Passerini: “Es un mito que la gente no vacunada es ‘antivacunas’”

Como médico, el Viceintendente de la Ciudad, habló con LNM sobre la situación de la pandemia en Córdoba. “No veo en los barrios una resistencia a las decisiones sanitarias“, aseveró.
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Cuando la gente recibe la información adecuada, por el canal que corresponde y con el tiempo necesario, accede a la vacunación.

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Recientemente recibido como especialista en Toxicología, el médico y viceintendente capitalino Daniel Passerini encarna un rol que cobra demasiada relevancia en estos tiempos: el de funcionario público “bajando a tierra” para salir a vacunar contra la gripe en los barrios. 

“¿Por qué toxicología?” Le consultaron en el programa “Jornada Política” de Canal C. “Porque me gusta mucho”, atinó a decir con cierta timidez. Esa vocación por fuera de los flashes le permite obtener un diagnóstico social demasiado importante en tiempos donde las encuestas virtuales y los focus group definen agendas, candidaturas y promesas. Con el traje de presidente del Concejo Deliberante de la capital, el doctor oriundo de Cruz Alta recibió a La Nueva Mañana en su despacho para hablar sobre la pandemia en la ciudad hoy. Para contar que muchas de las personas sin vacunarse tienen la misma expectativa que aquellos con la posibilidad de consultar el CiDi en sus celulares.

¿Qué te dice la gente en los barrios cuando te acercás a vacunar?

- Mayoritariamente, la gente responde de manera excelente a la propuesta de vacunarse. Esto rompe el mito de que la gente no vacunada es “antivacunas” o no quiere. Teniendo la oportunidad de recorrer muchos barrios veo que muchísima gente tiene problemas de accesibilidad e información. De accesibilidad a la conectividad. Y eso refleja que mucha gente de edad avanzada y de bajos recursos no se haya inscripto en los distintos canales de comunicación. Cuando la gente recibe la información adecuada, por el canal que corresponde y con el tiempo necesario, accede a la vacunación. Estoy convencido de que, con esta decisión político-sanitaria de ir a la comunidad, la gente va a acceder a mayor cantidad de vacunas. El objetivo es que en 60 días tengamos la mayor cantidad de población vulnerable con las dos dosis contra el Covid y no es un discurso, es una acción visible. El esfuerzo está y la satisfacción de la población en recibir la vacuna es muy evidente.

Entonces ese “piso” de gente que rechaza la vacuna es mínimo.

- Mirá, ese piso o ese techo se va a atravesar con un gran stock de vacunas, que si lo tuviéramos nos permitiría planificar la campaña en los barrios. Lo demostramos con los testeos: cuando la Municipalidad puso a disposición los espacios como los CPC y los polideportivos se incrementó notablemente la cantidad de test. Con la vacunación es lo mismo, si acercamos la salud a la gente, la gente accede.

¿Cuáles son las principales “deudas” con los vecinos en los barrios más vulnerables?

- Obviamente se profundizó una situación de pobreza que venía en Argentina producto de un modelo económico que lamentablemente nos llevó a una situación de mucho ahogo, sobre todo a los vulnerables. La gente pondera un Estado presente, pero hay que analizar que las consecuencias de esta pandemia además de ser trágicas por la cantidad de gente fallecida, además de ser negativas en lo sanitario y social, tienen un factor económico muy significativo. Mucha gente perdió su trabajo y la que trabaja por su cuenta es la que más perdió. Las decisiones desde lo político tienen que ir a eso: reconstruir el tejido social desde el trabajo. La gente no quiere planes para subsistir, la gente no quiere sobrevivir. Quiere trabajar para vivir bien y mejor. No veo en los barrios una resistencia a las decisiones sanitarias.

En ese contexto, ¿se puede pensar en un incentivo o en restricciones para quienes no se vacunen?

- Estamos en una etapa previa a esa instancia que se plantea en Francia, por ejemplo. Hoy, yo no te puedo exigir un carnet con dos dosis si no te doy la oportunidad de tener la vacuna. Hay que generar un esfuerzo comunicacional mayor y más intenso para que todos se vacunen. Y un esfuerzo logístico para llegar a donde viven los que no pueden trasladarse a los vacunatorios. Una vez cubierto eso podemos discutir alguna obligatoriedad. Soy de los que creo que hay que generar estímulos, como en otras partes del mundo. Acá también va a pasar, pero es necesario crear el convencimiento por encima de la obligación.

¿Hay que tenerle miedo a la variante Delta?

- Hay que tenerle respeto. Me parece efectiva la medida del Gobierno nacional respecto a la gente que vive en el exterior. Obviamente, a veces no se cumplen las burbujas. Pero nosotros tenemos una ventaja: las cosas ocurren primero en el Hemisferio Norte y luego acá. Tenemos dos o tres meses para analizar qué pasó, qué hicieron y qué consecuencias hubo. Acá la medida sigue siendo la restricción, entiendo la gente varada, pero sabiendo que en pandemia estas cosas pueden pasar. La forma de enfrentar la variante Delta es con la mayor población con las dos dosis, ya que se demostró que con las vacunas disponibles en Argentina hay una inmunidad altísima, lo que en la mayoría de los casos evita la hospitalización y las muertes. 

 ¿Cómo calificás la labor del Ministerio de Salud de la Nación desde que comenzó la pandemia?

- La pandemia no terminó. Soy parte de un Gobierno, que es el municipal de Córdoba, y me parece injusto calificar algo que está sucediendo. Nadie puede dar el resultado de un partido hasta que no termina. Creo que se tuvieron que tomar decisiones sobre la marcha en todos los gobiernos y cuando uno gobierna tiene que tomar decisiones, no andar opinando. Algunos en la oposición eligieron comunicar negativamente y eso no está bueno. No hay nadie que no la haya pasado mal y la tragedia no terminó. Encima hay un calendario electoral que contamina cualquier discusión.

 

 

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