Palabras prestadas 2019 - “La esperanza, lápiz de los pueblos” - Sueños 2020

Cultura 03/01/2020 Por Barbi Couto
Caminos de lectura del 2019, palabras prestadas de autoras y autores que nos arrimen al encuentro alrededor del fuego, a contarnos sueños y deseos para este 2020 que ya arrancó.
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- A partir de libros editados en 2019, tomamos palabras prestadas para transmitir nuestros deseos.

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Especial para La Nueva Mañana

Si hay algo que me emocionó a lo largo del 2019 fueron decenas de eventos donde la palabra puesta en voz, la lectura en voz alta, junto a la canción abrieron espacios de disfrute, de refugio, de ronda alrededor de la fogata, espacios de encuentro, de escucha, de entrega y de sueños. Desparramé en mi mesa grande decenas de libros que me acompañaron el año que pasó, ilustrados, historietas, ensayos, narrativa breve y novelas, (la gran mayoría publicados en 2019 y finales de 2018), y seleccioné algunos trozos para pedirles a sus autores palabras prestadas para esta idea-deseo que tengo para ofrecerles: que la esperanza en este 2020 nos rodee, nos impulse y nos encuentre en la palabra compartida como un pan.

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“Como un lapicito con la punta redondeada, la esperanza. La esperanza, atisbo de futuro trazando las historias que aunque viejas aún no fueron contadas debidamente. La esperanza, lápiz de los pueblos, pequeña luz de humanidad en la oscuridad de la hoja en blanco”. (Luciano Debanne en “20p”).

Copia de 20p-tapa-web
Caption



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“Hay para sembrar, para  hacer el pan, para la luna, para que llueva, para darse coraje, para decir secretos, para cantar alrededor del fuego dejándose acompañar por los improvisados ritmos del crepitar. Ah, las canciones fogata… Cuando llega una, de repente uno mira para adentro, muy hondo, y se confiesa, y a veces hasta llora, pero por cosas lindas. Son las canciones para compartir con los mejores amigos y cuando llegan no se olvidan jamás”. (“Las canciones”, de Mariana Rewerski, en Rampante Nº 6)

rampante 6



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“Una fogata a la luz de las / estrellas, donde contarnos / los cuentos que han dado forma / 

y sentido a nuestro andar, / antes de olvidarlo todo”. (Tod*s somos indi*s, de El Cometa Ludo)

todos somos indios

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“No es tan importante la caída en sí de las lágrimas / como el alivio. / Entonces sí, / estoy llorando / y es parte de nuestros días / ahora / esta pérdida. / El sol de otoño. / Las hojas amarillas. / Las caminatas largas. / Sí, / estoy llorando. / Ya se me va a pasar / y será parte de nuestro andar / nuestros días / y entenderemos tanto más / cuando miremos / hacia atrás”. (One day Un día. Un libro de vida y muerte, A book of life and death, de Alex Appella)

un libro un dia


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Fue un año duro, en general y también en el mundo editorial: la producción de libros en clave de resistencia, la crisis como un recordatorio constante del entorno. Hace tan solo unos días llegó el anuncio del Plan Nacional de Lecturas, del que pronto hablaremos en esta columna y que replicó la esperanza y la alegría en las redes de tanta gente. “Una que leamos todos” se replicó como título de cientos de posteos. Los libros y la lectura tendrán su protagónico otra vez en políticas públicas y es urgente que comprendamos que el trabajo debe ser entre todos. Somos protagonistas de este 2020 que llegará mejor si mejor lo hacemos juntos. Como dice Márgara Averbach en su saga “Historia de los Cuatro Rumbos”, que me ha conmovido en cada uno de sus tomos: ““Después de la destrucción, nunca hay descanso”, también dice “Los viajes son la vida”. Y 2020 será eso: un viaje, un trabajo de reconstrucción, un sueño compartido.

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“Tenés la risa de un río / y las piernas de la tormenta. / Llevás los sueños amontonados / en el canasto de tu bicicleta / y una estrella que le robaste al cielo / siempre en el bolsillo. / Me gusta tu risa de río, / me gustan tus tormentas. / Y quisiera vivir para siempre / en un cielo donde pueda verte correr”. (Namu, en “Cuando me transforme en río”, de Sofía Olguín)

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“Hace ocho días que viajo a bordo del Transiberiano y aprendí que para tomar vodka de un saque hay que exhalar aire antes. En la cabina, los asientos se hacen cama y los separa una mesa. La mesa perfecta para apoyar un libro o la computadora y mirar por la ventanilla. Debería ir con mayúsculas: MIRAR POR LA VENTANILLA. Es una de las principales ocupaciones de un viaje en tren. Ocurre todo el tiempo, a cualquier hora, con el propósito de hacerlo y también involuntariamente”. (“Hace ocho días”, de Carolina Reymúndez en “Verás cosas extraordinarias”).

