Alarmas y luces verdes en el frente externo

Ed Impresa - Política / Economía 25/06/2021 Por Facundo Piai
Al anuncio de la leve baja de la inflación se le suma el entendimiento con los acreedores del Club de París, buena performance exportadora y recuperación económica.
Martín Guzman © NA
El Gobierno que conduce Alberto Fernández busca revertir los desequilibrios externos. Esta semana cosechó algunos buenos resultados en miras a ese objetivo. (Foto: NA)

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Especial para La Nueva Mañana

El ingreso de divisas a las arcas del Banco Central es la variable económica determinante de los últimos años. Esto se explica por los desequilibrios de la balanza comercial que signan las crisis recientes. En otras palabras, Argentina genera menos dólares de los que necesita para que la economía funcione correctamente y pueda saldar los compromisos asumidos en moneda extranjera. Consecuentemente, esta restricción externa condiciona la oferta de divisas del BCRA y termina por generar presiones alcistas en la cotización del dólar, también. En los precios internos, las depreciaciones del tipo de cambio se manifiestan con subas generalizadas que afectan al consumo y contraen el nivel de actividad económica.  

Desde que asumió en diciembre del 2019, el Gobierno que conduce Alberto Fernández busca revertir los desequilibrios externos. Esta semana cosechó algunos buenos resultados en miras a ese objetivo. El último informe oficial sobre Intercambio Comercial difunde datos auspiciosos. Las exportaciones de mayo llegaron a USD 6.765 millones, registrando uno de los ingresos mensuales más elevado de los últimos siete años, según Indec. Mientras que del otro lado, las importaciones del mismo mes fueron de poco más de 5 mil millones de dólares. Lo cual arroja un superávit de USD 1.623 millones en el quinto mes del 2021. 

El acumulado de los primeros cinco meses del 2021 también arroja un saldo positivo, en este caso de más de 5 mil millones de dólares. Estos números se explican por un aumento de los precios de los commodities que repercuten en el valor de las manufacturas de origen agropecuario (principal exportación del país) antes que por una expansión de las cantidades despachadas al exterior. Esto se debe a que el volumen de las ventas externas aumentó sólo un 3%, mientras que el precio promedio de las exportaciones incrementó más de un 20%, en relación al acumulado durante el mismo periodo del año pasado. En consecuencia, el elevado valor de los alimentos en el mercado de Chicago permite incrementar los retornos sin un sustantivo aumento de las cantidades transadas. 

El quinto mes del año arroja un superavit que supera los 1600 millones de dolares

Sin embargo, el superávit comercial se ubica por debajo del saldo positivo acumulado a mayo del año pasado, cuando la retracción de la actividad ocasionada por la pandemia redujo considerablemente las importaciones. De lo anterior se desprende lo contrario; la expansión de la economía genera un aumento de bienes importados. De hecho, esto es lo que está ocurriendo y enciende la primera alarma en el tablero del equipo económico. Así, en lo que va del año, Argentina mantiene balanza comercial deficitaria con la mitad de los ocho principales socios comerciales. Con el agravante de que las importaciones aumentan más que las exportaciones en seis de las principales ocho relaciones comerciales. 

A todo esto, en el primer trimestre la actividad económica se expandió 2,6 puntos porcentuales y se descarta que la economía rebote tras tres años recesivos. Teniendo en cuenta que la expansión del PBI está ligada al incremento de demanda de importaciones, resta preguntarse cómo resolverán esta ecuación. Este es quizás el principal desafío económico que debe enfrentar el gobierno. Ecuación que no se resuelve favorablemente de no aumentar la cantidad  y el valor de los bienes exportados; en un contexto en el que los precios internacionales de los commodities continúan altos pero empiezan a flaquear.

