Cómo fueron en Córdoba los días del regreso democrático

El 30 de octubre de 1983, Eduardo César Angeloz era electo gobernador y Ramón Bautista Mestre, intendente. Córdoba, intervenida desde el año 1974, recuperaba definitivamente su senda democrática.
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A 37 AÑOS DE LAS ELECCIONES DE 1983

“Fue como un volver a vivir”. Con esas palabras, Jorge Sappia resume las sensaciones que lo embargaron durante los tiempos en que Córdoba volvía a emprender su camino por la senda democrática, en aquel domingo 30 de octubre en el que la democracia se instalaba definitivamente en la Argentina.

Los años que quedaban atrás habían sido los más duros, violentos y oscuros de la historia nacional. La guerra perdida y la crisis económica sirvieron para arrancarle a la dictadura el poco crédito que le quedaba después de masacrar a su propio pueblo y dejar el país al borde de la quiebra. Las complicidades que quedaban se fueron terminando, ya todo el mundo sabía qué era lo que significaba la palabra “desparecido”, en la calle se hablaba de las fosas comunes y los centros de detención clandestinos. En las manifestaciones populares, que comenzaban a ser también políticas y partidarias, se pedía abiertamente “paredón para los milicos”. 

“Fue una bocanada de aire puro. De repente, estábamos participando de un hecho democrático, que la dictadura había abolido por completo. Ese momento histórico se coronó con la llegada de Raúl Alfonsín a la Presidencia, que se encargó de trabajar para dejar en claro que la vuelta a la democracia era absoluta. Sin ningún tipo de resquebrajamiento”, recuerda Sappia que, en diálogo con La Nueva Mañana.

Según el dirigente que luego sería ministro de Trabajo de la Provincia, la Córdoba de octubre de 1983 mostraba una ciudad regresando a sus épocas más importantes. “En los sesenta había una Córdoba pujante que empezó a resquebrajarse con la dictadura de Onganía. El poder votar y expresarnos políticamente nos hacía sentir como si estuviésemos volviendo a la Córdoba de la Reforma Universitaria. En algunos conceptos habíamos experimentado un retroceso total y el retorno democrática nos permitió zafar de esa especie de corset que se había puesto la ciudad”, recuerda el hoy titular de la Convención Nacional de UCR. 

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Jorge Sappia (titular de la Convención Nacional de UCR):  “Fue una bocanada de aire. De repente, estábamos participando de un hecho democrático, que la dictadura había abolido por completo.

El despertar de “los hijos de la dictadura”

“La verdad es que fue un momento bastante caótico. Los jóvenes no sólo que no teníamos ninguna experiencia política sino que éramos auténticamente hijos de la dictadura. Habíamos sido criados en el miedo, nos habían enseñado que la política era algo malo y, encima, éramos la generación que había ido a pelear a la Guerra de Malvinas, muchos de nuestros amigos no habían vuelto”, recuerda Raúl “Dirty” Ortiz, el periodista que votó por primera vez aquel último domingo del octubre del 83, a los 21 años. 

En su mirada de época, recientemente retratada en el libro Relato de una salto en alto (Vademecun - Rayosan Libros 2020), Ortiz relata que los para los más jóvenes, aquellos días se desandaban en un descubrir permanente. “Eran tiempos de deslumbrarse consumiendo todo lo que estaba prohibido. Todo lo que no habíamos podido ser durante la dictadura, lo fuimos de golpe en esos meses”, recuerda mientras su recapitulación se llena de anécdotas relacionadas con movilizaciones, manifestaciones públicas, cánticos y espasmos de filiación política. 

“Para los más jóvenes eso era algo inédito, no así para los más grandes que podían haber vivido algunas movilizaciones a comienzos de los setenta. El tema es que en Córdoba, ya en el 74 se había intervenido la Provincia, por lo que no eran siete años de prohibiciones, eran casi diez y eso se notaba. Fue como una válvula de escape. Había una conciencia de que algo que se había perdido se estaba recuperando”, recuerda Ortiz. 

Dirty Ortiz © ladesmesura
Raúl “Dirty” Ortiz (periodista): “Todo lo que no habíamos podido ser durante la dictadura, lo fuimos de golpe en esos meses”.

Alfonsín, Angeloz, Mestre: la combinación de una campaña tradicional y novedosa

“Tenía muchas expectativas y esperanzas puestas en la figura de Angeloz”, recuerda Sappia que rememora con La Nueva Mañana el momento en que, a comienzos de la campaña electoral, se cruzó con el dirigente riotercerense en las calles del barrio Nueva Córdoba. “He escuchado que ha andado enfermo. No te me vayas a enfermar que tengo puesta toda mi ilusión en el Pocho Gobernador”, recuerda haberle dicho el por entonces dirigente que apenas cruzaba la barrera de los 40 años y estaba por sumar a su alegría militante por las victorias de Alfonsín y Angeloz, el placer de que su amigo, Ramón Bautista Mestre, se convirtiese en Intendente de la capital provincial.

“Tres boletas tres”, es imposible olvidar ese slogan, recuerda Esteban Dómina. “Nos ganaron 3 a 0”, dice el militante peronista que pone su analítico ojo de historiador para recordar la forma novedosa que tomó la campaña electoral que marcó el regreso definitivo de la democracia en nuestro país. 

“La campaña de Alfonsín introdujo una serie de elementos que después se iban a instalar en la política argentina pero que hasta ese momento eran inéditos”, señala el ex concejal que recuerda, como dato destacado, que la elección de 1983 fue la primera en la que empezaron a tomar un rol protagónico las encuestas. “Antes eso no existía”, afirma. 

“El peronismo no había perdido elecciones y nos costó digerirlo”

Esteban Dómina
Esteban Dómina (ex concejal): “Teníamos muchas expectativas de poder ganar, el peronismo no había perdido elecciones, y la verdad es que nos costó digerirlo”.

Dómina tenía 31 años y evoca la noche del 30 de octubre de 1983 con cierto sabor amargo. “Teníamos muchas expectativas de poder ganar, el peronismo no había perdido elecciones, sobre todo a nivel nacional, y la verdad es que nos costó digerirlo”, rememora al contar que esperó los resultados junto a José Manuel De la Sota, que iba experimentar su primera derrota electoral al intentar convertirse en el jefe del Palacio 6 de Julio. El candidato a gobernador fue Raúl Bercovich Rodríguez, un peronista de vieja escuela. 

“Así como hubo una propuesta muy novedosa desde el lado de Alfonsín a la hora de pensar una estrategia capaz de convocar a los sectores medios, la campaña del peronismo fue muy tradicional”, dice Dómina. No obstante a eso, reconoce que esas formas que empujaron la victoria nacional de la UCR fueron las que impregnaron a la campaña cordobesa en la que el radicalismo se montó sobre su militancia más “tradicional” que, con una fuerte presencia de la juventud, apuntalaron la figura de Angeloz. 

“El Pocho era un líder de corte más clásico, por su formación y por trayectoria, entonces le impuso esa tónica a la campaña. No nos olvidemos que Córdoba estaba representada en la fórmula nacional con el compañero de fórmula de Alfonsín, que fue Víctor Martínez y que también tenía ese perfil más tradicional. Eso marca a las claras el peso que siempre tuvo Córdoba en el armado nacional del radicalismo”, señala el también ex ministro de Economía de la provincia, analizando en perspectiva los perfiles que se pusieron en juego en aquella primera elección de la post-dictadura.

  

 

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