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“Afuera el viento sigue soplando. La marea no baja. Adentro, letra a letra, llega la calma”. (Contracorriente, de María Wernicke)

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“¿Te cuento algo? Es acerca de la historia de tres chanchitas. Cierto día, así como en el cuento que habían leído tantas veces, les llegó el momento de partir. Antes de tomar cada una su camino, las chanchitas decidieron armar un plan para enfrentar al lobo. Es que ya lo veían venir”. (El Plan, Ethel Batista y Eva Mastrogiulio)

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“Animales que hablan, robots, seres extraños, superhéroes, monstruos, pilotos de avión, cazadores, dragones, niños valientes. Lo más normal del mundo ¿no?” (Prólogo de Diego Cortés en Pumbapá, antología de historieta infantil)

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“Del lado catártico de la identificación, las emociones de las cuales es capaz la literatura vienen en una cajita feliz: prefabricada por el autor, listas para el consumo; pero del otro lado, en la punta opuesta, contraidentificatoria, del lado de la producción, podríamos postular una suerte de ética artesanal de la afectividad lectora: una sensibilidad con respecto a la literatura que no viene del texto, del autor, sino de una práctica de lectura que construye, con esos materiales que eventual y efectivamente alguien provee, su propia sensibilidad”. “Contra los sentimientos”, en “La rosca y otros ensayos” de Matías Moscardi)

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“A través de la lectura, además, podéis descubrir algo muy importante para abriros camino en la vida. Y es esto: EL MUNDO NO TIENE POR QUÉ SER ASÍ. LAS COSAS PUEDEN SER DIFERENTES. La literatura de ficción puede mostraros un mundo diferente. Puede llevaros a lugares en los que nunca habéis estado. Una vez que habéis visitado otros mundos, al igual que las personas que han probado los frutos del País de las Hadas, no podéis sentiros satisfechos del todo con el mundo en el que habéis crecido. Y la insatisfacción es buena: la gente insatisfecha puede modificar y mejorar el mundo en el que vive, perfeccionarlo, cambiarlo”. (Por qué nuestro futuro depende de las bibliotecas, la lectura y los sueños, de Neil Gaiman en “La vista desde las últimas filas”).

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“Para los más pesimistas, las redes sociotécnicas son un símbolo del cautiverio: nos han convertido en rehenes, en presa fácil de la manipulación de los amos del sistema económico y político. Para los optimistas, en cambio, las redes nos sostienen, nos protegen de la caída como al trapecista, nos comunican y acortan distancias y tiempos. Ninguna de estas analogías, sin embargo, percibe a los fenómenos humanos como parte de la red. Pero el advenimiento de las redes, quizás, no sea la causa que explique nuestra situación actual, sino algo que debe ser explicado junto con esa situación. No estamos atrapados ni sostenidos por la red, somos un nudo en ella”. (Redes, en “Selva artificial, la vida entre las máquinas” de Darío Sandrone)

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Para cerrar esta columna, cuya intención fue nada más que convidar un momento breve de lectura, les dejo de obsequio un deseo: que podamos disfrutar las lecturas que el 2020 nos traiga con la capacidad de la memoria de los grandes lectores. Feliz Año para todos.

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“Un lector empedernido que disfruta una novela de 600 páginas, empieza a sospechar -en la página 300- que ya ha leído ese libro. Para verificarlo, lee un poco más. En la página 400 descarta esa posibilidad: la trama de los capítulos centrales le resulta totalmente inesperada. En la 500, tan absorbido por el drama y los personajes como por la forma y el estilo, se convence no solo de que jamás había leído esa novela, sino también de que nunca ha leído otra tan buena. Devora las últimas 100 páginas. En la última palabra (“relámpago”), el lector no solo reconoce que sí había leído antes esa novela, sino también que ya lo había hecho docenas de veces”. (“La memoria de los grandes lectores”, de Martín Cristal, en “Bosque bonsái”)

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