Diego Armando Maradona seguirá vivo en el pueblo

Deportes 27/11/2020 Por Redacción La Nueva Mañana
El escritor Hernán Lanvers y los periodistas Rodrigo Gaitán, Anna Ceballos y Gregorio Tatián expresan el sentir nacional ante la partida del referente popular y mundial.
D Maradona - MUndial 1986 @ NA - HORACIO VILLALOBOS
Mundial 1986 (Foto: NA - Horacio Villalobos)

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¿Argentina? ¡Maradona!

Maradona - Simpatizantes Estadio Argentinos Juniors @ NA MARCELO CAPECE
Simpatizantes en estadio Argentinos Juniors (Foto: NA - Marcelo Capece)

Por: Hernán Lanvers (*)

Dentro de 30 años, cuando nos pregunten qué estábamos haciendo cuando nos avisaron que Maradona murió, todos nos acordaremos con esa memoria que sólo dejan los grandes terremotos o las caídas de íconos como las dos Torres Gemelas que estaban en Nueva York. Es que se va a necesitar mucho tiempo para que tomemos conciencia de que El Más Grande se fue.

Sí, sí, él fue quien nos ayudó hasta a algunos a quienes ni conocía. Maradona, cuando en un polvoriento límite fronterizo, en la Aduana de dos países africanos había una larga fila de viajeros blancos bajo el sol ardiente, esperando un sellado en el pasaporte que podía tardar horas y, entonces, ahí aparecía él. Sí. Era cuando la frase estallaba, en la voz del guardia moreno, al ver nuestro pasaporte, como si fuera un relámpago: “¿Argentina? ¡Maradona!” 

Y el gesto serio del soldado africano se transformaba en la sonrisa más blanca del mundo, iluminándolo todo. Y te hacía pasar primero, antes que a alemanes o norteamericanos, en esa fila calurosa, surrealista y tropical, como si vos mismo fueras El Diego. Y hasta se podía terminar en un par de cervezas frescas, hablando de ese deporte que los une a todos, con el antes implacable guardia y con algún otro aduanero.

Maradona, en las costas del Mar de China, cuando dos policías intentaban arrestarte por transgredir una norma desconocida. Y descubrían que eras del país de ese genio bajito que venció hasta a los ingleses y hasta les dio una buena lección. Maradona, dándonos la alegría máxima cuando veníamos de la negra noche de la dictadura y del trasnoche de lo de Malvinas. Está bien. Le pedían que opine del Papa, de política, del Ciclo Reproductivo del Ornitorrinco, de cualquier cosa... Y él contestaba cualquier cosa. Era fabuloso en el fútbol. Nunca traicionó a los de su clase. Pero no era perfecto. No. Porque nadie puede ser bueno en todo. O acaso... ¿Quién se creían que él era? ¿Maradona? 

Gracias. Muchas gracias...

(*) Escritor


Diego, el refugio

Maradona en El Potrero_02

Por: Anna Ceballos (*)

Diego, nos devolviste la alegría y el orgullo de ser argentinos.

Sí, a un pueblo como el nuestro acostumbrado a las derrotas, a las malas, nos diste la enorme e inapagable esperanza de que las hazañas existen, que los menos favorecidos, los “David”, le pueden ganar a “Goliat”; aunque sea una vez.

Quizás el gol a los ingleses sea el punto culmine, donde se mezcló el deporte y la política, con la herida de Malvinas aún abierta. Nadie puede negar que en un campo de juego, de igual a igual, Maradona nos dio la impoluta revancha a nosotros, los “débiles”, frente al poderoso, a los que ganan siempre, a los que tienen todo dado para que así sea.

Y se me viene mi papá, mi tío... y “el Diego” es parte de nuestra historia familiar, la de todos.

Con las dichas del fútbol fue refugio de nuestras tristezas y él, en su vida tumultuosa, no pudo encontrar uno. Quizás su “error” fue haber sido el mejor jugador de todos los tiempos. Tal vez ese increíble don también lo hizo presa fácil de todas las ruinas que lo acosaron. No pudo con todo eso. Pienso, pienso... Ese final también es injusto para lo que Diego representa. Sin detenerme más en lo que duele la pérdida del emblema, de la figura, desde mi más profundo sentir, Diego ahora sí, que descanses en paz.

