Horror en Canadá: hallan fosa común con restos de 215 niños indígenas

Mundo 29/05/2021
La localización se produjo en un territorio contiguo a una vieja escuela, destinada a “integrar” a los pueblos originarios del país, que funcionó desde 1870 y hasta 1978.
niños indigenas
Delhia Nahanee, del pueblo squamish, coloca rosas entre los 215 pares de zapatos infantiles. Foto: DPA vía Europa Press / EP.

Canadá se despertó este viernes con el descubrimiento de los restos de 215 niños indígenas enterrados en un antigua escuela, donde eran internados a la fuerza. El hallazgo deja al descubierto la dolorosa herida del pasado racista y genocida del país.

Los cuerpos corresponden a menores desaparecidos, cuyas muertes nunca fueron documentadas, señaló Rosanne Casimir, jefa de los tk'emlúps te secwépemc, un grupo indígena de la provincia de la Columbia Británica. "Algunos tenían solo tres años", añadió.

La localización se produjo al penetrar el suelo con un radar en un territorio contiguo al internado que funcionó desde 1870 y hasta 1978.

internado
La Kamloops Indian Residential School fue la más grande de todas de este sistema. Foto: La Voz de Galicia.

“La noticia de los restos hallados en la antigua escuela residencial Kamloops rompe mi corazón”, tuiteó el primer ministro Justin Trudeau. “Es un doloroso recordatorio del capítulo oscuro y vergonzoso de la historia de nuestro país. Pienso en todos y cada uno los afectados por estas angustiosas informaciones”, insistió.

Esa escuela, ubicada en el territorio de la Columbia Británica, no es la única que funcionó en el país norteamericano. Su misión consistía en arrancar a esos niños de sus familias para ­someterlos a la asimilación por la fuerza en la cultura blanca y ­colonizadora, así como evangelizarlos.

Aunque hacía tiempo que corrían rumores sobre la existencia de estas fosas en este tipo de internados, esta es la primera ocasión en que se da con uno de estos lugares de sepulturas anónimas que nunca se documentaron.

Escuelas de evangelización

A partir de principios del siglo XIX, Canadá estableció un sistema de escuelas residenciales (no eran ni escuelas ni residenciales) que, en su mayoría, eran gestionadas por la iglesia. Los niños indígenas fueron forzados a asistir, tras ser secuestrados de sus padres. El montaje entró en declive en los años setenta del pasado siglo. La última cerró en 1996.

Una Comisión Nacional sobre la Verdad y la Reconciliación, que sirvió para que el Gobierno pidiera perdón, concluyó que al menos 4.100 colegiales fallecieron mientras estaban en estos centros. Gran parte de ellos murieron por malos tratos o por negligencias de los supuestos educadores. Esa comisión documentó que en numerosas ocasiones las familias nunca supieron el destino de sus descendientes desaparecidos.

Se calcula que, entre 1863 y 1998, más de 150.000 niños indígenas fueron separados de sus hogares para meterlos en estas escuelas. A los chicos, de habitual, no se les permitía hablar en su propia lengua o practicar su cultura. En el 2008, una vez documentado el impacto en esas comunidades, el primer ministro Stephen Harper acudió a la Cámara de los Comunes para pedir disculpas por estas vejaciones.

La Kamloops Indian Residential School fue la más grande de todas de este sistema. Abrió bajo la dirección de la Iglesia católica en 1890. La escuela tuvo hasta 500 estudiantes cuando la “inscripción” alcanzó su punto máximo en los años cincuenta. El ejecutivo central se hizo cargo de su administración en 1969 y la mantuvo nueve años más.

“Todo esto formó parte de la vergonzosa política colonial”, afirmó Carolyn Bennett, ministra de Relaciones con los Indígenas, al saberse este hallazgo. Dijo que el Gobierno se ha comprometido a rendir tributo a “todas esas almas inocentes”. La tribu se ha puesto manos a la obra para tratar de identificar su procedencia y proceder a entierros dignos con los otros miembros de sus familias. Los primeros resultados de esta indagación se esperan en junio.

Sin embargo, Casimir indicó que “en este momento tenemos más preguntas que respuestas”. Terry Teegee, jefe de la Asamblea de Naciones de la Columbia Británica, requirió “un trabajo urgente” con esos restos.

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