
Cómo es La noche más larga, la película sobre el violador serial
César Martín Pucheta


La película que retrata algunos de los hechos que rodearon la historia de Marcelo Mario Sajen, el violador serial que aterrorizó a la sociedad cordobesa a lo largo de casi un cuarto de siglo, se estrenará este jueves en los cines capitalinos. Desde el momento en que se nombra, La noche más larga descubre sus características centrales: se trata de un relato crudo y oscuro, que por momentos parece no tener final.
La producción cordobesa, que se convertirá este jueves en el primer estreno nacional en la vuelta de los cines tras la pandemia, es una película que incomoda. Y en esa incomodidad, interpela a los espectadores que difícilmente puedan permanecer indiferentes tras su paso por la sala.
La familiaridad de los acontecimientos aterra. Las calles -más allá de las elogiable tomas aéreas de la ciudad- las escenografías y la evidencia de algunos comportamientos sociales hasta no hace mucho nunca cuestionados vuelven a descubrir una historia que durante años se mantuvo impune, oculta y silenciada. No está de más recordar que Sajen sometió a más de un centenar de chicas entre 1985 y 2004. El material de archivo al que la película echa mano también lo deja sentado, lo recuerda y lo inmortaliza.
Quizás sólo cierta deshumanización del personaje principal puede atar al Sajen ficcional a la sensación de vulnerabilidad que la película genera. Solo basta salir del cine y desandar las calles y los caminos que las y el protagonista del filme transitan para darse cuenta que, tanto arquitectónica como actitudinalmente, Córdoba no ha cambiado demasiado en 15 años.
Más allá de un Daniel Aráoz que revalida sus títulos como actor dramático -con un papel que mereció su reconocimiento en el festival de Oldenburg (Alemania)- las protagonistas que ocupan los papeles centrales de la película (Camila Murias, Paula Halaban, Sofía Bono Prado, Romina Arietti, Rocío Figueroa Sobrero, Constanza Aixa Villarruel y Sabrina Núñez) logran reconstruir escenas en la que la desesperación, la angustia y el terror se transmiten de modo notable. Quizás allí esté uno de los principales elementos para entender las sensaciones que invaden el cuerpo de les espectadores a medida que transcurren los minutos. Aunque la tensión incómoda parece buscar su aceleración a partir de una serie de decisiones estéticas en las que la música a cargo de Pablo Sorrentino ocupa otro punto destacado.
Con el libro La marca de la bestia (2006) de Dante Leguizamón y Claudio Gleser como antecedente previo, Moroco Colman traza una historia marcada por la penumbra constante, por la sensación de asfixia y por una oscuridad que durante años se presentó como irreversible; y que hoy, aunque desnaturalizada y socialmente condenada, sigue siendo aterradora.
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