oficial, le recuerda al club de barrio Jardín con los tiempos oscuros y dando por sentado una relación de contubernio con el terrorismo de Estado y la dictadura reinante al tiempo de la homologación de la ley 1309 con la intervención de la Liga por los militares. Una discusión que ya superó contextos y cordialidades.  

“(…) la única intervención que sufrió nuestra institución y que fue el corolario de un constante peregrinar de personajes relacionados entonces al entonces presidente albiazul (cuando no el mismo club) a la sede del Tercer Cuerpo del Ejército hasta que la orden salió de la oficina del jefe de destacamento y llegó a Casa de las Tejas”. 

Claro está que hace referencia en esa elipsis a Amadeo Nuccetelli. 

El escrito continúa diciendo “… para que el general que ejercía la gobernación de facto Sigwald acabara con uno de los pocos espacios democráticos (…) El interventor designado era -vaya casualidad-  socio del Club Atlético Talleres”.  

Muy fuerte. A decir verdad, el conjunto albiazul nunca pudo quitarse el mote de ser los “mimados” por el Tercer Cuerpo del Ejército en esos tiempos en el proceso militar, ni oculta que el represor Luciano Benjamín Menéndez estuvo en el palco oficial en La Boutique en la final del Nacional en el ’78 ante Independiente.

La posverdad, tan en boga en tiempos actuales, lleva a revisar archivos y contextos para buscar entender si la Liga aplicó un combate “sin códigos” o tiene algo de asidero en sus aseveraciones.  

Y a su vez, queda sentada la discusión respecto de algunas actitudes poco moralistas de Talleres con relación a la ley 1309, sindicado como “traidor” en el fútbol del interior, apelativo que no tuvo la misma vigencia con el paso del tiempo y el recuento de los episodios. 

Con contextos, claro está, la búsqueda de esa posverdad es el motivo de esta nota. 

Artículos Talleres © Archivo Gabi Incardona00001
“La ley 1309 se inventó para hacer justicia. Por todo lo que pasó en los ’70 y su aporte al Mundial ‘78 y todos los que vinieron de Córdoba. A Talleres nadie le regaló nada, no fue por acomodo o porque vino un militar e impuso que Talleres tiene que estar en AFA. Talleres se lo ganó, si era la mitad del seleccionado argentino. Era un equipazo”, comentó el extinto presidente de AFA, Julio Humberto Grondona, en una entrevista al periodista cordobés Nilo Neder. 

Los ’70 y la Liga del Interior que no fue  

La homologación de la ley 1309 fue un premio para Talleres, no para los equipos del interior. Fue un traje a medida de la misma forma que lo fue para Racing Club la ley de Salvataje de Entidades Deportivas (25284), por ejemplo, para poder levantar las quiebras institucionales.  

Talleres ya era asiduo protagonista en los torneos nacionales y luego de haber disputado la final del Nacional ’77 (jugado en enero del ’78) le asistía el derecho legítimo de disputar la Copa Libertadores, siendo esta una de las razones para anexar al Albiazul a los torneos de AFA a pesar de su naturaleza de indirectamente afiliado.
Pero antes hubo un antecedente del que muchos aún dividen posturas, con la creación de la Liga del interior y donde Talleres, al salir mejor parado, recibió adhesión y sobre todo desencantos.

El 21 de diciembre de 1979 clubes nucleados en la Liga del Interior, reunidos en el club San Martín de Tucumán, le dieron forma al reclamo. Incluso hubo un torneo piloto. Pero AFA a su manera le otorgó la concesión directa a Talleres, con justificación deportiva, y como luego en el ’85 se dio paso a la reestructuración del fútbol argentino con la creación del viejo Nacional B y la eliminación de los torneos Nacionales, muchos del interior tomaron la acción como una desilusión por parte de Talleres, que no apostó a continuar la lucha más federal del fútbol con la derogación de la ley 1309 en el ‘83, ya que se había acomodado entre los grandes. “Nos soltó la mano”, recuerdan en Tucumán no con mucho agrado. 

¿Traición? Muchos lo toman de esa manera, pero la realidad es que había doble vara en muchos dirigentes y el Albiazul al saber gestionar mejor sus derechos y haciendo valer sus méritos deportivos, fue quien terminó de quedarse con el primer premio de la 1309. Hoy con documentos y archivos en mano, suena más a despecho, celos o resentimiento por parte de algunos socios del interior, sobre todo San Martín de Tucumán, fuerte impulsor de la Liga del Interior pero que también intentó imitar a la “T” desde lo deportivo. A este dolor lo viven como un clásico, invocando a Talleres en muchas canciones de tribuna, en recriminación de ese derecho adjudicado y mirado con recelo y con comentarios de “traición” al evocar las extensas negociaciones a la hora de la promulgación. Es que su presidente Natalio Mirkin conformaba el binomio con Nuccetelli como alfiles de esta batalla, y al final, solo los de barrio Jardín terminaron celebrando. 