(*) Periodista, conductora de Crónica  Central (Canal 10)


Cosas que no se explican

Maradona Napoles_01
Por: Rodrigo Gaitán

Hay cosas que no se explican. No sé explica a un pibe que con 8 o 9 años que dice en un potrero que sueña jugar y ganar un mundial con la selección y va y lo gana. No sé explica a un chico saliendo de la adolescencia haciéndole 4 goles a Boca en la Bombonera con la remera de un equipo chico. No sé explica, la física no se explica como un tipo agarra la pelota en mitad de cancha y deja en el camino a cuánto hombre inglés se le cruce para hacer el segundo. No sé explica que el primero de ese mismo partido haya sido con la mano, robándole a los que nos robaron mucho peor. No sé explica a un tipo llegando a Nápoles y ganando, para los humildes y postergados de siempre, lo que nunca antes habían podido ganar. No sé explica a un “negrito” de Fiorito diciéndole hijos de puta en la jeta a los italianos, sitio en el que jugaba, porque nos silbaban el himno. No sé explica a un jugador diciéndole a la FIFA que son unos ladrones, y eran nomás. No sé explica a un pueblo llorando todos juntos. No sé explica que ya no estés, no hay como explicarlo. Sólo nos queda llorar.

(*) Periodista. Ex futbolista


Algunas formas de quedarnos solos

Maradona - Despedida Obelisco Bs As@ Télam
 Despedida en el Obelisco de Buenos Aires (Foto: Télam)

Por: Gregorio Tatián (*)

«Apuntamos a tu nariz, hundimos tus pómulos
y vos resplandecías»
“Salando las heridas”

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Murió el hombre más conocido de la historia de la humanidad. La narrativa de un país se queda sin quien la represente. Una suerte de soledad nacional invade todo y solo queda el ruido de un lugar gigante sin nada ni nadie.

“¿Cómo estás?”. “Te abrazo”. “Sé que lo querías. Fuerza”. El miércoles, a eso de las 13.15, a mi celular se le había muerto alguien de la familia, al graph de mi televisor se le había muerto Diego Armando Maradona y a mí se me había muerto una metáfora del país donde nací. ¿Cómo puede un país caber en un metro sesenta? Barrio, viveza, inmigración, marginalidad, picardía, talento, villa, orgullo, violencia, rebeldía, mugre, desborde, miseria, peronismo, épica, exceso, histeria, mística, falopa. Y pelota, claro. Todes adentro: quienes lo quieren como jugador y no como persona y quienes no creemos en esa tonta costumbre de andar diseccionando amores.

¿Qué pasa cuando esa persona en la que cabe un país se muere? Si hacen silencio, se escucha como un vacío. El ruido de un lugar gigante sin nada.

“Yo soy de acá, y acá me muero: el mismo cielo en el que nació el Diego”. La frase, de barrial precisión, es de Hernán Coronel, el cantante de Mala Fama, y refleja la pulsión primaria del ser humano: pertenecer. Ser parte de algo. Al final, lo que queremos es tener una identidad que defender. Maradona fue defensor y defendido, condensó la forma del ser argentino y nos hizo sentir identificados. La narrativa de la Argentina puede superponerse con la historia de Diego. Y los sencillos –y las sencillas- pudieron decir: yo soy como ese que está ahí corriendo con la 10. Tuvo nada, tuvo todo, tuvo nada de vuelta. Imposible no sentir que es uno de los nuestros. Se equivocó, pagó, resucitó. Porque Maradona no tropezó y se volvió a levantar sino que literalmente resucitó una tarde de enero del 2000 en Punta del Este después de estar muerto unos minutos. Mientras, el país también moría un rato y resucitaba al compás de su metáfora.

Paradoja: mientras millones sentimos que se nos murió un familiar, ese hombre, cansado de ser sí mismo, se murió alejado de su familia. Te lo juro por las nenas, por Dalma y Giannina. Y por la Claudia, madre de todos (somos hinchas de la Claudia, claro). Convertido en una kermesse andante, sometido a una exposición indecente que mostraba las peores versiones de una saga que ya había tenido capítulos muy malos, el destino de las últimas vidas de Maradona quedó en manos de una banda de mercachifles y rufianes. O peor aún: de abogados. Cobrando como entrenador pero trabajando de firmador de camisetas, la leyenda más grande de nuestra era se murió a destiempo: lejos de la épica joven del Club de los 27 o los 33 de Evita, aunque todavía verde para la fruta dulce de la longevidad.

“Diego era un dolor cotidiano”, relató bien -otra vez- Víctor Hugo a Maradona, sobre el pucho de la consumación del hecho. ¿En serio no te duele la muerte del ídolo popular más grande de todos los tiempos? Hacete ver.
La noticia de hoy nos deja esperando el bondi, yendo a pata a ningún lado. Un tipo se muere y 45 millones de personas nos quedamos solas para siempre. Así de absurdo es esto.

(*) Periodista. Integrante de la organización “El Mes del Diego”

 

 

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