Identidad y sigilo en los mensajes que marcaron el inicio del año político

Fernández, Schiaretti y Llaryora arrancaron marzo con mensajes que fortalecieron sus perfiles políticos de cara al comienzo de un año en el que, además, habrá elecciones.
Alberto ©NAç
La presencia del Presidente abriendo las reuniones ordinarias del Congreso representa el inicio formal del año político. Foto: NA.

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Además de ser un paso institucional marcado por la Constitución, la presencia del Presidente abriendo las reuniones ordinarias del Congreso representa el inicio formal del año político. Lo mismo sucede, en menor medida, en los ámbitos distritales más pequeños, en los que gobernadores e intendentes establecen las agendas de sus aparatos legislativos. Salvo contadas circunstancias, esos mensajes terminan por marcar el rumbo de las discusiones políticas e institucionales que luego se desarrollarán a lo largo del año.

Si bien la pandemia que todavía azota al mundo puede formar parte de ese puñado de hechos que se impongan por sobre los proyectos de las autoridades, el discurso del lunes le sirvió a Alberto Fernández para volver a poner la agenda del Gobierno en el centro de la escena. Luego de su mensaje, atrás quedaron las discusiones en torno a los problemas del Plan de Vacunación; y más al margen se guardaron los argumentos que acusaban internas en el Frente de Todos y los supuestos desacuerdos que estarían interfiriendo en los planes de Gobierno a nivel nacional. Desde el bloque interno celebraron el discurso presidencial de modo unívoco que puso a medios y oposición a debatir sobre el funcionamiento de la Justicia, las proyecciones económicas y la fenomenal fuga de capitales ejecutada en los años de la gestión Cambiemos a nivel nacional. Esa que el propio Presidente definió como “la mayor administración fraudulenta y la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra”.

Relaciones públicas: la convivencia

Tan solo tres veces hizo referencia Martín Llaryora al Gobierno nacional en el mensaje con el que abrió las sesiones del Concejo Deliberante. Al igual que lo había hecho Juan Schiaretti el pasado 1 de febrero en la Unicameral, el intendente puso el foco en los aspectos relacionados con la gestión y buscó destacar lo hecho durante su primer año de gobierno.

En espejo con Alberto Fernández, al sanfrancisqueño le tocó asumir la administración en un momento de marcada crisis económica. Al igual que el Presidente, las razones de esa situación fue explicada a partir de lo hecho por quien lo antecedió en el poder. Cada vez que pudo, Llaryora fustigó a Ramón Mestre y solo le reconoció la creación de los parques educativos. Aunque sin advertencias sobre denuncias en la Justicia, el actual mandatario descargó responsabilidades en su antecesor y lo señaló como el responsable del endeudamiento de la ciudad, la única en el país con pasivos en dólares.

Llaryora

Allí, hay un primer punto de coincidencia en los discursos que se pronunciaron esta semana: el reconocimiento de las gestiones que terminaron en la reestructuración de deudas con los acreedores externos. Lo hicieron Fernández y Llaryora; y también lo hizo Schiaretti, el miércoles, en la Fundación Mediterránea. 

Junto con Santiago del Estero, Córdoba es una de las primeras provincias en comenzar con la actividad parlamentaria. Por esa razón, esta semana no hubo mensaje del gobernador en ese ámbito. Aunque “el gringo” tuvo también su momento para brindar definiciones respecto al año político que comienza en uno de los escenarios en los que más cómodo se siente.

Fue vía Zoom, y sin la euforia que suelen caracterizar estos eventos, pero le sirvió a Schiaretti para dar cuenta de las proyecciones hacia el 2021 que resultaron mucho más optimistas de las que, a primera impresión, cualquier ciudadano de a pie puede suponer. “Como Estado, en el 2021 vamos a estar mejor que en el 2020” porque “todo indica que va a crecer y activar la economía”, afirmó; y volvió a apoyar sus expectativas en uno de sus socios estratégicos predilectos: el complejo agroalimentario. “En el mundo va a haber una gran demanda de alimentos. Por eso cuidamos que el agro siga produciendo y que nuestra gente se afinque en el agro porque es estratégico para Córdoba”, aseguró y puso en primer plano a uno de los sectores de los que Fernández apenas si había mencionado tangencialmente el lunes.

Táctica y estrategia: el modelo de gestión Córdoba

Así como Llaryora volvió a valorar el “trabajo conjunto” con la administración nacional, Schiaretti reconoció el cumplimiento de acuerdos por parte del Gobierno central. Lo hizo en referencia a los fondos destinados a la Caja de Jubilaciones (que se mantienen “al día”) y en lo que refiere a la financiación de algunas obras clave para su último mandato al frente del Panal. Uno de ellos tiene también un peso específico para la gestión capitalina: el ferrourbano.

En ese rumbo se inscriben las “relaciones institucionales” que el intendente y el gobernador (con una postura mucho más clara) eligen tener con el Frente de Todos. Por lo demás, en la previa a un calendario electoral que si nada cambia los volverá a tener en andariveles separados, los cordobeses se concentran en el “modelo de gestión Córdoba”, que en palabras de Schiaretti “significa que la obra pública está en primer lugar para que nuestra gente viva mejor, para garantizar el progreso, y apoyar a la producción y creación de riqueza”.

Schiaretti

A sabiendas que la polarización nacional lejos está de beneficiarlo, Schiaretti gusta de mantener la distancia con las posturas que generen polémicas muy marcadas, o que lo ubiquen inexorablemente en un extremo de la disputa. Por eso, el silencio respecto al contundente mensaje presidencial del lunes fue (otra vez) la estrategia elegida. A pesar de eso, por lo bajo, el schiarettismo se dedicó a dejar claras algunas definiciones y a cubrir los flancos débiles para sostenerlas.

Así, Schiaretti no dijo nada en la Mediterránea sobre las críticas a la Justicia y a los proyectos de reforma que concentraban el foco de atención en el momento mismo de su disertación. No obstante, los referentes nacionales de Hacemos por Córdoba se dedicaron a dejar en claro que no acompañarán ese tipo de iniciativas. En ese marco, es poco probable que solo el azar haya intervenido en el momento en que el Gobernador decidió avanzar y proponer la designación de un fiscal General, tras dos años en los que el tema sólo ocupaba la agenda opositora.

Un dato llamativo: el miércoles el radicalismo presentó un proyecto para “instruir” a los representantes cordobeses en Congreso “a expresar su rechazo” a la creación de una comisión Bicameral de control del Poder Judicial. Hacemos por Córdoba no sólo no acompañó la iniciativa sino que ni siquiera dio a la UCR la posibilidad de utilizar los cinco minutos que usualmente se otorgan para que se expongan las razones que justificarían una reconsideración. En un año de movimientos ajedrecísticos, parece que para el peronismo de Córdoba es mejor no hablar de ciertas cosas. 

 

 

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