Artículos Talleres © Archivo Gabi Incardona00002
“Que triste que algunos dirigentes quieran ensuciar al equipo que más tiempo le dio de comer. Relaciones absurdas, durante más de 10 años llenamos todos los estadios de la Liga con jugadores de selección. Nunca más pasó. Antes de hablar de Amadeo tienen que lavarse la boca”. (Daniel “Rana” Valencia)

Militares de reojo 

En Córdoba estaba claro que las entidades mostraron disconformidad total al perder a su equipo más convocante, medida a la cual rápidamente adhirieron Belgrano e Instituto: un par de buenas campañas los podrían depositar en AFA, un atajo para evitar los campeonatos locales y meterse en el profesionalismo deseado compitiendo con los porteños. 

Es decir, criticaban la actitud de Talleres, por un lado, pero por otro, encontraron una puerta de acceso directo en vez de seguir compitiendo en la Liga local. Entonces, algunos apoyaban buscando ser beneficiados con la 1309 pero pocos lo lograron. Y como Talleres fue la excusa perfecta para AFA, es lógico que reciba algunos cuestionamientos de parte de aquellos que quedaron en el camino.  

El interventor Federal Amado Roldán (socio honorario de Talleres) allanó el camino para que el Consejo de LCF facilitara la llegada de Talleres a AFA autorizando la 1309 pero hubo negativas rotundas. Sigwald entonces envió a su hijo de emisario a la reunión clave que duró hasta las 6 de la mañana según cuentan las crónicas con la decisión final de concederle la participación al Metropolitano del ’80 al club de barrio Jardín, con plaza fija. 
Es decir, la ley 1309 fue creada solo para habilitar a Talleres a los torneos metropolitanos. Instituto y Racing fueron meramente efectos colaterales. Duró apenas cuatro años, no hubo más clubes indirectamente afiliados anexados a AFA y por eso es que desde lo profundo del interior hay malestar con esa actitud de Talleres. Justa o no, legítima o no, existe. En los papeles no hubo traición. 

Pero entendiendo la relación y en lo pactado, el análisis dependerá del lente de quien cuente la historia.  


La AFA rebelde que no fue 

Por: Eduardo Eschoyez (Radio Suquía)

La 1309 fue el botón rojo que accionó el centralismo porteño nucleado en AFA, para desactivar la conformación oficial de una Liga rebelde, que reunía a los clubes más importantes de las provincias y era liderada por Talleres, el equipo sensación de finales de los ’70. Amadeo sabía que no podría sostener al equipo jugando en la Liga y se encontró en una encrucijada: apostar por una AFA bis, con la chapa de su poderío futbolístico (¡en el 79 tenía a cinco campeones del mundo!) y el apoyo de los clubes del interior, o bien ceder ante la tentación de una “invitación” individual, que desde BA pusieron a su disposición para romper la resistencia.  

Por supuesto, Amadeo habló de “salvar” a Talleres, aunque en las provincias aún hoy se mantenga la interpretación de que le soltó la mano a una Liga que necesitaba de todos, pero particularmente de los cordobeses de barrio Jardín. 

Definitivamente, la 1309 fue un traje hecho a medida de la “T”. Después, como efecto colateral, entraron Instituto y Racing, en un universo de dirigentes que pendulaban entre los intereses de la Liga latente y los de sus equipos, a nivel particular. ¿Alguien puede afirmar o negar que los representantes de los clubes que se quedaron afuera, casi en condición de “viudos” de Talleres, no hubieran hecho lo mismo que los albiazules? Imposible saberlo. Lo único que tenemos en claro es que Talleres era siempre buena noticia y desde esa condición, todos querían sacarse una foto con sus jugadores. Incluso, los militares. 


En San Martín, el rencor con Talleres no se olvida 

Julio Rubino (LV 12 de Tucumán)

San Martín de Tucumán tiene a Talleres como uno de esos rivales directos a los que siempre quiere vencer, sin importar contexto. Es que quedan resabios tras aquella lucha del fútbol del interior para armar su Liga propia, el anexo de Talleres por la 1309 a los torneos Metropolitanos y otros episodios que no dejaron el mejor recuerdo. Mirkin y Nuccetelli encabezaron una rebelión que solo tuvo al club cordobés como beneficiario, y que luego se dio por desentendido una vez conseguido su incorporación. Hubo méritos deportivos, eso está claro. Pero en Tucumán esperaban un gesto más comprometido de Talleres para continuar con la vigencia de esa ley. De hecho, San Martín siempre le recuerda esa traición, en sus canciones y cada partido contra ellos se vive como una final. Pero sobre todo San Martín lo vive de esa forma. Atlético Tucumán por el contrario tiene afinidad con la hinchada albiazul, por ejemplo. Pero en ámbitos de la Liga Tucumana, quedó la sensación de que Talleres pudo comprometerse e involucrarse más y al final, se terminó acomodando solo. 

 

 

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