El dólar se fortalece y amenaza con romper la pax cambiaria

La otra alarma que preocupa al gobierno se origina en Washington. Más precisamente cuando el banco central norteamericano anunció que continuarán con su política monetaria expansiva de tasas bajas para paliar la crisis pero adelantó que la aumentarán en el 2023. No obstante, el mercado interpreta que la Reserva Federal podría subir la tasa de interés próximamente, lo cual genera expectativas y modificaciones en las finanzas internacionales. Por lo pronto ya se advierte una apreciación de la moneda norteamericana en relación a las otras divisas de cambio internacional. En efecto, la suba del dólar podría ocasionar una depreciación en las monedas de nuestros principales socios, lo cual dificultaría el intercambio comercial del país y, al mismo tiempo, pondría un interrogante sobre el tipo de cambio actual que rige en la Argentina. 

Por tanto, la apreciación del dólar y la caída del precio de las materias primas dificultarían el proceso de acumulación de reservas que viene desarrollando el BCRA. Resta saber cómo afectará esto al poder de fuego del Central y su estrategia para defender el tipo de cambio actual, a las puertas de la merma estacional de la liquidación del agro. Recordemos que, alentado por el auge de los precios internacionales, el agro liquidó más de 13 mil millones de dólares en lo que va del año; las proyecciones más optimistas esperan un ingreso de agrodólares mayor a los USD 6 mil millones en el trimestre próximo (junio, julio, agosto). Pero a partir de septiembre es de esperar una disminución importante. En efecto, de consolidarse el precio a la baja de los cereales y oleaginosas, es de esperar que el campo liquide menos y pugnen por un dólar más caro como condición para aumentar las ventas.

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Alivio sobre las reservas

El otro dato importante tiene que ver con el entendimiento con el Club de París que anunció el ministro de Economía Martín Guzmán. 

El acuerdo es el corolario de sucesivas reuniones, giras y peregrinaciones en busca de apoyos para renegociar la deuda externa. “Se logró un puente de tiempo hasta marzo del 2022”, señalan desde Economía. Recordemos que Argentina debía desembolsar USD 2.400 millones a fines de mayo; al no hacerlo y continuar con la negociación se abrió un periodo de 60 días antes de que el país caiga definitivamente en default. El acuerdo señalado no solo evita la cesación de pagos, sino que permite un alivio significativo para las reservas internacionales del país. 

El titular de Hacienda precisó que en los próximos ocho meses en lugar de pagar 2.400 millones  de dólares, sólo se entregará menos de una quinta parte de ese monto. En efecto, se acordó un pago por USD 430 millones a realizarse en dos entregas. El nuevo pacto generó expectativas puesto que para los países miembros del Club de París era condición necesaria para reestructurar esa deuda acordar un programa de repago con el Fondo (principal acreedor de Argentina). 

El nuevo pacto generó expectativas puesto que para los países miembros del Club de París era condición necesaria para reestructurar esa deuda acordar un programa de repago con el Fondo (principal acreedor de Argentina).

Así, ya habiendo cerrado un acuerdo con los acreedores externos privados, más la postergación de este compromiso a la espera de reestructurar finalmente con el Club de París, el gobierno se encamina a cumplir su objetivo de acordar un cronograma de compromisos de deuda “sostenible”, evitando el default y sus efectos “desestabilizantes”, de “incertidumbre” e “imprevisibilidad”.  “La Argentina continuará haciendo esfuerzos para llegar a un entendimiento con el FMI que nos permita refinanciar el stock de deuda de USD 45.000 millones que el gobierno de Juntos por el Cambio tomó entre 2018 y 2019, que no fueron utilizados en modo alguno para aumentar la capacidad productiva de la economía”, cerró Guzmán.

El acuerdo entre el ex presidente Mauricio Macri y Christine Lagarde compromete a la Argentina a realizar el primer pago por capital de deuda en septiembre de este año. El cronograma de pagos vigente establece que en el último cuatrimestre del año Argentina pague más de USD 5 mil millones entre capital e intereses. Mientras que los compromisos para el próximo año son cercanos a los 20 mil millones de dólares, haciendo las entregas insostenibles. Por lo pronto, sin acuerdo en ciernes estos compromisos no pueden ser reestructurados. Si bien aún no hay indicios de que haya una renegociación avanzada en puertas, tanto la última reestructuración con bonistas como el “puente de tiempo” con los países acreedores se anunciaron sin previo aviso.

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